GALAXIA DEL ROCK: fin de un ciclo

PALABRA DE RADIO

La música es nuestra vida. Lo que nos acompaña desde que nacimos. Lo que me hace reír, llorar, cantar, bailar, saltar…lo que me anima y me enfada. Lo que está siempre a mi lado. Lo que me provoca amor y también odio pero nunca me falla. Música es sentimiento, emoción, pasión, recuerdos…

Y música es, para mí, Galaxia del Rock. Se convirtió en mi hábitat natural, mi hogar y mi refugio en miles de ocasiones. Hace que sienta magia a diario porque la radio es eso: magia. Encierra sensaciones que no se desprenden a través de ningún otro medio. Es directa y urgente. Hace volar tu imaginación y te lleva a mundos paralelos que creías inexistentes.

Y solo estás tú, no necesitas a nadie más. Alguien al otro lado y tú. Surge la conversación, ambas partes nos entendemos aunque, a veces, no estemos de acuerdo, y aprendemos el uno del otro. Y quedamos para el programa siguiente y la magia vuelve a flotar. El programa se convirtió en mi otro yo más cercano y secreto. Le cuento cosas que no me atrevería en ningún otro sitio y me desahogo, transparente. Es mi lado más sincero y honesto. Galaxia del Rock es uno de los mejores regalos que he podido encontrar.

Así que gracias, Jesus, y todos los que hayan estado por detrás. Por la comunicación más cercana que nos informó, entretuvo, acompañó pero sobre todo, enseñó. Directo, real, sencillo, sin complicaciones ni mentiras y pasa el tiempo y resulta que este también es real. Un ciclo pasa y otro llega con música, sonidos, sensaciones e imaginación así que nos vemos en Palabra de rock donde el poder inundará también la mente del que lea. Aunque tu voz no nos transporte convirtiéndote en amigo. Hemos convivido con el programa, nos hemos expresado, comunicado e interactúado entre todos. Una de las cosas que me apasionó del programa es la cercanía que transmite cuando te escuchamos, incluso cuando somos partícipes. Poder compartir con los que ya se han hecho muy buenos amigos mi punto de vista, las risas disfrazadas con mis compañeros y el aprendizaje con quien sabía ínfimamente más que yo. Nos enfadábamos todos juntos cuando se perdía la sintonía, incluso compartiendo noches de tormenta. No olvidaré cada lunes de programa enganchada. Algo te mantenía despierto. Ahí empezaba la magia de la radio. Cada noche era diferente, porque te dormías sorprendida descubriendo un nuevo grupo, una nueva canción o un nuevo personaje.

El programa nos guiñó un ojo y nos ofreció acercarnos, quedarnos sin entrar o pasar hasta el fondo y crear con él un espacio único, el más vibrante. Entendí que esa voz con sabor a rock and roll me haría sentir la grandeza de la radio. Habría que ver la radio vacía, el estudio con luz tenue y tú solo ante el micro hablándole a la ciudad.

Nos has enriquecido personalmente, hemos descubierto cantidad de opiniones diferentes a las tuyas y eso te ayuda a desarrollar la capacidad de entender al otro y, sobre todo, la escucha, que tanta falta hace. Escuchaba antes de opinar incluso, a veces, esperaba a que dijeras algo que estaba pensando en ese momento y ponías voz a mis pensamientos.

Tan solo queda desearte mucha satisfacción en tus proyectos más próximos y todos los que hemos estado ahí lo veamos juntos. Gracias por todo. Gracias a todos mis compañeros que han estado ahí hasta el último momento.

Patricia Miguez

 

Mantengo fresco en mi memoria el recuerdo de una fría noche de invierno, cuando, en un pub cualquiera de mi ciudad, Medina de Pomar, me presentaron a Juan Solana (regente de Radio Espinosa Merindades, radio local de reciente constitución en aquel momento, con ubicación en Espinosa de los Monteros). Charlábamos decididamente sobre proyectos para el futuro de la emisora, y me animé a comentarle que tenía un formato de programa de rock que podía ser interesante para las Merindades. Le expliqué cómo, en su desarrollo, el proyecto estaba planificado para ir perfeccionándose en sus puntos básicos durante los dos primeros años, presentando su estructura general y algunas ideas esenciales sobre su morfología (el boceto estaba previamente diseñado porque la idea había nacido para ejecutarse en una emisora de mi ciudad que, por la negativa de los permisos administrativos, nunca terminó de fructificar). Su réplica me dejó estupefacto. Sin ningún titubeo, habiéndome conocido escasos minutos antes y a altas horas de la madrugada, nos fuimos a conocer el centro de emisión. Me impresionaron los estudios por su capacidad técnica y modernidad. Cuando crucé el umbral de la puerta del cuarto del directo, recuerdo mirar alrededor, fijarme en la fría tecnología y sentir un deseo irrefrenable de sentarme delante del mando de operaciones. Mi entusiasmo me llevó a acomodarme delante del micrófono. Y, en ese momento, mi interior albergaba tal sensación de euforia que si, me hubieran dicho que estaban los micros abiertos y que me lanzara a la aventura, habría dejado en paños menores al mismísimo Joaquín Luqui. Así que cuando escuché “cuando quieras empiezas, todo a tu disposición”, a la vez que sorprendido, sentí cómo un sueño, que alimentaba desde hacía años, iba a poder convertirlo en realidad.

