Los discos olvidados del 2016

Las listas que recogen lo mejor o lo peor de cada año son siempre caprichosas, y muchas veces injustas. Nuestro repaso al 2016 recogió veinte títulos a recordar, pero quedaron olvidados otros muchos a los que no les pudimos hacer tanto caso. Lanzamientos que no corrieron la misma suerte y que, en muchos casos, ya han perdido toda la atención del público. Aquí van diez de esos discos que toca reivindicar para devolverles algo de lo mucho que nos han dado.

Davy Knowles – Three miles from Avalon

El pasado 14 de octubre Davy Knowles nos presentó su segundo expediente discográfico en solitario. Grabado íntegramente en Chicago, la capital mundial del blues eléctrico proporcionó a nuestra estrella una panorámica de leyenda y le empujó a internarse creativamente sobre el género que siempre le apasionó: el enérgico blues rock de guitarra. El informe Three miles from Avalon nos descifra un enfoque hacia el destino que se esfuerza por alcanzar. El resultado nos marca unos sonidos más dinámicos y valientes que en su disco debut, pero con un regreso a lo básico y siempre con la sensación de sinceridad. No hay gomina que dé brillo pomposo, ni que aplaste y deje tiesa la melena musical. Sólo nos muestra rock honesto con notas que caen como pelos sobre la cabeza de forma natural. A veces, las notas de guitarra se lamentan; otras, su sensibilidad magnifica la pasión. Y es que no hay nada académico en este disco, todo es emoción. Y, sobre todo, el álbum manifiesta esa sensación de grabación en vivo donde se aprecia la verdadera dimensión del artista.

Albany Down – The outer reach

El tercer álbum de estudio de esta banda inglesa nos entrega tres titulares estelares: la perfecta fusión de sus componentes en una formación poderosa, la personalidad propia y un estilo blues rock con la mejor tradición británica. El título específico es The outer reach. Un trabajo muy dramático, basado en el concepto de atmósferas embriagadoras, de riffs penetrantes y sonidos estridentes, donde cada canción cautiva por su intencionalidad, y donde los músicos nunca rehúyen en su compromiso con la relación entre la musicalidad y el oyente. La mayoría de las bandas de rock de tintes blues, en una escena cada vez más concurrida, optan por guitarras borrosas y voces distorsionadas. El enfoque de Albany Dawn es totalmente el opuesto: los sonidos nítidos y las voces ajustadas marcan su hoja de ruta. La norma incondicional que perfila su trabajo es no renegar de sus influencias Purple, Zeppelin o Bad Company pero, al mismo tiempo, ir esculpiendo un sonido propio.

The Marcus King Band – The Marcus King band

Marcus y su formación tienen evidentes influencias de la leyenda Warren Haynes, quien ha producido su homónimo segundo álbum, lanzado el pasado mes de octubre por la escudería Fantasy Records. A su virtuoso guitarrista/vocalista/compositor y líder espiritual, que parece un curtido veterano dentro del cuerpo de un adolescente, la madurez como músico le lleva a estar muy influenciado por multitud de estilos. Aunque el blues sea fuente principal de inspiración, se encuentran también rasgos de soul, jazz y rock. Por su prematura edad, impresiona la forma con la que seduce su color de voz. La instrumentación de viento enriquece la música en términos de arreglos y estilo. Y las distintas fragancias, propagadas por unas composiciones heterogéneas, producen un olor contagioso. Así, el trabajo quedará marcado por unos postulados de difícil encasillamiento. Los mismos músicos lo definen como “rock sureño con matices psicodélicos influenciado por el soul”. Hasta al amante de la música más curtido, en su búsqueda de una etiqueta y ante la diversidad de sonidos que encontrará a su disposición, le generará cierta confusión.

Sari Schorr – A force of nature

El título del álbum debut de la americana Sari Schorr representa una primera declaración de intenciones: la profundidad emocional, la frescura, el vitalismo real y la intensidad vocal son los máximos protagonistas de esta fuerza de la naturaleza. Su voz es un volcán de ópera cuyos rasgos hipnóticos, potentes y melódicos son comparados a estrellas relevantes como Janis Joplin o Tina Turner. El trabajo mantiene la carga intensa de un estilo blues rock moderno que lo mismo podrá deleitar a sus fans más puristas como a los del classic rock. Tanto en canciones salidas del corazón como en las que van marcadas por una intensidad rock, la producción de Mike Vernon hace que la música respire y se pueda sentir la vibración de cada nota, de cada gemido, de cada golpeo…Sólo falta añadir, a lo impecable del diseño del disco, dos guitarristas colaboradores, Walter Trout y Oli Brown, con cuya cátedra magnifican una obra destinada a convertirse en una nueva pieza de museo.

Gary Hoey – Dust & bones

La discográfica Mascot Label Group (albergue de Walter Trout y Joe Bonamassa) ha completado una litera que tenía vacía con otro hacha de las seis cuerdas: Gary Hoey. Su vigésimo álbum, titulado Dust & bones, es una fusión exultante de blues y rock. Gary es un veterano manejando habilidades de toda una vida dedicado a la música. No pasarán desapercibidos los diseños de sus fraseos, ni los tonos al servicio del sentimiento de la canción. Así, su instrumento puede arremeter con intensidad salvaje en un tema, mientras la atmósfera del siguiente toca algo muy íntimo y dolorosamente hermoso que hará imposible no sentir tristeza. Lo más destacado es que las composiciones parecen representar un auténtico ambiente en vivo. Si te cautivan las canciones llenas de corazón y alma, con esa mezcla ardiente, orgánica y de pura emoción, este trabajo se convertirá en evidente necesidad.

