KALOS FESTIVAL: errores cargados al portador

Las redes sociales están echando humo de indignación por un nuevo despropósito protagonizado por las maniobras de los organizadores del KALOS (el nuevo festival de rock melódico que tendrá lugar el próximo 27 de mayo en la sala La Riviera de Madrid). Si semanas atrás habían recibido críticas durísimas por una normativa dictatorial que impedía salir de la sala durante el transcurso del evento (y que, dado el clamor popular, redujeron con un parche que no satisfacía a nadie pero que, en parte, paliaba el desaguisado), han vuelto a destapar la caja de los truenos con una medida vergonzosa que, por enésima vez, nos muestra que la búsqueda de los ingresos empresariales sin ningún tipo de escrúpulos está por encima del respeto hacia las personas. A falta de escasos días para el evento se ha tomado la medida de reducir el precio de la entrada a prácticamente la mitad. De los 64€ del coste inicial del ticket, quien haya tenido la precaución de no haberlo comprado anticipadamente va a tener “la suerte” de pagar 39€.

¿Y qué hacemos con todos aquellos que, ilusionados con este nuevo festival, pagaron su entrada anticipada? La filosofía tras el descuento por venta anticipada es premiar a los primeros compradores que, en teoría, sirven para cubrir los gastos mínimos. Con la artimaña de rebajar el precio a última hora, que con toda probabilidad se origina por la “obligación” de paliar las previsibles pérdidas, la idea queda prostituida porque se castiga a quienes planifican con tiempo (y que por su devoción hacia el cartel o al evento prefieren garantizar su entrada), y se premia al consumidor de ocasión de última hora. Actitudes que, en los últimos tiempos, se repiten con demasiada frecuencia y que algunos, con excesiva tolerancia, ventilan con un “es un negocio”.

Un negocio convertido en la pescadilla que se muerde la cola: cansados de las tomaduras de pelo, los fans acaban por comprar a última hora. Y, como no se venden tickets anticipados, el promotor no tiene paciencia para esperar a los últimos días y suspende el evento (por supuesto, no sin justificarlo de forma inverosímil). Lógicamente, ello genera daños colaterales a los pocos que mantienen este circo, con pérdidas de gastos de desplazamientos, hoteles, etc., y que, por supuesto, al promotor le resultan indiferentes. ¡Como es un negocio…! Para más inri, todavía tenemos que escuchar los lloros y lamentos, y abogamos por esa hipócrita e insulsa afirmación de “apoyar la escena” que solo pretende sensibilizar al escaso y sufridor público, y que, en sus comunicados, esta organización ya ha explotado de forma sibilina.

Apoya la escena, ven a Kalos

Explicaciones en el muro de Facebook

¿Qué significa para la organización de Kalos “apoyar la escena”? Quien asume un negocio debe de aceptar los riesgos. Y si no es así mejor que se dedique a otra cosa. Precisamente una de las razones por la que “nos hemos cargado la escena” es por actitudes como ésta. Y en muchos de los casos genera tal agotamiento y tal indignación que el pagano de turno termina por dar la espalda. Todos entendemos que esto es un negocio, pero cada uno tiene que asumir su parte de responsabilidad. Y, si las cosas no salen como se esperaba, es el momento de hacer autocrítica y aprender de los errores. Lo que no es de recibo es tirar balones fuera y agitar conciencias con palabras vanas. Está de moda culpabilizar al público por no presentarse a sus propuestas, y se ha convertido en un arma arrojadiza con la pretensión de enmascarar con nostalgia la única realidad: negocio puro y duro.

Y es que llueve sobre mojado. Situaciones como ésta se vivieron en las jornadas madrileñas al aire libre de 2014, cuando las entradas para el concierto que Chicago iba a dar fueron rebajadas en el último momento. Práctica que otras afamadas y adoradas promotoras, como RM Concerts, no han tenido problemas para llevar a cabo sin por ello dañar su prestigio. Ver a Vixen en la Santana 27 de Bilbao salió más barato para rezagados y más caro para previsores. Parece que, con tiempo, todo se olvida. Esa es una de las razones por las que seguiremos sufriendo estas tropelías: como, de vez en cuando, nos traen a nuestras bandas favoritas, a los cuatro días se olvida la indignación y volvemos a caer en la misma piedra. Es el mensaje que estamos transmitiendo: barra libre para que se vuelva a repetir una y otra vez.

Entre la inexperiencia, la negligencia y la mala fe

Por otra parte, parece incomprensible que una promotora a la que se le presupone experiencia incurra en tantos errores de partida. A juzgar por sus últimos comunicados, se podría pensar que ha sido la falta de experiencia, y no la mala fe, la que ha hecho que se vean sobrepasados por la situación. Sin embargo, su insistencia, remiendo tras remiendo, tampoco ayuda a darles el beneficio de la duda.

