SADLER VADEN – Sadler Vaden: sin riesgo no hay nirvana

sadler vadenSi bien es cierto que la música es un medio de expresión de emociones, su profusión de sonidos, dependiendo de su objetivo, puede producir otro tipo de respuestas. Algunas melodías encuentran la relajación de quienes temen una acción como subir en un ascensor a grandes alturas, o la intranquilidad que se produce en la sala de espera del dentista. Para la consecución del relax se manejan canciones con determinados requisitos que no generan atracción en su escucha, simplemente forman parte de una atmósfera agradable. Están también esos soniquetes de hilo musical que te permiten trabajar sin ninguna distracción y que, curiosamente, sólo se perciben durante su ausencia. O los ritmos estudiados para atrapar al consumidor a comprar compulsivamente. Todos estos sonidos, y algunos otros con otras pretensiones, tienen una peculiar característica en común: la atención que se le dedica es casi nula. Se oye pero no se escucha. Oír es una acción pasiva; escuchar es oír más interpretar, y requiere un esfuerzo mental. Sin embargo, aquellas músicas que nacen con la intención de transmitir sensaciones, y ganarse el derecho a ser escuchadas con los cincos sentidos, no siempre consiguen su propósito. Sadler Vaden, aun jugando con las cartas marcadas por su talento y virtuosismo, parece el típico tahúr conservador que ganó algunas manos pero perdió la partida.

Nuestro protagonista es un músico americano con una trayectoria mínima pero lo suficientemente fructífera como para reclamar nuestra atención. En el año 2011, su voz y mando (además de sus habilidades como guitarrista) le abrieron las puertas de la banda Drivin’ n’ Cryin’. Ahora, Sadler Vaden ha publicado un segundo trabajo en solitario a través de medios digitales, con una propuesta musical que navega entre el power pop americano de los primeros 70’s, el rock con raíces folk y las melodías pop/rock con nervio. Enclava su vitalismo en su alma clásica, y parece jactarse de encontrar equilibrio con instrumentistas especializados donde él es el único timón: en, “Radio Road”, su primer trabajo publicado en el año 2012, tocó absolutamente todos los instrumentos. En éste, en cambio, ha contado con la ayuda del guitarrista Audley Freed (The Black Crowes, Cry of Love) y el productor de grammy Paul Ebersold. Si el primero ha espesado la textura de las guitarras, el segundo ha sido fundamental para significar un sonido que ha redondeado un trabajo desigual.

El homónimo segundo disco de Sadler Vaden queda partido en dos conceptos dispares que transmiten dos reflexiones bien diferenciadas. Por un lado, cuando su música pretende trasladar la fuerza del power pop de los 70’s, su voz de satén y sin cambio de registros perjudica al conjunto del álbum, hasta dar esa sensación de poco riesgo y convertirse en música gore tex (las gotas de las notas se resbalan por la melodía sin calar, sin traspasar, hasta llegar a difuminarse). Cualquier desinteresado en música, al escucharlo en nuestro coche, nos referiría: “qué música más bonita”. Afirmación cumplidora que a los más curtidos sólo les incita a pensar en su insipidez. Acaricia pero no araña. Suena bien pero no hace daño, no obliga a prestar atención. A veces es necesario transgredir, en vez de ser tan políticamente correcto, para dejar un estigma deslumbrante en el oyente. Incluso siendo un guitarrista de prestigio, no hay nada que destaque especialmente, tan sólo mínimos pasajes que no terminan de seducir ni ser convincentes. Argumentación que podemos constatar desde su corte inicial con “You can’t have it all”, que nos muestra el camino de melodías pop-rock con garra. Una primera declaración de intenciones que nos encauza a distinguir un trabajo hecho a mano, y a descubrir la claridad y la simpleza de sus armonías.

En esta primera parte no disimula su amor por Tom Petty, The Beatles o Neil Young, hasta marcar una transición por un camino más intimista con “Into the woods”, un medio tiempo que parece una metáfora a la oscuridad, recordándonos a bandas como Fleetwood Mac en sus canciones más espirituales. “Chamaleon” marca la verdadera cara de este artista: una canción en la que Vader sigue su instinto en cada nota, sin tratar de perseguir una estructura cerrada. Su rasgada y distorsionada guitarra nos sumerge en una melodía impasible capturando la mejor tradición del rock clásico, mientras las notas de piano le dan consistencia evocadora.

Este concepto contrasta con el de la segunda mitad del álbum, a partir de “Land of no refuge”, cuando su música se convierte en una barrera insalvable de sentimientos, de tiempos nostálgicos y momentos para la desesperación. Destaca el cierre, con “Creta”, que convierte una balada cristalina, con dos simples notas, en su verdadero yo como compositor. Por el camino dejamos una “End the road”, aparentemente inconexa en la primera escucha, con paradas sin fundamento, pero que, tras conocer la motivación del artista (inspirada, según sus palabras, en la muerte de sus padres), explica sus discontinuidades como un coger aire nostálgico y quedar en paz consigo mismo. Es en esta segunda parte donde la discreción queda entre grilletes y, con sus dramas y nostalgias, encontramos la libertad y la dirección más adecuada para su música. Cuando transmite sonidos evocadores, sus mensajes quedan reflejados de forma más brillante, y es cuando su voz particular es capaz de producir la chispa que enciende la llama.

Sadler Vaden ha construido un disco alrededor de diferentes conceptos que, seguro, obtendrá distintas respuestas. En los momentos más nostálgicos consigue emocionar y sus composiciones se convertirán en el lenguaje del alma. Cuando nos invita a melodías más enérgicas, su falta de aventura desemboca en unos sonidos disciplinados que lo mismo podría valer para tenerlo de sonsonete mientras planchamos como de hilo musical en una oficina. Si no existe el riesgo, si no se rompen moldes, si no quema, no incita a prestar atención. Sea como fuere, es un músico interesante que, dado su talento, en el futuro puede darnos grandes momentos musicales. Este disco está compuesto en su gran mayoría con corrección pero, para quien busca otra vuelta de tuerca a lo estándar y esperanza nuevas sensaciones, no es suficiente. En sus manos está traspasar esa barrera que se perfila entre la música que se oye y la música que se escucha.


Lo mejor: La satisfacción de descubrir un nuevo adalid que nos encomienda a un futuro esperanzador.
Lo peor: Su falta de riesgo le puede arrinconar en zona neutral.


 

Jesús Mujico
Catedrático en ignorancia pero con una inmensa capacidad para enmascararlo, nace con un tercer pulmón llamado Rock y la distorsión de unas notas de guitarra eléctrica son su oxígeno. Todo lo que rodea al negocio y la complacencia de sus seguidores son su anhídrido carbónico. Su deporte favorito: tiro a las conciencias. Dada su pasión y visceralidad pocas veces da en la diana, pero suele dejar daños colaterales.

Hasta su despedida en julio de 2016, se le ha podido escuchar en radio, en su programa Galaxia del Rock: Una modesta escuela de rockeros del mañana.
Jesús Mujico on Facebook

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

1 + 8 =

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.