Rock de estadio: la máquina de exprimir fans sigue subiendo los precios

Hace unas semanas, la página satírica El Metal Today publicaba una noticia en la que se aseguraba que, para las entradas del Barcelona Rock Fest, sería posible pagar en metálico o con un riñón. Por absurdo que buscase ser el titular, la broma encerraba algo de una verdad que no deja de comentarse: los precios de los conciertos son cada año más altos, y no parece que la tendencia vaya a remitir.

Aunque las salas de conciertos de mediano y pequeño aforo se encuentran a menudo vacías, los grandes pabellones y estadios se llenan cada vez que alguna de las bandas consagradas del rock anuncia fecha. Y, al mismo tiempo, los precios siguen subiendo hasta límites insultantes. No es un caso aislado ni una sospecha sin base contrastable. Los datos, presentados de forma visual, hablan de la brutal realidad por sí solos.

 

Relación del precio de la entrada de pista por banda entre los años 1998-2017 (elaboración propia).
Relación del precio de la entrada de pista por banda entre los años 1998-2017 (elaboración propia).

 

La imagen superior muestra la progresión (casi siempre en ascenso) que han experimentado en España los precios de las entradas de pista en los últimos diecinueve años, salvo festivales. Bandas como Iron Maiden o Scorpions han pasado de cobrar algo menos de veinte euros (entre dos y tres mil pesetas del momento) a cobrar por encima de los setenta euros en el caso de los británicos.

Si bien cada grupo cuenta con sus propias circunstancias, reclamos y excusas por las que elevar el precio, lo cierto es que la tendencia se ha mantenido firme con independencia de despedidas (Scorpions, ¿The Rolling Stones?), reuniones (Guns N’ Roses, Judas Priest) o aniversarios (Iron Maiden). Las ocasiones especiales, más que excepciones, se han convertido en los pilares sobre los que la subida descarada de precios ha sido fabricada.

Precios imposibles para salarios irreales

Hablamos, así de subidas que doblan números anteriores y, en todo caso, de un fenómeno que no se corresponde con la realidad económica de nuestro país: el salario medio y el mínimo han permanecido más o menos estancados, y el coste de vida, reflejado en el Índice de Precios al Consumidor, sufre leves ascensos que, de forma acumulada, queda muy lejos del sobreprecio de estos conciertos.

Por no corresponderse, ni siquiera se corresponde con el precio que esas mismas entradas cuestan en otras partes de Europa. Así, por ejemplo, si las entradas de pista en la última visita de The Rolling Stones alcanzaban los 100€, la misma gira pasaba por un país de economía mucho más holgada como Suecia, con entradas a algo menos de 70€. De la misma forma, si el rango de precios para ver a Guns N’ Roses en 2017 oscila entre los 60-160€, los precios para verlos en la capital sueca no pasan de los 100€.

Plano y precios de The Rolling Stones en 2014: "es caro, pero hay que verlos al menos una vez en la vida..."
Plano y precios de The Rolling Stones en 2014: “es caro, pero hay que verlos al menos una vez en la vida…”

Exprimir fans: fenómeno generalizado

Los casos descritos aquí no son más que algunos de los ejemplos de bandas que, sin haber acumulado éxitos remarcables en los últimos lustros, han ido engordando el caché hasta el ahogo. Kiss, Aerosmith o Bob Dylan son otros de los nombres que, dando cada vez menos, cobran cada vez más. Este proceso no es una cuestión exclusiva del rock, sino más bien una extensión de lo que ha venido dándose en la música popular. Hace ya años que ver a Madonna, Julio Iglesias, Van Morrison o incluso a Raphael es una cosa para gente rica o con prioridades discutibles.

Tampoco se puede olvidar que, con la progresiva (re)popularización de estas bandas, se ha implementado con mano de hierro los gastos de gestión que antes no existían. Ahí van entre dos y diez euros de subida que, si miramos a la imagen del inicio, no se repercutían sobre la persona que compraba la entrada. Después de años de quejas y denuncias, habrá que conformarse con que no suban más esos costes.

En esta tendencia, no sorprende ya haber acabado dando por buena la instauración del “golden circle” (“black circle” para fans de Metallica, “entrada premium” para fans de The Rolling Stones). Para quien sea muy fan y tenga mucho dinero, el “golden circle” da la oportunidad de estar en las primeras filas sin tener que hacer cola: basta con pagar de más. Un sinsentido sólo comprensible si asumimos que los macroconciertos son máquinas de hacer dinero en donde el público importa más cuanto más paga.

¿Son las entradas de conciertos demasiado caras? Parece que no. Ninguna de estas bandas ha tenido problemas para llenar sus recintos (la última, Guns N’ Roses), independientemente del precio que haya que pagar. Demasiado goloso como para no atraer a especuladores y a multinacionales, dispuestos a inflar los números hasta la extenuación.

Pero la burbuja va a explotar más pronto que tarde, porque el modelo de negocio es insostenible. Ahora que los festivales de rock y metal se cuentan por decenas y los conciertos por centenares, va a empezar a hacer falta algo más que una campaña de marketing para mantener el abuso de fans con cabreo acumulado.

Julen Figueras
Apasionado de la música, de la política, y todo lo que las atraviesa. Aunque el rock pueda con todo, disfruto tanto con el soul como con el blues, con el metal como con el pop. Abogado del diablo. Defensor de pleitos pobres. Todavía empeñado en encontrar esperanza en el rock y en la palabra como armas para la subversión.
Si no quema, no es arte.

También escribe sobre música y feminismo para Pikara Magazine.
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2 comentarios en “Rock de estadio: la máquina de exprimir fans sigue subiendo los precios

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