THE STEEPWATER BAND: “sabemos que la gente que nos escucha tiene opiniones políticas dispares”

Por fin, tras haber cruzado el océano varias veces en los últimos años, a The Steepwater Band le había salido una generosa ristra de bolos por el norte de Europa. En el Akkurat de Estocolmo, una cervecería con tanto amor por la música como por su birra para sibaritas, el cuarteto norteamericano iba a tocar un set partido en dos mitades, con algunas versiones, y muchas guitarras. Cuando la fiesta llegó a sus bises, el centenar de personas que abarrotaba el local estaba ya desmelenado y dándolo todo. Estamos en Suecia, y aquí no hay música que no pueda bailarse cuando fluye la cerveza. Si la canción la pone la Steepwater, bailar resulta mucho más sencillo.

Son las seis y media cuando llego a Akkurat, y faltan todavía un par de horas para el inicio del show. En un comedor privado, los cuatro tipos de The Steepwater Band se están terminando la cena, copiosa, acompañada de birra. Jeff Massey, cantante, guitarrista y letrista del conjunto de Chicago, se levanta antes que el resto para empezar la entrevista. Deja el plato en la cocina, se lava las manos, y se sienta junto a mí, pendiente del papel en el que llevo escritas las preguntas. Me cuenta que la banda está satisfecha con su primera visita a Escandinavia. Con el amor que los países del norte tienen por el rock en sus más distintas vertientes, llama la atención que no hubiesen recalado antes en la capital sueca. Esta vez, en su incansable estilo trotabares, The Steepwater Band ha pisado los tablados de varios garitos de ciudades menores a lo largo y ancho de Suecia.Todo bien por ahora (…), hay unos cuantos amantes de la música por aquí…buenos clubs…”.

Una buena oportunidad para seguir presentando el fantástico Shake your faith, y también una excusa para volver a España, esta vez por clamor popular y por una feliz coincidencia de fechas y conveniencia. “Estamos haciendo varios conciertos en Suecia, Alemania, Polonia…aún no tenemos un nuevo disco en la calle, así que nos dijimos, ya que estamos por aquí, volvamos a España”. Hasta ahora, todo va a pedir de boca, aunque reconoce que el tipo de público no es el mismo aquí que en el sur de Europa: “parece que algunos públicos en España son algo más salvajes, y luego en sitios como Suecia y Polonia la gente es algo más reservada…¡no lo digo en el mal sentido! Es distinto, pero igualmente genial”.

Ese “es distinto” parece querer evitar comparaciones más profundas. Pero, tratándose de una banda que ha pasado la mayor parte de sus veinte años en la carretera, con un balance de casi tres mil conciertos y siete discos de estudio, su compromiso con fans de todo pelaje y ánimo parece real. Tanto les gusta tocar su música frente a la gente, que a veces parece que estén intentando rehuir del estudio. “Creo que nos gusta grabar tanto como tocar en directo, pero siempre puedes hacer conciertos, mientras que para ponerte a grabar necesitas asegurarte de que tendrás tiempo de promocionarlo, de hacerlo bien, de tener las canciones listas…Y el tiempo vuela mientras estamos girando, así que, decimos, vale, es el momento de grabar de nuevo. Pero no intentamos evitar grabar discos ni nada de eso. Nos encanta sacar nuevos discos”.

Claro que ya nada es como antes, y editar un disco puede no ser la mejor estrategia comercial cuando sabes que las salas van a seguir llenándose. “Sí…incluso para las bandas grandes…ya no hace falta vender tanto para conseguir un disco de oro, y todo el tinglado es más pequeño ahora, así que sí, la única forma que tienes de garantizar [un medio de vida], si tienes familia, es tocando en directo. (…) Quiero decir, hoy en día, las ventas…¿cómo vas a conseguirlo? Tienes Spotify, música en streaming, youtube…Pero la gente que nos sigue más de cerca todavía viene a vernos y compra el CD, o el LP”.