Cualquiera entiende que hay ciertas situaciones que pueden darse durante el transcurso del evento y que, en la mayoría de los casos, dependen de terceros subcontratados: seguridad, sonido, cumplimiento de horarios…Todo ello se puede pulir en siguientes ediciones, pero siempre partiendo de la premisa de la ilusión y del sentido común, y solventando escollos con honestidad. Los que llevamos años en este circo, conocemos las dificultades con las que se encuentra cualquier organización para que todo salga con normalidad. Ahora bien, si antes de abrir las puertas se intuyen síntomas de prácticas del hampa, y se manifiestan todos los “defectos” que ya hemos vivido en nuestro país con demasiada frecuencia, el fracaso está garantizado.

El cartel no lo es todo

Algunos miramos con envidia la práctica de los organizadores de eventos en otros países, en los que la contraprogramación, las luchas por imponerse en el mercado y los abusos al capital humano raramente suceden, porque saben que produce un efecto contrario. No parece tan complicado tomar como referencia la experiencia de festivales que demuestran que el éxito de un festival no está tanto en la excelencia del cartel, como en hacerte sentir que formas parte de una gran familia.

El aficionado al rock, en la práctica, lo es en pocas ocasiones. Y se trata de que ese día o días puedas vivir acorde con tu pasión. No sólo escuchando buena música en directo, sino compartiendo con el resto de gente la misma pasión. Ese es el verdadero éxito de un festival para que su público repita: crear la atmósfera propicia para que sea un lugar de reencuentro. Pero para ello es imprescindible dotar al evento de comodidad y buena praxis.

El cartel del Kalos Festival, todavía con Snakes in Paradise

Además, si analizamos de forma exhaustiva el cartel del Kalos, sorprende el riesgo asumido, no sólo por el escaso clamor popular que provocan este tipo de formaciones, sino porque tampoco parecen haberse tenido en cuenta acontecimientos programados para esas fechas. Que las bandas parezcan tener nombre para unos pocos (y colmen el gusto de algunos otros) no resulta necesariamente en un cartel atractivo. Y es por ello que sorprende la contratación de la sala La Riviera, con capacidad para más de dos mil personas y con el gasto de más que seguramente supone, para un evento que difícilmente puede atraer a más de 500 ó 600 personas. Para colmo de males, los exclusivos nórdicos Snakes in Paradise (una atractiva formación imposible de ver por los circuitos europeos y que colmaba las aspiraciones de quienes buscan rellenar el revólver de nuevas muescas), han dado una espantada de última hora. Una nueva anomalía que ha llevado a la organización a practicar la diplomacia con la duración de alguna de las bandas, mientras seguimos esperando un recambio de garantías (EDITADO: Snakes in Paradise han sido sustituidos por Atlas).

Todos somos responsables

Finalmente, no va a faltar un recuerdo y un tirón de orejas a todos aquellos que dicen defender la escena pero actúan con hipocresía galopante, y miran para otro lado cuando estas actitudes castigan a quienes verdaderamente sostienen el negocio. Sí, a los medios de comunicación y webs especializadas que promocionan estos eventos y que, conociendo estas prácticas abusivas, callan por las migajas de un trato favorable. ¿De verdad creemos que así avanzamos?

Un recuerdo también a todos aquellos que sólo protestan cuando les tocan en carnes pero que se aprovechan de la situación cuando el viento les sopla a favor. Como siempre, volveremos a caer una y otra vez en el error de indignarnos de palabra pero no tomar medidas serias de hecho, como no asistir a ningún evento que patrocine la promotora de turno. Tenemos aquí otro ejemplo de un nuevo salvador de la patria que, como es lícito, busca un rendimiento empresarial. Pero sus actitudes improcedentes lo han puesto al pie de los caballos, y de ellos depende rectificar para mantener su credibilidad.

Veremos, y es justo darle la oportunidad de corregir, si esta organización mueve ficha y da alguna explicación convincente (a la fecha, su único comunicado, alegando que el descuento se limitaba a cien entradas, ha sido interpretado por los afectados con cierta sorna). De lo contrario, RRS PROMO será añadida a la larga lista de promotoras que juegan con nuestros sueños y dignidad. Y, si es así, encontrará por parte de quien escribe una negativa de asistencia por respuesta, y se recordará a los cuatro vientos su trayectoria.

Jesús Mujico
Catedrático en ignorancia pero con una inmensa capacidad para enmascararlo, nace con un tercer pulmón llamado Rock y la distorsión de unas notas de guitarra eléctrica son su oxígeno. Todo lo que rodea al negocio y la complacencia de sus seguidores son su anhídrido carbónico. Su deporte favorito: tiro a las conciencias. Dada su pasión y visceralidad pocas veces da en la diana, pero suele dejar daños colaterales.

Hasta su despedida en julio de 2016, se le ha podido escuchar en radio, en su programa Galaxia del Rock: Una modesta escuela de rockeros del mañana.
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Entrada publicada en Inclinaciones.

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