THE NIGHT FLIGHT ORCHESTRA – Amber Galactic: melodías a prueba de prejuicios

Por asociación interna y por sugestión externa, la música de The Night Flight Orchestra tiene algo de película mala. De ciencia ficción, a ser posible. De Ed Wood más que de Stanley Kubrick. Puede que sea porque los ochenta estuvieron repletos de cine que ahora sólo pasa el corte de la nostalgia, acompañado generalmente de una banda sonora que sólo a veces hacía justicia (por lo bajo) a las imágenes. Con esa idea en la cabeza, resulta difícil tomarse completamente en serio un producto como Amber Galactic, que está, por lo demás, cerca de la perfección.

Es posible que la temática y la estética que impregna el tercer álbum de The Night Flight Orchestra se preste al humor, pero el sexteto sueco se cree de verdad lo que pone en nuestros oídos. Una historia retrofuturista (sic) con distintas heroínas como personajes principales, un cuentecillo aparentemente extravagante para una música que es de todo menos convencional. La primera reacción es de resistencia ante semejante orgía sonora, pero, en cuanto la banda rompe tu escudo, no hay forma de no disfrutar.

Narrativamente, Amber Galactic es más parecido a un cómic de aventuras que a un disco de rock al uso. Muy interesados en contarnos cosas, las letras cantadas por Björn Strid nos quieren transportar a un mundo paralelo, sumergirnos en una experiencia que vaya más allá de la escucha distraída de un puñado de canciones. Naves, constelaciones, salvadoras de la humanidad. Desde los tonos verdes y morados de la portada, la sensación que predomina es la de estar ante viñetas descoloridas a las que le han puesto melodía de acompañamiento.

Musicalmente, el mundo de Amber Galactic es la mezcla imposible de dos galaxias sonoras. Está el rock de estadios, con sus riffs, su headbanging, su air guitar y sus chupas de cuero; y está la pista de baile, con su bola de espejos, sus hooks pegadizos y su aire festivo. Como si dos bandas con sus dos productores hubiesen trabajado en las salas contiguas de un estudio sobre demos similares, los dos mundos de The Night Flight Orchestra parecen ir cada uno a lo suyo. Son como agua y aceite, pero acaban por encajar como un guante.

Gracias a ese choque de trenes estilísticos, el nuevo disco del sexteto sueco suena a materia viva, a objeto volador en constante movimiento. Tirando de la máxima pop de no dejar ni un sólo resquicio sin explotar, los veloces cincuenta minutos de Amber Galactic están repletos de trucos sonoros, de riffs que suenan durante unos segundos para no volver a aparecer, grooves cambiantes y coros de agudeza punzante. El resultado está en diez cortes de entre cuatro y ocho minutos que no pueden hacerse pesados.

Con todo, para quienes venimos siguiendo a la banda desde su fantástico debut, es difícil ignorar algunos síntomas de agotamiento y repetición. La mezcla estilística que hace especiales a The Night Flight Orchestra estaba ya en Internal affairs, se mantuvo en su continuación, y ha llegado con músculo pero sin repuesto hasta Amber Galactic. El primer tercio del disco, el que va desde “Midnight flyer” hasta “Sad state of affairs”, es el más poderoso pero también el más reconocible. Los riffs, los in crescendos perpetuos y los ritmos vertiginosos los hemos escuchado anteriormente. Y, aunque agrada, no consigue quemar.

Pero el viaje remonta. De ahí en adelante, y especialmente en esa sensacional sección media que cubre tres nombres propios (“Jennie”, “Domino”, “Josephine”) y la extravagante “Space Whisperer”, la sensación de déjà vu queda eclipsada por la excelencia de unas melodías atemporales. Los saltos entre lo rítmico y lo melódico, entre el rock y el pop, se amontonan de forma abrupta pero fluida, como una ducha helada y ardiente.

El secreto de esta pequeña orquesta rockera sigue estando en el uso dosificado de clichés, robados de otros géneros y épocas. Sacados de contexto y amontonados unos al lado de los otros, cada pequeño detalle (una pandereta, el falsetto omnipresente, unos teclados de juguete) resulta extraño y novedoso, saltando entre el repelús y la exquisitez. La de The Night Flight Orchestra es una apuesta relativamente arriesgada, de la que consigue salir victoriosa gracias a la calidad de unos músicos que saben sonar tanto a Deep Purple como a Earth, Wind & Fire.

¿Queda margen para la sorpresa? Puede que el estilo no dé para más. La mezcla inconfundible creada por esta orquesta del vuelo nocturno no puede seguir sonando así de personal indefinidamente. Al menos no sin sacrificar parte de su frescura. Ahora que las cartas están sobre la mesa, que toca aceptar con brazos abiertos o rechazar de plano la propuesta estilística de The Night Flight Orchestra, lo único que puede pedirse es que las canciones sean buenas, que haya fondo detrás de la forma. Por ahora, Amber Galactic colma las expectativas y nos deja con ganas de más. Esperaremos secuela.


Lo mejor: la total ausencia de fronteras estilísticas y prejuicios.
Lo peor: que el esmalte está empezando a perder brillo.


Julen Figueras
Apasionado de la música, de la política, y todo lo que las atraviesa. Aunque el rock pueda con todo, disfruto tanto con el soul como con el blues, con el metal como con el pop. Abogado del diablo. Defensor de pleitos pobres. Todavía empeñado en encontrar esperanza en el rock y en la palabra como armas para la subversión.
Si no quema, no es arte.

También escribe sobre música y feminismo para Pikara Magazine.
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