En el lejano 4 de abril del año 2010, con una mochila cargada de ilusiones y un gran desafío por delante, debutó un programa de radio bautizado como Galaxia del rock. En su idea inicial partió con algunos pilares fundamentales: un espacio dinámico, con mucha fuerza, que intentaba aunar elementos informativos con una pizca de humor. En cuanto a la locución, si el ritmo iba a ser un sello distintivo y, además, una de las apuestas era enganchar a las nuevas generaciones, pensé que la creación de un personaje podría determinar el éxito de la propuesta. Así, la presentación exagerada pasó a ser una de las principales señas de identidad. El programa, sin embargo, tuvo durante sus diferentes fases de evolución cambios significativos de estilos musicales, y terminé por darme cuenta de que me había convertido en esclavo de ese personaje: aunque el reto inicial de atraer a las nuevas generaciones cobraba fuerza, los seguidores de los nuevos estilos, del rock más clásico y los más expertos podían sentirlo como falta de seriedad. La decisión de continuidad, tras sopesar pros y contras, fue rotunda y sin posibilidad de dar marcha atrás.

Una parte primordial y símbolo identificable de todo programa de radio es su sintonía. Su objetivo en Galaxia del Rock era representar todos aquellos valores de fuerza y energía que emanan del rock. “Use me” de Hinder fue el tema elegido por su potencia y melodía; la mezcla perfecta entre lo clásico y lo moderno. En las primeras ediciones recuerdo con cariño cómo muchos oyentes me preguntaban por el nombre de la banda y título de la canción. Dos sentimientos enfrentados: lo que representará en mi recuerdo por ser el elemento vital de un programa que copó mi vida durante seis años y tres meses, y la casi repugnancia que me produce después de haberla escuchado obligadamente cientos de veces. Además de la sintonía, me propuse generar en el oyente un magnetismo hacia frases que repetí durante cada una de las ediciones. Expresiones como “volumen a tope y dispuesto a escuchar, no a oír”, “…cerramos como siempre con el padre de todos los trallazos”, o esa frase de despedida con “cuidaos mucho”, pretendían ser un espejo de identificación y sectarismo hacia el programa.

Durante la evolución del proyecto fui puliendo la voz, hasta dotarla de agresividad pero sin sonar tan exagerada. Recuerdo aún la cantidad de agua que tenía que beber para soportar el ahogo que me producía la adulteración. Se me llegaban a debilitar las cuerdas vocales y pasé el primer invierno ronco cada dos por tres. Costaba un mundo mantener el tipo ante el micro. Inicialmente, los estilos elegidos giraron en torno al hard rock, el rock melódico y el AOR. Después de las dos primeras temporadas, al lograr los retos de perfeccionar los aspectos técnicos habituales para que el programa sonara lo más profesional posible, llegó el momento de asumir nuevas motivaciones y darle una nueva dimensión. El reconocimiento al esfuerzo llegó con una inesperada entrevista publicada en la contraportada del periódico más importante de la provincia: el diario de Burgos.

