Una nueva esperanza: MORGAN en Madrid

Lo que esta banda ha ofrecido hoy en Joy Eslava se recordará. Nosotros, el público, haremos memoria añorando la timidez de Nina, cuya capacidad comunicativa mejorará en no mucho tiempo. Echaremos de menos su palabrería madrileña, la humildad y los pies en el suelo de una banda en pleno despegue. Su empeño en dar “pasos pequeños”, avanzar despacio “por el bien de las canciones”. O quizá nada de esto cambie. O quizá sólo recordemos lo esencial: la música, el silencio del público y Nina cogiendo aire con todas sus fuerzas para cantar “Volver” y repetir la última estrofa cuando los nervios se la jugaban.

La banda, por otra parte, grabará a fuego en su memoria lo que salió bien y lo que no en una noche decisiva, un concierto con todo el papel vendido, su pie en la luna tras un año de crecimiento acelerado. Llamadlo boca a boca, llamadlo calidad, llamadlo “el empujón de ‘Charo’”. Han llenado “la Joy” con un sólo disco editado en el que se dan la mano el soul, el pop, el rock y el gospel, con letras en inglés y de producción minimalista. Es algo que me alegra tanto como difícil de entender me resulta.

El sonido ha sido maravilloso, con todo en su sitio, desde los teclados a una guitarra que se llevaba el protagonismo como un secundario de lujo en una buena película. La voz de Nina, las coristas, los vientos a pleno rendimiento. No han dejado fuera ni uno de los arreglos que en disco tanta vida insuflan a estas canciones de autor, llevando todas ellas al escenario con honestidad e ímpetu, añadiendoles la dimensión orgánica que se requiere en directo con decisión.

Tampoco es un grupo que venda imagen. A su vocalista no le preocupa esconderse tras el piano durante la mayor parte del show. Tampoco guitarra o bajo buscan protagonismo escénico. El resto, en su sitio, sin aspavientos, sin poses. El conjunto busca la perfección musical, que todo suene en su sitio, fiel a lo que venden en plástico. Definitivamente, lo importante es la música.

Para quien se pregunte el porqué del título del texto, he aquí la respuesta: el público. Un público que esta noche quería escuchar música que no se baila, música que requiere atención, silencio y soledad. Un público que ha apagado el murmullo y los comentarios de los despistados al primer intento de levantar la voz, que ha permitido que la voz de Nina suene a capella sin balbuceos de fondo, que se ha emocionado mientras Quique González cantaba a dúo “cúrame tiempo; pasa para mí; sálvalos a ellos”, una inédita que deberían grabar cuanto antes. Un público joven, maduro, sin media de edad que valga, respetuoso, interesado, curioso, agradecido.

Esperanza para la música en directo, para bandas nuevas, para quienes hacen algo diferente, para quienes amamos los conciertos, para quienes odiamos que el de delante nos tape el escenario con su puto móvil. Sangre nueva.

Edgar Corleone
A la música le dedico la mayor parte de mi tiempo pero, aunque el rock me apasiona desde que recuerdo, no vivo sin cine ni series de televisión. Soy ingeniero informático y, cuando tengo un hueco, escribo sobre mis vicios.

Tres nombres: Pink Floyd, Led Zeppelin y Bruce Springsteen.
Entrada publicada en Encuentros.

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