BOB STANLEY – Yeah! Yeah! Yeah!: una historia del pop…y del rock

¿Qué es exactamente el pop? Para mí, el pop engloba el rock, el rhythm and blues, el soul, el hip hop, el house, el techno, el heavy metal y el country. Si uno graba discos, sean sencillos o álbumes, y los promociona actuando en televisión o saliendo de gira, es que se dedica al pop. El pop requiere de un público al que el artista no conozca en persona. En dos palabras, todo lo que entra en las listas de éxitos es pop.

yeah-yeah-yeahHabrá quien rechace de plano las palabras de Bob Stanley en el capítulo que introduce su obra magna, que crea que el pop es música simplona, vendible y, por tanto, prescindible. Pero la historia del rock es también la historia del pop, y amar un género mientras se desprecia el otro nos obliga a dejar de lado muchísima riqueza musical. Esa riqueza es la que Stanley recoge, ensalza y muestra emocionado en Yeah! Yeah! Yeah!, un paseo largo por todos los géneros que, en mayor o menor medida, formaron parte de la cultura de masas del último siglo.

De Bob Stanley (músico en la banda Saint Etienne, crítico musical en varios medios y fan de todo lo que entra en los surcos de un vinilo) se dice que es uno de los mayores coleccionistas de música del mundo. Verdad o no, el conocimiento que derrocha a lo largo de Yeah! Yeah! Yeah! es el de un geólogo apasionado y empeñado en mostrar al mundo las bondades de la música de consumo rápido. No es un canto a la vacuidad, sino un intento de convencernos de que esa música que los esnobs de cada generación desprecian (porque si sale por la radio y si llena estadios tiene que ser despreciable) es en realidad arte tan válido como cualquier otro. Y mucho más divertido, además.

Con estilo sencillo pero firme, permitiéndose pullas o loas según apetencia, Stanley se embadurna de conceptos como «lo verdadero», «lo original», o «lo sincero». Analiza cómo éstos se entremezclan y conviven con otras realidades de las que normalmente se prefiere apartar los ojos: que la música es también negocio, que los hits se pueden fabricar si tienes talento, que existen figuras muy queridas que no hicieron mucho más que poner su cuerpo para ser manufacturado. Afirmaciones dolorosas e innegables, todas lanzadas de soslayo, de forma casual, para ilustrar los vaivenes de una industria que ha hecho mucho mal pero también mucho bien.

Aunque ameno, Yeah! Yeah! Yeah! es un libro para leer con tranquilidad para evitar el cansancio, empapándote de los nombres que van cayendo en sus hojas, con mucha música a mano (las listas de Spotify que alguien ha hecho vienen muy bien), y quizá con un bloc de notas en el que ir apuntando todo lo que no sabíamos que ignorábamos. Y, de lo que ya conocíamos, siempre hay momentos brillantes en los que pararse a gozar.

Hay capítulos magistrales, como el dedicado al AOR o a la British Invasion, otros más convencionales, y unos pocos que quedan francamente cojos, como el concerniente al heavy metal. Es lo que tiene abarcar tanto en tan poco espacio: setecientas páginas (y letra pequeña) son muchas o muy pocas; y en este caso, aunque se hagan largas, no puede decirse que sean suficientes para abordar una historia tan rica. Claro que…¿cuántos miles de páginas hubiesen hecho falta para semejante atrevimiento?

Sin pararse a distinguir excesivamente entre grano y paja, Stanley se regodea en los grandes nombres y en las notas a pie de página que aquí ocupan párrafos enteros; y no tiene inconveniente a la hora de dedicar un capítulo completo a The Rolling Stones, dos párrafos a Led Zeppelin y cuatro líneas a Queen. Así, de forma muchas veces controvertida, establece la importancia de cada estrella en función de filias y fobias personales tanto como de esas listas de éxitos anglosajonas que tan bien ilustran lo que sonaba en cada momento.

Por eso, aunque el subtítulo español asegure que se trata de “La historia del pop moderno”, Yeah! Yeah! Yeah! es más bien una historia de tantas, un relato discutible, personal, documentado pero que nunca busca la objetividad en un terreno en el que son los sentimientos los que trabajan y los que son conquistados. Más que trazar el camino iluminado que lleva al pop desde «Rock around the clock» hasta “Crazy in love«, Stanley trepa por las ramas de un árbol genealógico musical, donde se aprecian los pequeños parentescos, los cruces de caminos entre géneros que parecían ajenos, los productores que crearon un imperio desde la sombra.

En ese recorrido, Stanley pierde a veces el interés, pero es más por quien lee que por quien escribe. Al fin y al cabo, para un rockero, es imposible leer con el mismo entusiasmo un capítulo dedicado a Elvis que otro dedicado a la música electrónica de finales de los ochenta. No es problema, porqueYeah! Yeah! Yeah! es un libro que puede leerse de inicio a fin, a saltos, eligiendo algunos capítulos y desechando otros, en consultas puntuales, como guía o como historieta. Lo suficientemente versátil como para encandilar a cualquier amante de la música que no se tome las etiquetas demasiado en serio. La recompensa es grande.


Lo mejor: descubrir nombres, anécdotas y sonidos que ensanchan la mirada hasta los márgenes. 
Lo peor: la pérdida de pulso de la última parte, reflejo de la pérdida de pulso del pop de las últimas dos décadas.


Existen listas de Spotify como ésta para cada una de las partes del libro.

 

Julen Figueras
Apasionado de la música, de la política, y todo lo que las atraviesa. Aunque el rock pueda con todo, disfruto tanto con el soul como con el blues, con el metal como con el pop. Abogado del diablo. Defensor de pleitos pobres. Todavía empeñado en encontrar esperanza en el rock y en la palabra como armas para la subversión.
Si no quema, no es arte.

También escribe sobre música y feminismo para Pikara Magazine.
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