“La única forma que tienes de garantizar [un medio de vida], si tienes familia, es tocando en directo”

Mientras charlamos en la mesa, el resto de la banda y su mánager se despatarran en los sofás, cada con su smartphone, como si necesitasen un poco de tiempo para sí mismos antes de subirse a las tablas y convertirse en una unidad indivisible. En el bar, de fondo, suenan clásicos de rock desde una lista de Spotify que ponen cada noche en el Akkurat. Caen los sospechosos habituales, Rod Stewart y The Rolling Stones, Tina Turner y Led Zeppelin. Comentamos que ya nadie pincha álbumes completos. Lo que se llevan son las canciones sueltas. O eso dicen por ahí.Nosotros intentamos hacer que los discos fluyan…lo cual es como un arte perdido, porque mucha gente quiere escuchar una canción en concreto. Aun así creo que la gente que nos sigue más fielmente sí quiere escuchar el disco completo. (…) De vez en cuando a mí también me gusta poner una canción, pero yo soy igual: quiero el disco completo”.

De aquella cultura del LP queda cada vez menos rastro, pero The Steepwater Band es una de esas formaciones ancladas en una música y una cultura que se resiste a morir. Todavía se suben cada noche a escenarios de cuatro de largo por tres ancho. Por supuesto son ellos quienes afinan sus instrumentos y quienes escriben el setlist. En mitad de las canciones, cuando su guitarra necesita un poco más de potencia, Massey se agacha y ajusta el pedal. Son, en ese sentido, la misma banda que empezó hace casi dos décadas como banda de versiones.Como banda de blues, más bien”, me corrige. Aunque, en la práctica, nos referimos a lo mismo. “Esta noche haremos un par [de versiones]. Simplemente porque es divertido. Es divertido hacer las canciones de otra persona, e intentar hacerlas nuestras”. Esa noche caerían cuatro, y no sólo un par. Y, aunque a la gente le gusta escuchar temas como “Jumping Jack Flash” o “Boom boom”, Jeff aclara que lo hacen más por ellos mismos que por el público. “Además”, añade, “algunas versiones que tocamos son tan remotas que la gente cree que es una canción nuestra que no conocen”.

Versiones, setlists que cambian cada noche. Parece que estamos ante la E Street y sus repertorios impredecibles.Para esta gira hemos decidido recuperar algunas canciones que no tocábamos desde hacía tiempo. (…) Tocamos un set completamente distinto cada noche”. Cuando pregunto cuántas canciones tienen listas para interpretar en directo, Massey mira alrededor y delega: “ésta es una buena pregunta para Joe (Winters, batería)”. Joe no levanta la vista de la pantalla del móvil, pero está escuchando atentamente, y responde que unas sesenta o setenta. “Algunas más si nos sentimos con ganas de un poco de peligro”. Impresionante. Si el público lo pasa en grande durante sus shows, está claro que para la banda el disfrute no es menor.

“En Suecia nos está yendo bien por ahora, pero si hubiésemos tocado en un gran festival, como hicimos en España unos años atrás cuando tocamos en el Azkena…eso te da visibilidad al instante”

En el circuito de bandas medias, puede que The Steepwater Band sean cabeza de ratón. Son conocidos por cualquiera con un poco de amor por el blues y el rock, llenan salas de aforo medio, y no parece que hayan tocado techo.No pretendemos cambiar el mundo de la música, hacemos lo que hacemos y ya está, pero todavía hay margen. Por ejemplo, en Suecia nos está yendo bien por ahora, pero si hubiésemos tocado en un gran festival, como hicimos en España unos años atrás cuando tocamos en el Azkena…eso te da visibilidad al instante”.

