IVÁN ALLUÉ – Mujeres, rock & heavy metal: ¿quién dijo sexo débil?

El silencio hasta ahora era clamoroso. En un momento en el que (se dice) el feminismo está de moda, y los libros sobre música venden más que nunca, resultaba llamativa la escasez de publicaciones que abordaran, de una u otra forma, la música rock desde una perspectiva feminista. Mujeres, rock & heavy metal, del periodista Iván Allué, es uno de los primeros títulos en español que toca el asunto. Y es una buena noticia, aunque lo mejor que pueda decirse de él tiene más que ver con sus intenciones que con sus logros.

Hay que agradecerle a Allué que, escribiendo para un medio cuyo director afirma que en el rock “hay una manifiesta falta de talento femenino”, haya tenido la valentía de tratar un tema que recibe muchas más críticas que alabanzas, abriendo un poco más el camino hacia un debate informado al respecto. Lamentablemente, y a pesar de las buenas intenciones, Allué ha perdido una oportunidad dorada para escribir un libro que, además de vender bien, fuera bueno.

Desde la portada, de pésimo gusto, hasta la paupérrima sección bibliográfica del final, el tercer libro de Iván Allué es consistente en su falta de rigor y profundidad. No hace falta escribir un tomo interminable para hablar sobre el machismo en el rock, pero sí unos mínimos documentales y estéticos para hacer de la lectura una experiencia entretenida y valiosa.

En la forma, Mujeres, rock & heavy metal se presenta como un libro tirando a escueto con lenguaje informal (por decirlo suavemente), en el que priman los comentarios casuales (“esto es así”), las estimaciones (“yo creo que…”), y un total desdén por el matiz. Así, a menudo parece que estemos leyendo comentarios de un foro o un primer borrador más que un libro que está ya en las tiendas.

En el contenido, todo hay que decirlo, Iván Allué ha hecho un trabajo excelente recabando opiniones y experiencias. Las entrevistas, como no podía ser de otra forma, están llenas de contradicciones, de diversidad de miradas y respuestas intuitivas. Ahí, en ese material en bruto, está uno de los principales activos de este libro. Incluso cuando leemos a una música culpabilizar a las mujeres que deciden mostrar su cuerpo como ellas deseen, o a otra equiparar la presión estética sobre hombres y mujeres en la música, el valor documental es considerable.

Allué tenía, con tales mimbres, un valiosísimo recurso para exprimir. Sin embargo, lejos de intentar analizar esa riqueza de materiales, el autor se planta en la misma tónica opinadora, casi como una entrevistada más, y se limita a repetir lo que las músicas han dicho previamente. Así, las conclusiones de cada capítulo no son tanto conclusiones como meros resúmenes de opiniones que, por su disparidad, se hermanan con perogrulladas del estilo de “no hay que generalizar, pero…” o “no hay verdades absolutas”.

Una estrategia comprensible, si nos atenemos a las escasas fuentes de literatura feminista que el autor ha manejado. En la mayor parte del libro, Allué se apoya en un par de libros de divulgación que afirman las diferencias biológicas entre hombres y mujeres (dando por natural, y por tanto aceptable, la constante sexualización de las mujeres por parte de los hombres). En cambio, cuando se trata de analizar la realidad actual, apenas consigue arañar la superficie.

Así, por ejemplo, en Mujeres, rock & heavy metal leeremos que “aún hay quien piensa” que las mujeres no pueden hacer rock, como si fuese una opinión minoritaria y extravagante, cuando es una creencia inserta en el núcleo del imaginario rockero. Nos convencerá de que “las cosas están cambiando”, pero ese proceso de cambio sólo lo constatará numéricamente (ahora hay más mujeres que antes, así que la situación actual tiene que ser mejor), como si la igualdad fuese una mera cuestión de cantidad. Admiraremos la fortaleza de las rockeras que se hacen un hueco en el mundillo, pero no sabremos nada de todas aquellas que quedan en el camino, que son invisibilizadas o ridiculizadas.

En uno de los capítulos más prometedores del libro, las entrevistadas responden a la pregunta de si es o no compatible la maternidad con el rock, pero se termina por reducir el asunto a una mera cuestión de gestión del tiempo personal, en lugar de problematizar sobre las dificultades impuestas a las mujeres, o sobre las responsabilidades que los rockeros esquivan a la hora de los cuidados. Que en un momento dado el autor se haga un lío entre sexo, género y orientación sexual es casi una anécdota.

Con todo, esta falta de rigor en forma y contenido puede ser beneficioso para atraer a rockeros con orejeras que, de otra forma, no se acercarían a un libro de semejante temática. Para quienes tengan unas nociones mínimas de feminismo, muchas páginas del libro chirriarán más que las puertas del estudio de Rock FM. Pero para el resto (es decir, para la mayoría), un libro como Mujeres, rock & heavy metal, con su portada para hombres heterosexuales, su lenguaje desenfadado y su discurso tibio, puede ser un buen comienzo. En él se encontrarán, si de verdad quieren conocer del tema, un montón de voces diversas e interesantes: músicas y bandas que, a pesar del optimismo que quiere insuflarnos el autor, siguen en minoría y en desigualdad de condiciones.

Contra el machismo en el rock no sobran fuerzas precisamente, y no podemos permitirnos desdeñar recursos, por débiles que éstos sean. Por eso, con sus lagunas, equívocos y limitaciones, el hecho de que Mujeres, rock & heavy metal sea uno de los pocos libros que la gente encontrará en las estanterías sobre este tema lo convierte en un título a tener en cuenta. Y si, además de vender ejemplares, Allué consigue agitar algunas conciencias, saldremos ganando mucho más de lo esperado.


Lo mejor: poder “escuchar” a tantas músicas, diciendo lo que les dé la gana y sin que nadie les corte.
Lo peor: la superficialidad con la que se trata un tema tan relevante.


Julen Figueras
Apasionado de la música, de la política, y todo lo que las atraviesa. Aunque el rock pueda con todo, disfruto tanto con el soul como con el blues, con el metal como con el pop. Abogado del diablo. Defensor de pleitos pobres. Todavía empeñado en encontrar esperanza en el rock y en la palabra como armas para la subversión.
Si no quema, no es arte.

También escribe sobre música y feminismo para Pikara Magazine.
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Entrada publicada en Juicios Injustos.

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