galaxia burgos

También hubo pasos en falso. En su tercera temporada se estrenó “el baúl de las vanidades”, una sección que en su confección creí interesante y muy original. Consistía en ironizar sobre todas aquellas citas ingeniosas que las grandes estrellas del rock habían dejado para la posteridad, surgidas en sus cerebros soliviantados pasto de drogas y alcohol. Un reto que en la complejidad de su elaboración (aunque era un apartado participativo y tuve una valiosa ayuda de uno de los amigos del programa) tenía el riesgo de no dar con la tecla de las ironías y generaba un plus de esfuerzo. Además, como algunos escuchantes señalaron, el corte ralentizaba el ritmo, y eso me valió de coartada para excluirlo de la parrilla (solamente duró un año). Otro cambio significativo de ese periodo fue que, a los estilos habituales, sumé el modern rock; observando la evolución del programa era un estilo que tenía muchas papeletas para enganchar a un público más joven. En esa etapa también asumí el reto de las entrevistas. Tuve la suerte de contar con dos grandes figuras: la primera de corte internacional (Helge Engelke, guitarrista de Fair Warning) y la segunda nacional (Rafa Martin). Tengo que reconocer que esa búsqueda constante de perfección me causaba cierta irritación hasta llegar al agotamiento mental. Aunque considero que las entrevistas fueron serias y con bastante profundidad, su preparación me provocaban un esfuerzo desproporcionado. Mi propio nivel de exigencia empezaba a asfixiarme y terminé por desistir. Nunca consideré un fracaso no haber podido dar continuidad a ambas secciones, porque los resultados fueron del todo satisfactorios, pero sí tuve esa sensación de frustración por poner coto a seguir creciendo. Es posible que el hecho de no continuar progresando me acomodara en el “más de lo mismo” y fuera el principio del fin.

La entrada masiva en la red de nuevos programas me hizo tener la sensación de que casi todos, evidentemente con distintas señas de identidad, estábamos programando la misma música. En la cuarta temporada decidí abandonar el modern, reducir el AOR a la mínima expresión y girar hacia sonidos de bandas con reminiscencias 70s, así como hacia estilos como el blues rock, southern y el rock más clásico. Sin embargo, el hartazgo mental por el esfuerzo semanal empezaba a hacer mella, y al final de esa cuarta temporada hice la siguiente reflexión: si quería que Galaxia siguiera en el futuro tendría que haber cambios significativo: la búsqueda constante de esas bandas desconocidas con un mínimo de calidad, que sólo se podían escuchar en Galaxia, me hizo poner el listón tan alto que fui víctima de mi propia pretensión, hasta llegar a la saturación. En el quinto año pasé a programar nuevas ediciones cada quince días (parecía ser el tiempo deseable para no agotarme por el esfuerzo que producía cada programa), pero estaba ya totalmente saturado. Terminaría siendo como la pescadilla que se muerde la cola: el esfuerzo que producían las nuevas motivaciones me retraían pero, a la vez, la comodidad de volver a repetir lo mismo me desmotivaba. Lo más importante era que me daba cuenta que no paladeaba la música, y no estaba dispuesto a correr el riesgo de perder mi pasión. Mi decisión de abandonar sólo estaba limitada por el deber moral hacia quien me había dado la oportunidad: estaba en plena creación de una nueva emisora en Miranda de Ebro, y ello me hizo desistir de la idea y comprometerme a darle mi apoyo por un año más. Año este último en el que estamos y en el que, siendo sincero, mi saturación es tan grande que voy descontando los programas con alivio y con el único objetivo de que llegue el día de mi despedida definitiva.

Y aquí me encuentro, tras mostrar la trayectoria de Galaxia con sus éxitos y frustraciones, despidiéndome de todos con espíritu nostálgico. No puedo olvidar que, a pesar de haber caído en barrena en los últimos años, he vivido grandes momentos. Los especiales de los oyentes en Navidades y en aniversarios, con todas esas sabias elecciones y muestra de sentimientos hacia ellas, siempre generaron un arraigo emocional hacia el programa, a la vez que crecía en grandeza (ha sido un orgullo contar con gente de gusto tan exquisito). Agradezco de forma sincera todas las muestras recibidas de cariño por todos aquellos que han seguido con entusiasmo un programa que nació para fomentar los valores del rock. Continuamente he dicho que el reto y todo el esfuerzo empleado han merecido la pena. Siempre he mantenido una ilusión: si un solo chaval me parara por la calle y me dijera que, gracias al programa, había llegado a descubrir una de sus pasiones, entonces el objetivo se habría cumplido.

Por el camino quedan algunas anécdotas que quedarán para siempre en mi corazón. Entrar en un bar y escuchar a alguien de 60 años imitarte (aunque seguramente fuera en modo de burla). Algún acérrimo seguidor, desde el programa uno, al que escuchas recitar de memoria todas mis palabras, sin faltar ni una sola, en el cierre del Sweden Rock Festival con Guns N’ Roses (me llegó a decir que escuchaba hasta las repeticiones y memorizaba mis comentarios). O aquel chaval de 12 años, en un concierto en un pub, al que me presentó su madre porque me escuchaba todos los lunes. Cuando le dijo “este es Jesús Mujico, el de los lunes”, se me quedó mirando y lo negaba avergonzado con la cabeza: no podía creerlo, seguramente porque pensaría que tendría melenas, o porque me hubiera imaginado más joven. Me acerqué a su oído y le susurré con las palabras que siempre empiezo “Bueeenas noches hermanos!”, miró a su madre con una sonrisa y le asintió con la cabeza. Hablar con aquel niño y conocer que lo que más le gustaba eran las baladas me dejó no sólo de piedra, sino con ese sentimiento de orgullo del que cree que va por el camino correcto. Y docenas de otras anécdotas que siempre recordaré como el mayor de mis tesoros. Si algo me ha obsequiado Galaxia es un pozo de recuerdos sin fondo que jamás podré olvidar.

