BITE THE BULLET: “es más divertido ir por la vida sin hacer la misma cosa todo el rato”

Los prejuicios son una jugarreta muy útil que el cerebro nos juega para tomar decisiones rápidas. Están mal vistos, porque a menudo fallan, pero también nos ahorran mucho tiempo, y nos dan seguridad. En la música también. ¿Tiene ramalazos pop? Debe de ser música comercial con poco valor. ¿Abundan los teclados y los ritmos bailables? Seguro que es dance. ¿Vienen de Escandinavia? Otra banda de retro-rock. Y así todo. Los prejuicios son muy valiosos, en realidad, pero no tanto cuando aciertan como cuando hierran y nos abren a una realidad nueva. Mi primer encontronazo con Bite the Bullet lo tuve en 2015, cuando di de casualidad con su segundo álbum, Wheels. Ya entonces la banda desafiaba nuestras preconcepciones de lo que es el rock setentas, y nos abría el paisaje sonoro de forma notable.

Portada del último disco de Bite the Bullet, “Can be anything” (2017)

En Wheels abundaba el fuzz y el reverb, pero no lo hacía como una banda de stoner o de rock psicodélico, sino con una gracia distinta, más luminosa, más melódica y original. En Can be anything se exprimen algunas de esas características, y se añaden otras más. El helado volador de color regaliz que ilustra su portada es tan desconcertante como lo que esconde detrás. Quien tenga curiosidad por la banda hará bien en no guiarse por recomendaciones como la mía. Ni siquiera puede nadie fiarse del algoritmo de Spotify, que los emparenta con King of Hearts o Riverdogs.Nos gusta todo tipo de música, desde ABBA hasta ZZ Top“, dice Thomas (Stoorgard Christiansen, vocalista).

Con el pedrigrí que impone la denominación de origen, el trío danés empezó a moverse en los mares del underground y a recorrerse el viejo continente para tocar en cualquier sitio con ganas de pasar un buen rato. Incluido nuestro país. La aventura española salió bien en aquella ocasión. Thomas aún recuerda su noche de despedida en el Gran Café de León, “donde se fue generando una energía salvaje con el público, hasta el punto de que terminamos en un corro frente al escenario, con todo el mundo sudando y bailando. La gente quería más, ¡y era un domingo! Esa gente que seguía queriendo más fiesta, disfrutar a pesar de que al día siguiente era lunes, esa gente nos dio un final de gira fantástico“. De aquel concierto hay algún vídeo por ahí, y demuestran lo dicho por el vocalista.

¿Cómo sacar de su cerrazón a quien cree que ya está todo inventado y que las bandas contemporáneas son poco más que copias de las originales? Es verdad que, si nos ponemos a analizar, no hay nada esencialmente nuevo en los tres discos de Bite the Bullet. Y, sin embargo, hay algo que hace que su sonido sea inmediatamente reconocible. Yo creo que es la voz aguda de Christiansen, de timbre particular. Él, en cambio, pone la responsabilidad en sus compañeros: “gran parte del sonido viene del hecho de que Paw (Eriksen, guitarrista) y Christian (Norup, bajista) llevan tocando juntos desde hace veinte años. Musicalmente se conocen de arriba a abajo, saben dónde apoyar y dónde apretar, ¡y todavían disfrutan genuinamente de tocar y hacer música juntos!

“Queremos que tenga groove, tocar en directo, hacer que la gente baile, pasar un buen rato.”

Veinte años son muchos años, pero a la banda (formada en 2012) no se le nota ni un ápice de cansancio. Más bien al contrario, a Bite the Bullet parece faltarle tiempo para explorar nuevos caminos, aunque siempre con el mismo espíritu: “Como banda tenemos los mismos objetivos, lo que buscamos es hacer canciones sobre cosas que nos interesan, queremos que tenga groove, tocar en directo, hacer que la gente baile, pasar un buen rato. No somos una banda complicada“. Suena fácil, aunque el proceso que los ha llevado hasta Can be anything es más bien contraintuitivo. “Quisimos añadir más teclados al comienzo de la composición, de forma que pudiéramos expandir el terreno y empujarnos a salir de las dinámicas entre guitarra y bajo. Probar algo nuevo.

El resultado es rock, pero también pop y dance: un giro con todos los ingredientes para ser rechazados por el público más conservador. “Para nosotros, [la evolución] vino de forma natural. Todavía somos una banda de rock, todavía tenemos bajo, batería y guitarra, sólo que queremos probar nuevas cosas, desafiarnos mutuamente, incluso aprender un par de cosas en el camino. Es más divertido ir por la vida sin hacer la misma cosa todo el rato, sin afirmar que sólo hay una verdad. Y es lo mismo con la música“. No es una mala filosofía, aunque habrá quien diga (¿prejuicios?) que la banda ha dado un giro comercial para captar nuevas audiencias. Una idea que no incomoda al cantante: “Siempre intentamos llegar al mayor número de gente posible, ¿por qué no? No estamos diciendo que nos guste el fuzz/rock/pop/dance y que sólo se pueda tocar de una forma y para un público específico. Queremos tocar para todo el mundo, y hacerlo con lo que tenemos.

Pienso en ese momento de sudor y éxtasis en El Gran Café de León, y en cómo va a conseguir este trío levantar los ánimos con música tan variada, casi contradictoria. “Siempre dedicamos muchas energías a hacer que álbum y directo no suenen igual. Cuando tocamos en directo, sonamos automáticamente más rock, más crudos, y las nuevas canciones casan muy bien con las antiguas. Como hay muchos teclados en el disco, cada vez que podemos nos traemos a un tío más que toca de la hostia, y si no Paw se encarga de esos paisajes amplios. Pero nos gusta dejar las canciones en lo básico, así que todavía habrá un montón de guitarras y bajo en acción, ¡no te preocupes!”.


Bite the Bullet estarán de gira en nuestro país en las siguientes fechas:

05/10 Plasencia, Sala Impacto
06/10 Ciudad Real, Sala Nana
07/10 Madrid, 38 Special Rock Bar
08/10 Torredembarra, La Traviesa
10/10 Bilbao, La Nube
11/10 León, El Gran Café
12/10 Ourense, Café Cultural

Julen Figueras
Apasionado de la música, de la política, y todo lo que las atraviesa. Aunque el rock pueda con todo, disfruto tanto con el soul como con el blues, con el metal como con el pop. Abogado del diablo. Defensor de pleitos pobres. Todavía empeñado en encontrar esperanza en el rock y en la palabra como armas para la subversión.
Si no quema, no es arte.

También escribe sobre música y feminismo para Pikara Magazine.
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Entrada publicada en Encuentros.

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