MIKE OLDFIELD – Return to Ommadawn: retorno sin nostalgia

Llegarán las notas de prensa, los teaser promocionales de medio minuto, las noticias copiapegadas de agencia, la publicidad disfrazada de información. Se sucederán los reportajes, las entrevistas y las críticas (como ésta). Todas para decir que esta vez sí, Mike Oldfield vuelve a sus raíces con la publicación de Return to OmmadawnCuando la carrera de un músico tiene sobre los hombros más de veinte álbumes de estudio (además de algunas revisiones discutibles y un par de secuelas desafortunadas), nada en la creación de un nuevo disco resulta azaroso. El plan se ha diseñado al milímetro, desde el silencio que precede a las primeras ideas hasta el producto acabado esperando en las estanterías.

Desde que saltara la noticia a finales del pasado año, todas las piezas se han dispuesto cuidadosamente, sugiriendo los paralelismos que harían de Return to Ommadawn el retorno perfecto a la obra maestra de 1975: instrumentación, estructura, estado anímico. Si durante la producción del Ommadawn original murió su madre, su secuela viene marcada por el fallecimiento de su padre y el de su hijo. Se ha cambiado un paisaje idílico por otro (ya no vive en The Beacon, Gales, sino en las Bahamas), pero se mantiene el esqueleto del original en dos piezas extensas. Repiten papel muchos de los instrumentos originales, y hasta se han grabado con los mismos micrófonos.

Una amalgama de similitudes que, dispuestos en el orden adecuado, deben servir para repetir la magia de antaño. Lo que parecen haber olvidado músico, productores y asesores es que el elemento más importante de la obra, el propio Mike Oldfield, no es ya el mismo de hace cuarenta años.

En un momento en el que el negocio de la nostalgia está ahogando proyectos creativos con entidad propia, apelar a una obra maestra del rock progresivo como Ommadawn es una estrategia comercialmente hábil, pero artísticamente pobre. Toca, entonces, entrar en comparaciones que nunca se resolverán a favor de la obra recién amanecida, buscar puntos de enlace e inventarnos alguna narrativa que nos ayude a cerrar un círculo que no hacía falta reabrir.

¿Entonces, qué nos queda? Puede que a Oldfield no tuviera nada provechoso que añadir sobre su Ommadawn. Sin embargo, casi todo lo que puede decirse de esta secuela es bueno. Para empezar, es mejor que la mayoría de secuelas que salen a la luz, que suelen ser intentos tardíos de revivir algo frente a lo que palidecen. Es, sin ir más lejos, mejor que la segunda y tercera encarnación del mítico Tubular Bells.

Con Return to Ommadawn, no estamos, tal y como pretenden hacernos creer, ante un álbum que mire completamente a su época dorada. Hay, sí, signos inequívocos de que la inspiración llega de allá, pero también hay retazos de álbumes posteriores, desde Voyager hasta el infravalorado Music of the spheres, pasando por aquella delicia new age llamada The songs of distant earth. Es un disco más orgánico que aquéllos, intencionalmente poco depurado, que fluye como un riachuelo de corriente imperfecta, con sus rocas y sus arenas. Con sus tempos oscilantes, sus in crescendo y su bajo eléctrico dibujando hilos con los que tejer una historia épica. Un disco que aspira a ser y a parecer auténtico por medio de la imitación.

También es algo más simple que su primera parte, lo cual no significa que sea un disco simple. Todo lo contrario. En las alturas en las que Oldfield desempeña su arte, hasta los sonidos aparentemente sencillos guardan más secretos que la mayoría de música que sale hoy a la luz. Evoca siempre cosas más bellas que lo que podamos expresar con palabras, y dibuja paisajes que son ya parte de su mundo ensoñado.

Puede que ni la prensa más interesada pueda elevar el lanzamiento de Return to Ommadawn a categoría de acontecimiento, pero este nuevo álbum de Mike Oldfield es, con todas las reservas que puedan guardarse, un disco fabuloso. Un trabajo que se disfruta más cuanto más contexto podamos desbrozarle, y que puede que sea lo mejor que ha hecho el artista en décadas. Un álbum atemporal para nostálgicos por los que sí pasa el tiempo, y una pequeña joya que no admite juicios inmediatos a los que nuestra era nos ha acostumbrado.


Lo mejor: que es un disco con la suficiente entidad propia para ser disfrutado sin comparaciones.
Lo peor: el parecido irrazonable de algunos motivos de guitarra con “The voyager“.


Julen Figueras
Apasionado de la música, de la política, y todo lo que las atraviesa. Aunque el rock pueda con todo, disfruto tanto con el soul como con el blues, con el metal como con el pop. Abogado del diablo. Defensor de pleitos pobres. Todavía empeñado en encontrar esperanza en el rock y en la palabra como armas para la subversión.
Si no quema, no es arte.

También escribe sobre música y feminismo para Pikara Magazine.
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3 comentarios en “MIKE OLDFIELD – Return to Ommadawn: retorno sin nostalgia

  1. Tras este disco, me pregunto en los ultimos dias como han quedado los lla
    mados sucedáneos de Olfield ,es decir los R.R,Minimalia,Garo y otros tantos.Se ha demostrado por si habia alguna duda quién es el maestro y quienes los alumnos.
    Que opinaran sobre RTO? Los pobres habran quedado acomplejados.
    😊

    1. Pues concretamente, has mencionado a un músico, con el cual tengo el placer de poder conversar, y está igual de emocionado como yo mismo lo estoy, compartimos una frase en común, lágrimas en los ojos… Un saludo!

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