Excentricidades entre camerinos

Debe de ser agotador viajar, vivir en hoteles, cambiar de ciudad. Artistas consagrados a hacer efectivo cualquier capricho en sus camerinos no dudan en mostrarnos sus extravagancias desde retretes nuevos, agua mineral para el baño o colores específicos de cierto chocolate.

Me apetecía indagar en cuáles son las manías de nuestros famosos. A algunos la fama les ha hecho perder un poco la cabeza y creen tener derecho a pedir todo lo que se les ocurra. Esa vida estresante que llevan les sirve de excusa, quieren sentirse como en casa (si es que la tienen) y eso incluye algunas rarezas.

Satén negro y plateado, paredes con póster de artistas favoritos como David Bowie, Queen o Elton John. Sofás de cuero blanco. Rosas de color lavanda. 24 horas de cocina abierta para sus antojos.
Un chasquido de dedos y el señor o la señorita tendrán el mundo a sus pies, “o no salgo a actuar”. De fondo, una multitud de 10.000 personas ruge en un pabellón abarrotado para ver a su ídolo. Y los pobres trabajadores de la promotora buscando por toda la ciudad y a las diez de la noche un caramelo con sabor a salmón y en forma triangular. ¡Hemos encontrado uno en forma de rombo! Lo siento: debe ser triangular. Así son las estrellas…

El camerino de Motörhead siempre tenía que estar bien provisto de cerveza, Jack Daniel’s, champán francés y tabaco rubio. Chocolatinas, patatas fritas, quesos, huevos duros y frutas. También exigían un total de setenta toallas que no soltaran pelusilla, y ocho pizzas familiares, para después del concierto.
Exclusivo para nuestro caprichoso Lemmy, tenía que haber un coche de lujo aparcado en la puerta del hotel, listo para ser utilizado a cualquier hora, así como una botella de oxígeno portátil, una tragaperras y, sobre todo y lo más importante, seis huevos de chocolate Kinder Sorpresa, comprados de forma individual y no en paquetes, para que hubiera más posibilidades de que el juguete del interior no saliera repetido.

Steven Tyler de Aerosmith exige llevar siempre consigo a su mascota, un cocodrilo de pequeñas dimensiones, para que lo acompañe en los tours. Un vicio más común es la difícil tarea de conseguir la cerveza favorita de Axl Rose, que ha de importarse de República Checa. O melón cuadrado, una especie rara exclusiva de China.

Bruce Springsteen y sus instrumentos: exige que haya una bombona de oxígeno para reanimarse después de un concierto o entre canción y canción. Antes de un concierto, hace afinar el piano a las 3, 6 y 9 de la noche. En su camerino tiene que haber Pepsi-Cola, Ginger Ale, 7-Up, zumos, café, cerveza, agua mineral, zumo de manzana sin azúcar, té, limones y miel. Durante sus giras, contrata a un vigilante 24 horas que no se despegue del lugar donde están sus guitarras.

Amy Windhouse, en su actuación del Rock in Rio de Lisboa en el 2008, pidió botellas de vino de 600 euros que la organización no pudo proporcionarle porque se salían de presupuesto. Antes de actuar pidió un esmalte de uñas rojo. Por suerte un grupo anterior pudo prestárselo. Metallica, por su parte, traen su propio chef, su cocina, su lavadora y secadora. Los Linkin Park dan bastante trabajo, porque cada alimento tiene que ser envuelto en celofán por separado, y los Red Hot Chili Peppers mandan quitar todos los muebles de los camerinos para traer su propia decoración zen.

The Rolling Stones son otros que llevan de cabeza a sus asistentes. Piden decenas de coches, varios camerinos detrás del escenario con refrigeración y baño, 600 toallas y, cómo no, litros exacerbados de alcohol. Llevan sus propios muebles para el backstage (incluyendo mesa de ping pong, pin-ball y videojuegos) y una sala de primeros auxilios.

Marilyn Manson pide cantidades inmensas de ositos de gominola. Coldplay: vodka, whisky, vino tinto y vino blanco (eso sí, que no sea Chardonnay). Otro capricho, exigen postales locales para enviar a sus hijos. Las exigencias de Motley Crüe son, a parte de las boas constrictor y ametralladoras falsas para sus espectáculos, un listado con todas las reuniones de alcohólicos anónimos que hay en las ciudades en las que tocan. Prefieren tener ayuda antes de caer en la tentación.

Slayer. Atención: 100 cabras blancas para una masacre (que esperamos que no hiciesen), paraguas a prueba de sangre (para la masacre, se supone), un esqueleto humano lleno de guindillas (por favor, que fuese de plástico) y, ¡lo mejor 50.000 abejas vivas! Todo sea por el espectáculo…

Ozzy Osbourne. Cambia los tiempos de alcohol y drogas por un doctor privado para que revise su estado de salud y le inyecte vitamina B12 en caso necesario, multitud de extintores de incendios, y tres tanques de oxígeno puro. El sueño de cualquier pensionista. Sólo le falta el dominó.

Una última petición. Se trata de la banda Van Halen: en sus camerinos deben tener M&M’s con especificación de no encontrar ninguno de color marrón.

A pesar del trabajo que conlleva tener a todos los artistas contentos, afirman ya no ser lo que era. Los camerinos antes olían a droga y ahora lo que quieren son zumos, yogures, leche de soja, fruta y salas para practicar yoga.

Todo circula alrededor de un mismo objetivo: el ser marionetas del consumo para satisfacer nuestras necesidades. Los consumidores somos todos y por ello estamos siempre esperando para seguir atrapados en este circulo vicioso, viéndonos en la obligación de esforzarnos más para obtener bienes. No necesitamos las cosas sino que nos manejan para ser los objetivos principales de las industrias.

Algunas solo se adquieren por capricho, deseo o tan solo por aparentar tener más que los demás. El ego y el poder de tener cómo adquirirlas hace que se marque la diferencia sobre los demás. Las personas cuanto más tienen deberían ser más felices, pero en nuestra sociedad se muestra que no somos más que títeres de las empresas y así la felicidad nunca se alcanzará, porque todos los días hay cambios y si hoy adquirimos algo mañana habrá otra necesidad primordial o por capricho.

Vivimos en una sociedad tan cambiante y sujeta al incremento de los productos y al deseo de ser y tener más que los demás…Deberíamos tener un poco más de tranquilidad y ser felices con lo que se tiene y menos ambición por el “yo más”.

Ser famoso, tener dinero y además artista en lo suyo, que gusta al gran público, lleva innato alardear de alguna excentricidad porque viven por ser la envidia del planeta. Se encargan de que en ellos proyectemos nuestras fantasías y de ser aquellos a los que nos gustaría imitar si tuviéramos tanta fama, tanto dinero y tanta aceptación pública.

¿Algún capricho que cubrir?

Patricia Miguez
Hablar es meterse en problemas, por eso prefiero escribir. Soy una de esas ediciones limitadas de sonrisa de lujo que ya no se llevan pero que lo puede todo. Individualista por convicción y, mientras todos quieren una vida normal, yo no.

Salir del mundo de las ideas e introducirme en el universo de las experiencias vitales. No busco influir pero me sentiré satisfecha si zarandeo. Iluminemos salas, rompamos hielo, acerquemos desconocidos y...¡a darle al play!

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