Stolen Rhodes – Bend with the wind

Esta formación de Philadelphia, que ha publicado su tercer redondo de estudio, transita sin ningún miedo entre los huecos vacíos establecidos entre el rock sureño, el classic rock, el blues rock, y, en algunas atmósferas, el sonido country. El trabajo permuta con absoluta inteligencia entre los sonidos más abruptos y otros momentos de excitante sensualidad. En su conjunto las composiciones bien podrían haber surgido a mitad de los 70’s. Aunque sin ese sonido retro característico, y quedando perfectamente adornadas con el brillo contemporáneo. La fusión, en pequeñas dosis, entre guitarras eléctricas, el saxo o la armónica, marcan unas sensaciones sonoras simplemente deliciosas. A los fans de Bruce Springsteen, The Allman Brothers band o Stevie Ray Vaughan, y a los amantes del rock en general, aconsejo no perderse este disco que hará volar tu mente y magullar tu alma.

Boneyard Dog – Bluesbound train

El pasado 25 de noviembre la discográfica Aor Heaven lanza un nuevo proyecto de hard rock de corte blues, con unos músicos con pedigrí que sería deseable que se convirtiera en una banda real. El voceras Rob Mancini, el guitarrista Davy Kerrigan, y el bajista Neil Murray, se unen al batería Ron Wikso y el teclista Tony Carey, en uno de esos proyectos en el que en cada surco de cada canción encontramos la palabra experiencia. Es, precisamente, esa vieja escuela la que marca la regularidad de unos temas que a los que a cada escucha se le van descubriendo matices más profundos. La falta de originalidad queda compensada con la falta de debilidades, y la contundencia y la sabiduría de sus músicos al mezclar con éxito el blues rock con riffs tan melódicos abarcará a públicos de distintas sensibilidades.

Doyle Bramhall II – Rich man

En los últimos quince años, Doyle Bramhall II ha anotado tantas horas extras en su nómina que ha parecido un trabajador en huelga a la japonesa. Las colaboraciones con Eric Clapton, Sheryl Crow, Tedeschi Trucks o Roger Waters, han sido suficiente justificación como para tener en suspenso su propia carrera. Concord Records publicó, el pasado 30 de septiembre, Rich Man. Un proyecto ambicioso de manifiesta complejidad, tanto musical como emocional, que refleja tanto su experiencia como guitarrista para todas esas figuras consagradas, como el intenso recorrido espiritual que le llevó a trabajar por exóticos países africanos y asiáticos. Esa búsqueda de nuevos sonidos ha desembocado en un aprendizaje de otras culturas musicales que han influido de lleno en la grabación. Los más de 70 minutos del redondo abarcan muchos estilos -blues, soul, folk, funk (incluida instrumentación africana)-, y la larga duración de las canciones sorprende por su enfoque diverso. Las atmósferas dispares producen esa rara sensación de partir el trabajo en una parte experimental y otra más melódica, que es la que realmente destaca.

Cold Truth – Grindstone

Este cuarteto de Nashville nos presentan su tercer disco Grindstone. Un trabajo de hard rock y power blues en el que no encontraremos nada que no hayamos escuchado antes, pero su rendimiento es tan alto que emociona. Si bebes los vientos por sonidos de guitarra grasientos, energía diabólica, voces rasposas…sus doce pistas serán capaces de trasladarte a viajar en moto por la ruta 66, y acabarás en cualquier garito de carretera entre humo y whiskey. En un mundo musical perfecto, Cold truth grabarían discos anuales y sus giras llegarían hasta las Islas Caimán. Pero, desgraciadamente, en nuestro mundo sólo son la prueba perfecta de que la calidad siempre triunfa ante la cantidad. Lo bueno siempre se hace esperar. Cuando los músicos lo son de verdad, y las ideas son sólidas, siempre les identifica el rasgo más preciado: la honestidad. Dentro de unas décadas podremos comprobar si estas canciones suenan tan genocidas como en la actualidad.

Matt O’Ree Band – Brotherhood

Matt O’Ree, guitarrista experimentado de New Jersey y colaborador innecesario de las últimas giras de Bon Jovi, saca a la luz su cuarto trabajo en solitario titulado Brotherhood. Sus cimientos se fundamentan en el típico rock americano, con pilares del blues tradicional y cubierta de sonidos sureños. Un disco convincente donde no hay canción destacada. Y quizá sea esa regularidad, con esa falta del calor de unos hits que podrían eclipsar el resto de canciones, la que completa una dinámica inteligente con composiciones absolutamente a prueba de que el algodón no engaña. La mezcla heterogénea de las canciones genera nuevas expectativas a cada nueva escucha, donde el guitarrista esconde su principal virtud no manejando solos exuberantes sino a través de un estilismo fino sin límites, y donde el color de su voz se siente como reconocible pero sin llegar a excitar.


Jesús Mujico
Catedrático en ignorancia pero con una inmensa capacidad para enmascararlo, nace con un tercer pulmón llamado Rock y la distorsión de unas notas de guitarra eléctrica son su oxígeno. Todo lo que rodea al negocio y la complacencia de sus seguidores son su anhídrido carbónico. Su deporte favorito: tiro a las conciencias. Dada su pasión y visceralidad pocas veces da en la diana, pero suele dejar daños colaterales.

Hasta su despedida en julio de 2016, se le ha podido escuchar en radio, en su programa Galaxia del Rock: Una modesta escuela de rockeros del mañana.
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Entrada publicada en Juicios Injustos.

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