SWEDEN ROCK FESTIVAL 2017: el viaje por la música

Esta relación amor odio que tú y yo tenemos, ¿de qué está mantenida? Supongo que lo vivo como un meet & greet privado. Muy privado. Tan privado que no puedo darte la espalda. Tu inventiva no tiene límites. Me sorprendes con Great King Rat, con Ratt; me enfadas con tantos otros. Y esa forma tan fácil de acusarte: lo que tú ofreces lo dan otros más cerca y más barato. ¿Compensa?

No, y aquí me tienes. Allá que voy. Porque la experiencia de viajar, sentir esa emoción al llegar, respirar aquel ambiente, ¡olerte! Tienes esa originalidad con que has ideado la manera de tener a tus fans bien felices y cerca. Para algún despistado que no lo conozca. De ahí sale, el Sweden Rock Festival. Un viaje de una semana, aunque puede variar según disposición porque el festival son cuatro días, pero aseguro que su localización y ofrecimiento es un paraíso terrenal.

Y esta relación amor odio que te quiero porque me quieres y te odio porque te quiero. Vivirte en directo, defenderte a capa y espada, escucharte a las tantas de la madrugada. La música, ella es, y no la Coca-cola, la chispa de la vida.

Cuando en 1992, ciertos amigos decidieron que el municipio sueco de Olofström (y más adelante Sölvesborg) podía ser un escenario idóneo para montar un festival sobre la música que tanto adoraban, adoran y adoramos todos nosotros, posiblemente no supieran lo que tal deseo acabaría desatando. Poco a poco, con el paso de los años y las ganancias ha ido creciendo hacia unas cotas impensables en sus primeros años de andadura hasta convertirse, sí o sí, digan lo que digan algunos, en uno de los mejores festivales de Europa y, por qué no, del mundo.

Aún a pesar de resultar un tanto pobre en un primer y rápido vistazo, si uno empieza a mirar con más detenimiento y se encuentra con Helix, Black Star Riders, Ian Hunter, Aerosmith, Kix, King’s X, Scorpions, Thunder, Carcass, Saxon, Venom, etc. etc. Pues como que tampoco pinta tan mal la cosa, precisamente. Vale que para los que únicamente gusten de exquisiteces semejante elenco de bandas no guarde demasiado atractivo, pero evidentemente para ello existen otros festivales.

Un evento que bien merece ser disfrutado al menos una vez en la vida

La primera jornada es ajetreada, estamos muy ocupados con todo el follón del desplazamiento, llegada al pueblo, viaje hacia aquí, viaje hacia allá, monta tienda, recoge pulseras, prepara todo y rumbo hacia el corazón del festival. Todo un complejo en donde se encuentran, además de los escenarios principales (Sweden Stage, Rock Stage, 4Sound, Festival Stage) otros más recogidos en forma de carpas donde disfrutamos a veces hasta sorprendernos. A su vez alberga el encantador poblado gourmet, en donde uno puede disfrutar de las comidas típicas de allí o aquí, así como de todo tipo de actos, desde actuaciones musicales acordes a semejante marco, como otro tipo de espectáculos, ya sean desde manejar un tractor a gritar en una cabina de teléfono antigua tipo londinense para medir los decibelios de tu garganta.

Plano del paraíso en la tierra

Mientras tanto, siempre recorremos todo esto junto a la mejor de las compañías que formamos todos los amigos que con el paso de los años allí nos hemos ido haciendo. Desde que entras comienzas a empaparte de la madre de todo eso: la música. Sumémosle la fauna que allí encontramos. Personajes divertidos, en su salsa, con buen rollo y mejores ganas sobre las tablas. Algún despiporre, hard rock, mucho público sueco y alcohol controlado entre los asistentes. Llegan momentos en que sigues vagamente, desde un césped cada vez más molido, clásicos aderezados orquestalmente a tono con versátiles trabajos.

Se cierran las actuaciones de cada día, lo que no significa que con ello la noche toque su fin. Hay que ser conscientes de que se deben dosificar las fuerzas, pero aquello es una fiesta que dura una semana así que continúa la música y la cerveza y sidra de pera. La celebración se prolonga en ciertas zonas hasta el amanecer. Estamos hablando de un evento que consta de 4 días. En el estreno, uno puede estar pletórico y aguantar lo inaguantable dado el calibre de lo que se avecina. Y la última jornada, pues eso, es la última. Hora de quemar todos los cartuchos y sacar fuerzas de donde no las hay porque la cosa se acaba. Así que hay que guardar energía para no desfallecer en el suspiro final. Pero claro, todo es echar un vistazo a lo que el cartel depara, y como que a lo de guardar fuerzas le acaban dando por el saco, y a base de bien además.

Si te distraes, toca correr como un poseso para llegar a alguno de los escenarios, y eso que tenemos quince minutos entre actuaciones, pero con tantas distracciones… O te da tiempo de sentarte o corre.
Comenzamos con la espera de saber si aquel cielo nos regalará calor. El último día se perfila complicado tras la soberana paliza a la que nuestros cuerpos están siendo sometidos en tan peculiar semana. Un par de horas más reposando en la tienda, ya con ésta abierta para no morir de asfixia y templar el ambiente. Derechos a la ducha, un bocata y rumbo hacia los últimos latidos que nos llamaban desde los escenarios, y no quedaba otra que acudir, como si de zombies se tratase, embriagados por el canto de unas sirenas.
Sienta tan bien esa temprana hora con buen sonido, buenas vistas del escenario, controlado bullicio y los primeros presentes aún desperezándose.

El Sweden Rock Festival es mucho más que un festival de Rock, es El Festival de esta música por excelencia, y no se queda sólo en sus conciertos. Es pasear durante cuatro días por su inmenso y trabajado complejo, degustar sus platos, ver sus espectáculos, sus puestos… es echar un vistazo hacia las carpas, es la fiesta del hard rock. Es ver un pueblo volcado en cuerpo y alma hacia el festival… son las excelentes medidas de seguridad de las que consta que hacen que entre tal multitud apenas se registren incidentes…La Meca de esta pasión que nos une, experiencia que en la medida que fuese posible, todos deberíamos catar al menos una vez en la vida. Desde luego que si lo viven, apetece repetir. Y mucho, además. Créanme que sí…


Puedes leer todas las noticias y artículos que hemos publicado sobre el Sweden Rock Festival aquí.

Patricia Miguez
Hablar es meterse en problemas, por eso prefiero escribir. Soy una de esas ediciones limitadas de sonrisa de lujo que ya no se llevan pero que lo puede todo. Individualista por convicción y, mientras todos quieren una vida normal, yo no.

Salir del mundo de las ideas e introducirme en el universo de las experiencias vitales. No busco influir pero me sentiré satisfecha si zarandeo. Iluminemos salas, rompamos hielo, acerquemos desconocidos y...¡a darle al play!

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