BROTHER HAWK en Madrid: estirpe de caballo loco

Las circunstancias, como casi siempre, las menos idóneas. Un miércoles a las diez de la noche, un retraso que hizo las diez acabaran en once, una sala de dimensiones y prestaciones para bandas noveles, y una asistencia de buenos pero pocos. Todo en contra y, sin embargo, el concierto de Brother Hawk en la sala Fun House de Madrid fue tan bueno como cabía ensoñar. 

De quien tiene como casa la parte trasera de una furgoneta o el colchón de un motel, las tablas se presuponen y se demuestran en cada nuevo bolo. Brother Hawk viven sobre un escenario, y lo que vimos esas veinte almas no fue más que un pedazo de una historia que repiten cada noche: montar, enchufar, afinar, y empezar a volar. Presentando Big medicine, un disco que salió de la nada y que costará olvidar, la banda norteamericana cruzó el Atlántico para recorrer salas europeas en una gira que los sacará de pobres pero que ha calentado nuestros oídos hasta la primavera. 

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Brother Hawk han nacido para el directo y probaron que, no importa lo adversas que puedan ser circunstancias, siempre dan lo mejor de sí cuando hay público delante. Sin desvirtuar ni una sola de las notas que ya emocionan en disco, la actuación viva del cuarteto de Atlanta llega al trance de un ritual. Porque, cuando la guitarra empieza a sonar, todo se para alrededor.

Arrancan unos acordes suaves, se calla el murmullo, y confirman que, de ahí, todo va a ir a más. Los solos golpean, J.D Brisendine aúlla, los platos sacan chispas. El teclado se convierte en el instrumento maravilloso sin el que los Hawk quedarían huérfanos, como si de los dedos de Nick Johns dependiera el color de unas canciones concebidas para guitarra

Y, entonces, cuando parece que nada puede mejorarse, las canciones elevan la intensidad, y la banda se escapa a un universo paralelo: construyen un muro de sonido infranqueable; y también crean uno de cristal, entre el público que admira y la banda que vuela a su aire, como si no hubiese nadie más alrededor. Todo se vuelve más salvaje, como una reencarnación depurada de los Crazy Horse a los que emularon en la indispensable “Cortez the Killer“, una versión que bien pudo haber mejorado a la original.

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Pero éste no iba a ser un concierto de versiones, sino de material original en el que probarían tener un fondo de armario suficiente como para completar un show bastante más largo del que nos regalaron. Sonaron los cortes más celebrados de su debut, brillaron “Scarlett” y “Ghosts” una vez que el sonido llegó a su punto óptimo (nunca perfecto, en realidad), y faltaron “Midnight in Tifton” y “Haywood heartache”. Constatamos que la certeza de su primer disparo no fue casualidad cuando presentaron dos canciones con tanto gancho como cualquiera de los pequeños himnos que conforman Big medicine: no habrá maldición de segundos discos para esta banda.

Nos habían dicho que les encanta mantener ese contacto con su público, que alguien se acerque y les diga lo mucho que les gusta su música, y eso mismo hicimos. Al acabar, saludos, agradecimientos en doble dirección (aún no es posible decir quién ganó más en el intercambio), firmas y fotos para hacer que el momento durara unos minutos más. El disco seguirá sonando en replay, pero la banda vuelve a casa y sabe a poco.

Un concierto en el que casi todo lo malo fue circunstancial, en el que se aprovecharon los setenta y cinco minutos al máximo, y al que le faltaron un par de bises más para satisfacer plenamente. Porque lo malo se pasa cuando lo bueno es tan bueno, Brother Hawk nos brindaron un concierto para no olvidar, si acaso para reeditar el año próximo, cuando nos dijeron que volverían. Estaremos ahí, y seremos más y mejores.

Julen Figueras
Apasionado de la música, de la política, y todo lo que las atraviesa. Aunque el rock pueda con todo, disfruto tanto con el soul como con el blues, con el metal como con el pop. Abogado del diablo. Defensor de pleitos pobres. Todavía empeñado en encontrar esperanza en el rock y en la palabra como armas para la subversión.
Si no quema, no es arte.

También escribe sobre música y feminismo para Pikara Magazine.
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