La devaluación de la música: peor de lo imaginado

Que la música ha ido progresivamente perdiendo su valor es un hecho contrastado. Cuando hablamos de la caída de la industria discográfica y de la pérdida del valor de la música, el debate tiende a centrarse en uno o dos factores que aluden a las descargas o a las pobres condiciones que gigantes como Spotify imponen a los músicos a la hora de repartir royalties. En su fantástico artículo para Medium, el periodista musical Craig Havighurst analiza las que, para él, son las principales causas de la devaluación de la música, yendo mucho más allá de las clásicas (y fundadas) quejas de los autores que la sufren.

Estamos hablando del valor de la música no sólo como producto comercial (que se representa mediante su precio), sino en su valor como forma de arte, una concepción que, según Havighurst, se ha perdido en las últimas décadas. Aunque la lista que viene a continuación, traducida libremente del artículo original, está hecha pensando en el jazz y en la música clásica, sirve igualmente para el rock y, en general, cualquier género que escape de los tentáculos de lo mainstream.

Se acabó el contexto

Los ecosistemas musicales, empezando por el iTunes de Apple, han reducido las grabaciones a meras portadas de tamaño diminuto y a tres datos básicos: artista, canción, álbum. Aunque en el rock esto es difícil de notar por la preeminencia que se le da al autor por encima de otras consideraciones, sí es algo que ha enervado a muchos aficionados a la música clásica, ya que no permite etiquetar la música por compositor, director de la orquesta, solistas o conjuntos. Y, además, estas grabaciones están faltas de contexto. Si bien existen breves biografías de los artistas y compositores en muchos de estos servicios, los discos históricos se venden sin la información de los créditos o las liner notes tan comunes en cedés y elepés. Así, la cultura de fans basada en leer y asimilar todo eso ha perdido valor para los servicios y compañías digitales, sin percatarse de que lo que en realidad se pierde es a esos melómanos que añaden entusiasmo bien documentado a la cultura. Sin esta base de fans de la música, nuestra idea sobre su valor se ve forzosamente dañada.

La radio comercial

Para Havighurst, es imposible subestimar el cambio que la radio ha sufrido desde su explosión a mediados del siglo pasado hasta el modelo corporativo de las últimas tres décadas. Hemos pasado, dice, de una búsqueda de la musicalidad y el descubrimiento a la manipulación cínica de la demografía en pos del más insípido denominador común. Las playlist son ahora más cortas, con un puñado de singles que se repiten hasta la saciedad. Los DJs ya no escogen la música según su experiencia, ni crean una narrativa alrededor de la música que pinchan. Igual que pasa con las liner notes antes mencionadas, este proceso crea oyentes pasivos, reduce la dieta musical de la mayoría a unos cuantos éxitos producidos en masa.

Los medios

En los años 60, cuando Havighurst nació, las revistas de moda tomaban el arte en serio, cubriendo y promocionando talentos en toda clase de estilos musicales. Hacia el año 2000, sin embargo, las historias que aparecían en los medios empezaron a ser priorizadas por la importancia del tema. Así, cualquier historia que sirviera para descubrir nuevos artistas se veía eclipsada por las estrellas de turno. Los estudios de la industria (que miden ventas de discos y de entradas) pasaron a conformar la noticia. Ahora que todo se mide a base de clicks, esta tendencia se ha reforzado, institucionalizando una especie de caja de resonancia del pop, disuadiendo y echando por tierra cualquier intento de relacionarse con la música de otra manera.

itunes devaluación

Combinación multimedia

Algo que rara vez se tiene en cuenta y que tiene buena parte de responsabilidad en la devaluación de la música radica en la forma en que nuestra era está combinando la música con todas las opciones de entretenimiento restantes. iTunes dio el primer paso, haciendo de un programa para escuchar música toda una plataforma para ver películas, escuchar podcasts, jugar, descargar apps, etc. Esto es tanto un símbolo como una de las causas de la menguante importancia que se le da a la música en la masacre multimedia, como Havighurst le llama. Todo tipo de pantallas, avisos y luces nos distraen de escuchar música sin hacer nada más al mismo tiempo. El autor sugiere que la reciente moda del vinilo puede tener algo que ver con esa búsqueda de los melómanos por valorar la música como rito, usando un aparato que es sólo para escuchar música, sin distracciones.

Anti-intelectualismo

En su punto más controvertido, Havighurst asegura que, durante décadas, la música ha sido promovida y explicada en términos casi exclusivamente emocionales. La pregunta sobre la música es, entonces, cómo hace que te sientas. Sin embargo, la música como arte en occidente ha trascendido precisamente por esa deslumbrante combinación entre sentimientos e intelecto. La música como arte tiene relación con la matemática, con la arquitectura, con el simbolismo y con la filosofía. Temas, todos ellos, que han ido perdiendo peso en la sociedad y en los medios y, por tanto, así ha ido menguando la capacidad de la música para relacionarse con las humanidades. Para Havighurst, el hecho de que una mayoría de la sociedad se conforme con nada más que una parte de lo que la música puede ofrecer supone un misterio de consecuencias desastrosas.

Videojuegos y películas

Nuestra cultura escucha bastante música clásica o instrumental, pero ha sido desplazada desde las salas de conciertos hasta los videojuegos o las bandas sonoras. Por un lado, tiene que ver con la necesidad de jóvenes compositores de ganarse la vida, y así sucede que mucha buena música está compuesta para estos nuevos entornos. Pero, por otro lado, existe un efecto pernicioso en ese hilo musical siempre presente, y es que los universos de ideas, imaginarios y estados de ánimo han pasado a ser puro cliché. ¿Cómo va a apreciar un chaval la música de Shostakovich si ha estado escuchado sucedáneos de esa misma música en sus videojuegos? Esto es algo que Havighurst echa en falta en los debates y que necesita ser discutido, pues hace que nuestra capacidad de reaccionar ante expresiones artísticas genuinas quede enterrada frente a la sobreexposición como mera música de acompañamiento.

La música en las escuelas

La educación es el fin y el comienzo de todo. Como todo lenguaje, las reglas y estructuras de la música se absorben mejor cuanto más joven. Y, teniendo en cuenta que la música como materia escolar ha sido eliminada de buena parte de los colegios (Havighurst se refiere a los EE.UU., pero refleja una realidad no distinta en algunos países europeos como el nuestro), las capacidades musicales de los jóvenes ha ido en constante deterioro. La música, dice, hace a los chavales más inteligentes. Pero, sobre todo, la educación musical hace a los chavales más musicales. Quienes interiorizan la música, sus reglas y sus ritos a una temprana edad tiene muchas más papeletas para acabar acudiendo a conciertos y para desarrollar un oído que trascienda de la mera elección entre pop y pop.

 


 

Que las nuevas tecnologías suponen desafíos inciertos es un hecho incontestable. Pero vender la música como un producto que se fabrica en masa y se envasa al vacío está creando un impacto sobre la música que se va completamente de nuestras manos. Por eso, es necesario recuperar un sentido del valor de la música no (sólo) como precio ni como negocio, sino como bien cultural que vale la pena promover, preservar y defender.

Palabra de Rock
Palabra de Rock surge para poner sal en la herida que la música nos abre cada día. El rock es nuestra pasión, y una pasión requiere de compromiso.
Queremos un medio que no se conforme con hacer la vista gorda ante las miserias y grandezas del rock, sino que les hinque el diente, que las explote, que las aborde con seriedad y promueva el debate. Escribir sobre rock es también hacer rock, y el rock, como todo arte, no puede permitirse ser inofensivo.

2 comentarios en “La devaluación de la música: peor de lo imaginado

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