galaxia logo

Finalmente, mis palabras de agradecimiento a todos aquellos que han formado parte de esta familia llamada Galaxia. En muchos de los casos he tenido la suerte de conocerles en persona. Algunos de ellos han pasado incluso, de una u otra forma, a formar parte importante de mi vida. No daré nombres, porque seguro que me olvidaría de algunos, pero ellos saben quiénes son. Seguro que durante un tiempo todos los asiduos echaremos en falta esas noches de los lunes que nos llenaban con grandes canciones. Pero nada es eterno. En un mundo en el que todo pasa demasiado deprisa, somos conscientes de que todo se olvida como si no hubiera existido. Nacimos un día 4 y moriremos, casualmente, también un día 4 (de julio). En su significado numerológico, se dice que tiene un fuerte sentido de los valores y de lucha contra los límites. Siempre he querido transmitir, acertada o equivocadamente, todos aquellos valores que atesora el rock. Y, siendo honesto conmigo mismo y anteponiendo mi independencia, mi lucha ha sido continua contra todas sus miserias. Galaxia llega a su final, pero el rock continúa, y quienes me conocen saben que seguiré al pie de del cañón. Este es el final de un ciclo, pero llegan otros. El futuro siempre ofrece nuevos retos y estoy dispuesto a asumirlos. El fallecido músico argentino Gustavo Cerati, en una canción suya, decía: poder decir adiós es crecer“. Aunque sea un adiós definitivo, el final del programa sólo es un punto y seguido en mí paso por el rock; mi compromiso es eterno y, simplemente, este adiós es la antesala de nuevas motivaciones para seguir creciendo. ¡Hasta siempre!

*Puedes escuchar el último programa de Galaxia del Rock aquí.

Jesús Mujico
Catedrático en ignorancia pero con una inmensa capacidad para enmascararlo, nace con un tercer pulmón llamado Rock y la distorsión de unas notas de guitarra eléctrica son su oxígeno. Todo lo que rodea al negocio y la complacencia de sus seguidores son su anhídrido carbónico. Su deporte favorito: tiro a las conciencias. Dada su pasión y visceralidad pocas veces da en la diana, pero suele dejar daños colaterales.

Hasta su despedida en julio de 2016, se le ha podido escuchar en radio, en su programa Galaxia del Rock: Una modesta escuela de rockeros del mañana.
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Un comentario en “GALAXIA DEL ROCK: fin de un ciclo

  1. Hola !
    Joer es una pena q lo hayas tenido q dejar … He leído el artículo y he comprendido muy bien los motivos .
    Yo también soy bastante perfeccionista y detallista y al final es muy cierto q te acaba pasando factura .
    Conocí tu programa cuando se emitía los viernes , creo q igual eran los comienzos y posteriores etapas … . Lo descubrí porque iba casi todos los fines de semana a un pueblecito cerca de medina y oía esa emisora … (vivia en bilbao) , pero habia findes q subia el sábado , hasta q en una ocasión q subí en viernes coincidió q lo escuché … A partir de ahí casi nunca me lo perdia , lo intentaba escuchar todos los viernes . Luego ya le perdí un poco la pista … me di cuenta q lo habían cambiado a los lunes … ya me era imposible escucharlo en directo , asi q pasé a escucharlo por internet o en los podcasts . Y ahora me entero q ya no se emite … muy triste noticia porque por desgracia hay muy poquitos programas q dediquen un pequeño espacio de su programación al mundo del rock …
    Podría seguir escribendo al respecto del programa , pero tampoco quiero extenderme … Decir q sigo subiendo casi todos los findes y oyendo la emisora de vez en cuando , eso no ha cambiado … pero por desgracia ha cambiado q ya no existe el buen programa de Galaxia del Rock …
    En fin , espero q te vayan bien las cosas , y q si es posible q se te pueda volver a oir en la radio en un futuro .
    Gracias de verdad por el aporte cultural q nos has dado en este tiempo .
    Gracias .

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