“Es una pena que puedas hacer una banda tributo y vender más que bandas originales muy buenas que se las ven y se las desean…pero un montón de gente quiere escuchar esas canciones, y ver a alguien tocarlas”

Sin embargo, ese margen no es demasiado grande cuando la gente parece más interesada en escuchar las canciones de siempre tocadas por bandas sin repertorio propio pero con éxito notable.Sí…en los Estados Unidos es lo mismo. Les va muy bien. No sé…puedo ver la atracción [de ir a ver a estas bandas], porque cuando lo hacen bien, es muy divertido de ver. Tocamos una vez con una muy buena banda tributo de Led Zeppelin. Verlos era muy divertido, sonaban exactamente igual que Led Zeppelin”. Joe, que sigue con un oído en la conversación, añade que sonaban igual, pero que no vestían igual. “No estoy en contra, porque cuando lo hacen bien, especialmente cuando es una banda que no vas a poder ver nunca más, puedo entender la atracción, es guay…”. Y termina: “es una pena que puedas hacer una banda tributo y vender más que bandas originales muy buenas que se las ven y se las desean…pero un montón de gente quiere escuchar esas canciones, y ver a alguien tocarlas”.

Cuando hablamos del circuito de conciertos y Massey menciona los Estados Unidos, es inevitable pensar en las últimas noticias. Tan sólo unas horas antes, un neonazi había asesinado con su coche a una manifestante, y su presidente había salido a repartir culpas. Pienso en Drive-by Truckers o en Neil Young, y me pregunto si alguna vez se han planteado moverse en ese terreno de la música política, mucho más inestable.Escribir algo abiertamente negativo puede llegar a ser…si un día escribes una canción cuando estás cabreado, y otro día ya no estás cabreado y aun así tienes que tocar esa canción…es difícil sonar convincente (…). Tampoco me gustan las canciones que son muy ‘lalala’. Si vas a decir algo muy convincente, como lo hace Patterson Hood…”.

En estos tiempos, los hechos gritan tan alto que sería difícil no sonar convincente. “Sí, a veces me apetece [escribir sobre ello], pero si lo hiciera, probablemente lo haría de forma indirecta, que fuese aplicable a un montón de situaciones distintas en momentos distintos. Todos nosotros tenemos opiniones firmes al respecto de la situación actual”. En ese momento, Massey se para, mira a la grabadora sobre la mesa, duda y hace un gesto de desaprobación, con el pulgar hacia abajo, como no queriendo ser demasiado explícito. Como diciendo que sí, que la situación actual apesta, pero que no quiere mojarse demasiado. ¿Escribir música política es un deporte de riesgo en la actualidad?Sí, un poco, porque sabemos que la gente que escucha nuestra música tiene opiniones políticas dispares…hay gente demócrata y gente republicana…así que no nos metemos en el asunto demasiado”. Más pendiente de lo que acabará publicado que de expresar sus opiniones abiertamente (¡estábamos en un bar!), el cantante opta por una salida diplomática. “Si me pusiese a escribir letras políticas, querría saber más de aquello de lo que estoy hablando. Desde luego, tengo mis propias opiniones, pero (…) supongo que me gusta escribir desde un punto de vista más abstracto. No queremos distraer demasiado”.


The Steepwater Band sigue presentando su disco por España en las siguientes fechas:

07/09 Orihuela, La Gramola
08/09 Estepona, Louie Louie
10/09 León, Babylon
11/09 Vigo, Sala Rouge 

12/09 Gijon, Sala Acapulco 
13/09 Madrid, La Boite 
14/09 Zaragoza, Las Armas 
15/09 Barcelona, Rocksound 
16/09 Barcelona, Rocksound

Julen Figueras
Apasionado de la música, de la política, y todo lo que las atraviesa. Aunque el rock pueda con todo, disfruto tanto con el soul como con el blues, con el metal como con el pop. Abogado del diablo. Defensor de pleitos pobres. Todavía empeñado en encontrar esperanza en el rock y en la palabra como armas para la subversión.
Si no quema, no es arte.

También escribe sobre música y feminismo para Pikara Magazine.
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Entrada publicada en Encuentros.

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