RYAN ADAMS – Prisoner: minimalismo sentimental

Prisoner es un disco minimalista. Parece lo propio, un hombre empequeñecido ante una divorcio y su correspondiente vuelta a empezar. Ryan Adams cuenta que escribió ochenta canciones. Hablamos entonces de un hombre reducido al que, en pleno bajón, le hervía el pozo de creatividad. Por suerte, hace tiempo que dejó de grabar todo lo que escribía en favor de la calidad media de su discografía, finalmente editando un Prisoner “básico” de doce canciones.

El minimalismo del que ha partido como idea base permite que todas estas canciones suenen en nuestros equipos lo más parecido a como lo hacen en su imaginación. La seguridad de Adams a la acústica y a la voz es el armazón de todas las canciones, tanto que hasta en los temas eléctricos se intuye su herramienta básica. El resto de elementos están tan economizados -la armónica de “Doomsday”, las percusiones programadas, el saxo de “Tightrope” o los teclados de “Shiver and shake”- que facilitan sobremanera centrar la atención en todo cuanto suena, apreciando cada arreglo y cada palabra que canta Adams, muy emocional éste en cada línea.

Pasado el impacto inicial de “Do you still love me”, un nuevo himno, encontramos una colección de cantos a una relación pasada a ritmos medios o lentos que no sorprenderán a los fans del despeinado. A tal paso, Adams entona toda clase de sentimientos que no desnudan en exceso su privacidad, pues no dejan de ser tan comunes como despertar cada mañana. En esta ocasión deja el despecho a un lado -ya disfrutó bastante con las letras de Swift en 1989– y se dedica a las frases que no dijo en su momento (“Doomsday”) o a recrear lo jodido que te puede dejar una ruptura difícil (“Shiver and shake”, “Haunted house”, “Breakdown”).

A empatizar con las historias ayudan el nombrado minimalismo y cada uno de esos detalles que enfatizan todo cuanto canta. El cantautor logra rebajarte a su nivel y sacarte recuerdos amargos; te hace sentirle cerca pidiendo abrazo. Se le da bien ser el chico triste y el momento era propicio, de ahí que las canciones, nunca más largas de cinco minutos, hayan quedado tan emotivas. Entre el reverb que inunda todo desde su homónimo de 2015, se palpa el cariño de autor y artesano, la pasión de un compositor en plena efervescencia emocional.

Si bien el resultado es ligeramente irregular -todas las piezas son apreciables y no hay nada colocado al azar, pero es difícil mantener el nivel de “Broken Anyway” o “Do you still love me”-, el conjunto deja mejores sensaciones a cada escucha; cuanta más atención recibe, mejor responde. Menos inmediato que los dos anteriores, con los mismos ecos ochenteros y lo suficientemente oscuro como para no sonar en una fiesta, Prisoner aguanta las escuchas como disco completo e íntimo que es, reafirmando de nuevo a Ryan Adams como la gran figura de autor a la que se le asocia desde los inicios de su carrera.


Lo mejor: las canciones, la producción y la madurez vocal Ryan.
Lo peor: que no mantenga el altísimo nivel a lo largo de todo el disco. Que no arriesgue demasiado.


Edgar Corleone
A la música le dedico la mayor parte de mi tiempo pero, aunque el rock me apasiona desde que recuerdo, no vivo sin cine ni series de televisión. Soy ingeniero informático y, cuando tengo un hueco, escribo sobre mis vicios.

Tres nombres: Pink Floyd, Led Zeppelin y Bruce Springsteen.

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