10 canciones para ‘haters’ de Bruce Springsteen

Bruce Springsteen es uno de los rockeros más amados por el público y, a la vez, uno de los que mas susceptibilidades suscita dentro del mundo del rock. Para la mayoría de su audiencia, Springsteen es un ídolo de masas con no menos de cuarenta o cincuenta canciones entre famosas e inmortales. Para los rockeros que han visto cómo, con el paso de las décadas, la fama del músico ha ido desbordando los límites del rock and roll, este fenómeno ha llevado a una antipatía ciertamente acentuada en algunos ámbitos: parece que no hay forma de ensalzar a otros artesanos como Tom Petty o Neil Young sin denostar, aunque sea de refilón, la obra del artista de New Jersey.

Más allá de gustos, lo cierto es que no ha habido ningún artista que haya sabido capturar el espíritu de los Estados Unidos mejor que él. Siguiendo la línea trazada por Woody Guthrie, Elvis, The Birds, Sam Cooke, Roy Orbison, Bob Dylan y The Band, Springsteen ha sido capaz de recoger el legado musical americano y sumarse a él. Para quienes creen que Bruce Springsteen es “Dancing in the dark” y “Born to run”, para los que se quedan en lo superficial del fenómeno de masas, o para los que creen que estamos ante un músico acomodado que vive de éxitos del pasado, van aquí diez temas, que podrían ser quince o veinte, para poder valorarlo desde otra perspectiva.

Adam raised a Cain (Darkness on the edge of town, 1978)

En uno de sus discos más populares, y entre himnos como “Badlands” o “The promised land”, Springsteen publicó uno de los temas más pesados de su carrera, tan melódico como cualquier otro pero el doble de potente. El músico siempre ha estado más cerca del rock and roll y del folk pero, en este tema, demuestra el amplio rango al que una invencible E Street podía llegar: hard rock pesado, casi febril, con unos guitarrazos afilados salidos agresivamente de sus manos.

American skin (41 shots) (High Hopes, 2014)

Un artista acomodado viviría de sus rentas. Le cantaría al amor, quizá a la vejez, y poco más. Sin embargo, cuando ha tocado mancharse las manos, Springsteen lo ha hecho mejor que nadie. Durante la gira de reunión con la E Street Band (1999-2000), varios policías asesinaron a Amadou Diallo, negro, en uno más de los numerosos episodios de violencia policial en Estados Unidos. A pesar de las presiones y amenazas de boicot por parte de la policía de Nueva York, “American skin (41 shots)” sonó una y otra vez durante la gira. En 2012, a raíz del asesinato de Trayvon Martin (también negro), la canción volvió a sonar con frecuencia en los repertorios de la E Street Band, y acabó incluyéndose en el disco High Hopes.

Roulette (Tracks, 1998)

Pocos músicos pueden decir que han compuesto más de cuatrocientas o quinientas canciones y que algunas de las mejores quedaron fuera de los discos para las que estaban escritas. En el caso de Bruce, algunos temas los regaló a gente como Patti Smith (“Because the night“) o Southside Johnny (“The fever“, “Talk to me”), y otros quedaron en un cajón por considerar que no encajaban en el rollo general del disco. “Roulette” es sólo una muestra de lo que era capaz de desdeñar: un hit en potencia que no vio oficialmente la luz hasta la publicación de la caja de inéditos Tracks.

 

Surprise, surprise (Working on a dream, 2009)

Para que nadie piense que todo lo que ha hecho Bruce es bueno, o que éste es el artículo de un fan incondicional, aquí va una de las canciones más infumables que el jefe ha compuesto en su extensa carrera. Si durante años dejó auténticos himnos fuera de sus discos, en los últimos tiempos el proceso ha ido invirtiéndose, con resultados tan inexplicables como éste. Un intento (fallido, por supuesto) de acercarse al pop minimalista al estilo Orbison que sólo funciona aquí como broma de mal gusto. El peor tema del peor disco de Springsteen.

Factory (Darkness on the edge of town, 1978)

Una de las críticas más recurrentes que se echan en cara al jefe es el haberse acomodado en su popularidad, ser abanderado hipócrita de una clase trabajadora con la que nunca tuvo mucho que ver. Sin embargo, pocos hay que tengan el coraje de mancharse las manos y de hablar sin tapujos de la realidad alienadora del mundo laboral. La balada gris “Factory” relata esa realidad, y durante las décadas que la han seguido la postura de su autor no ha cambiado demasiado: su penúltimo disco, Wrecking Ball (2012), continúa con esa línea de la que Bruce nunca se ha alejado por completo.

