BASEMENT SAINTS – Bohemian boogie: garaje, garito, carretera

Una entrada marcada con tres golpes de baqueta y los Basement Saints ya te han metido en su disco como si acabases de cruzar la puerta de un garito en mitad de una canción. Bohemian boogie comienza con un cañero solo de guitarra, sin intros ni estrofas ni redobles, y esa sensación de directo es la que mantiene tu atención hasta el final de sus treinta minutos. Media hora que sólo deja tiempo para una estrategia agresiva, para que esta banda muestre sus mejores armas.

Salidos de algún garaje de algún pueblo suizo, Basement Saints son un trío del que probablemente aún no hayas oído hablar. La nota de prensa habla de una mezcla de géneros “inclasificable”, pero lo cierto es que a Basement Saints se le intuye el sonido, desde el nombre que se han puesto hasta las camisas que visten. Si hicieran falta más señas, saber que comparten agencia con The Steepwater Band, Brother Hawk o The Brew es otra garantía.

Claro que no hay nada de novedoso en esta banda suiza. Salvo, quizá, su peculiar denominación de origen, la ausencia de un bajo en contraposición a las dos guitarras omnipresentes que definen el sonido, y la frescura con la que se desenvuelven en este género tan transitado. Un puñado de temas de calidad y un sonido abrasador es casi lo máximo que podemos pedir, y es lo mínimo que encontrarás en Bohemian boogie.

Aunque no podamos hablar exactamente de carrera meteórica, a los Basement Saints hay que reconocerles el arranque a la hora de poner un puñado de temas y publicarlos con rapidez: tras un par de EPs y y un debut aceptable, no han pasado más que unos pocos meses hasta Bohemian boogie. Por eso, el segundo LP de la suena a excusa para poder seguir en la carretera. El trío liderado por el vocalista y rítmica Anton Delen es una máquina del directo, y su atractivo no está tanto en composiciones impecables como en la fuerza que éstos transmiten. Tras escuchar el álbum, es posible que no se te queden más que un par de melodías o licks, pero su ritmo y su groove te marcarán sin que te des cuenta.

A pesar de su relativa juventud (“nací demasiado tarde”, cantan en el tema que titula el disco), el combo suizo parece haber pasado la adolescencia haciendo autostop en las carreteras norteamericanas, aprendiendo el oficio hasta sangrar los dedos. Cuesta creer que el peso de la base rítmica lo lleve solamente una batería, cuando todo suena con semejante empaque. A pesar de ello, no es un disco cien por cien cohesionado, ni son todas las canciones perfectas. Así, por ejemplo, el medio tiempo “Free time” o la peculiar “Rooftop riddles” (que fue el inexplicable primer single) aportan una variedad estilística que no termina de empastar con el rollo general del álbum, más orientado al blues rock con hedor a whisky. En otras ocasiones, como en la balada semidesnuda “Faith”, se agradece la pausa de ese ritmo frenético, y el disco alcanza alguno de sus mejores momentos.

Salvando esos temas menos directos, Basement Saints dan lo mejor de sí mismos cuando dominan el ritmo desbocado y los riffs precipitados: la apertura avasalladora de “Skatopia”, la outro de “uuuh uuuh”’s que cierran magistralmente el álbum y, sobre todo, esa montaña rusa titulada “Show on the road”. Ahí, en el tema estrella del LP, es donde más luminosamente se aprecian las habilidades del trío, con una interpretación que los acerca a los mejores Skynyrd.

Puede que este año encuentres muchos álbumes que estén más inspirados o mejor ejecutados que Bohemian boogie, pero pocos que sean así de divertidos y frescos. La música de bar es siempre mejor que la conversación de bar, así que entra, acomódate y disfruta de los Basement Saints.


Lo mejor: la sensación de directo, desde su sonido poco depurado hasta su brevedad y rapidez.
Lo peor: que no cuenten con algún hit que los vaya a sacar de las sombras.


Julen Figueras
Apasionado de la música, de la política, y todo lo que las atraviesa. Aunque el rock pueda con todo, disfruto tanto con el soul como con el blues, con el metal como con el pop. Abogado del diablo. Defensor de pleitos pobres. Todavía empeñado en encontrar esperanza en el rock y en la palabra como armas para la subversión.
Si no quema, no es arte.

También escribe sobre música y feminismo para Pikara Magazine.
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