Kitty’s back (The wild, the innocent & the E Street shuffle, 1973)

Sobre esta canción nunca puede decirse suficiente. Oculta en uno de sus discos menos conocidos, esta obra maestra de más de siete minutos aglutina todo lo que Springsteen quiso ser, y mucho de lo que llegaría a ser. Múltiples cambios de ritmo, sección de vientos y teclas coloreando el ambiente, y un collage de imágenes que parece no terminar de tomar sentido. En medio de todos los focos, el jefe, practicando un estilo que nadie ha sabido aunar con la misma maestría, a caballo entre el soul de Sam Cooke y el rock and roll de Elvis. Una mezcla tan imposible como perfecta.

Nebraska (Nebraska, 1982)

La historia de Nebraska es más o menos conocida. Aislado en plena fiebre creativa, Springsteen grabó, de forma casera, varios temas que habrían de formar parte del nuevo disco con la E Street. Al ensayarlos con la banda, y descontento porque la crudeza de las imágenes se perdía en medio de la instrumentación, optó por publicarlo como un trabajo en solitario. ¿El resultado? Uno de los discos acústicos más impactantes del siglo XX, un puñado de historias sobre perdedores, buscavidas, y de gente que no ha sabido encontrar su lugar en un mundo profundamente enfermo.

How can a poor man stand such times and live? (We Shall Overcome, 2006)

La mejor manera de no equivocarse consiste en hacer día tras día lo mismo, sin asumir riesgos. En 2006, la Seeger Sessions Band (formada por músicos de folk ajenos a la E Street) publicó un homenaje a Pete Seeger. El resultado, muy diferente de lo que podía esperarse, no levantó las mismas pasiones que otros discos con su banda de toda la vida, pero volvió a demostrar la incandescente necesidad del músico por buscar nuevos horizontes. La canción del vídeo, “How can a poor man stand such times and live?” (¿Cómo puede un hombre pobre soportar estos tiempos y vivir?), es una muestra de ello: adaptando la canción protesta a los nuevos tiempos, Springsteen añade letra para dar voz a las miles de víctimas del Huracán Katrina.

My city of ruins (The Rising, 2002)

Cuando The rising fue publicado en 2002, se vendió como un álbum sobre el 11-S. Había en él, desde luego, mucho de eso, aunque también otras canciones menos relacionadas. En el caso de “My city of ruins”, la conexión con New York estaba servida. Sin embargo, la canción llevaba compuesta tiempo antes para su ciudad natal Asbury Park, que llevaba años de capa caída. El tema demuestra no sólo el arraigo comunitario del artista, a estas alturas fuera de duda, sino su habilidad para componer, tras treinta años de carrera, todo un himno de luto y salvación en clave de soul y gospel.

The ghost of Tom Joad (The ghost of Tom Joad, 1995)

Sin haber presumido demasiado de ello, Bruce pasó mucho tiempo de su vida adulta cultivándose en todo lo referente a la cultura norteamericana. Sus letras, llenas de imágenes que apelan al espíritu de una América nunca del todo conseguida, exploran los grandes temas tratados antes por Walt Whitman, Woody Guthrie o John Steinbeck. Basado en la obra maestra de este último, Las uvas de la ira, el músico emprendió en 1995 un proyecto solitario tomando como hilo al protagonista de la novela de Steinbeck. Las historias que contaba el disco, sin embargo, no se remontaban a la Gran Depresión, sino al drama inmigrante en la frontera con México. En busca de (más) nuevos retos, al disco le siguió una gira acompañado de su guitarra y su armónica. El tema fue regrabado en formato eléctrico, con Tom Morello como invitado especial en una versión espectacular que demuestra lo lejos que la E Street Band puede ir sobre un escenario.

Julen Figueras
Apasionado de la música, de la política, y todo lo que las atraviesa. Aunque el rock pueda con todo, disfruto tanto con el soul como con el blues, con el metal como con el pop. Abogado del diablo. Defensor de pleitos pobres. Todavía empeñado en encontrar esperanza en el rock y en la palabra como armas para la subversión.
Si no quema, no es arte.

También escribe sobre música y feminismo para Pikara Magazine.
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