El 2017 en 20 discos

Con la distancia suficiente para dejar reposar los lanzamientos de este 2017 que termina, pero lo suficientemente cerca como para seguir reivindicándolos, van aquí veinte títulos del equipo de Palabra de Rock. Son veinte bandas sin orden específico, poco más que una mirada parcial a algunos de los discos más significativos que nos ha dejado el año, desde el folk hasta el heavy metal.

Además, y porque Palabra de Rock no sería lo mismo sin la ayuda recibida, a los 20 títulos acompañan otros quince, en una lista paralela confeccionada por las personas que han colaborado durante todo el año 2017.

Exquirla – Para quienes aún viven

A las alabadas aventuras instrumentales de Toundra se unió la portentosa voz flamenca del Niño de Elche que, más que recitar, clama reivindicativos textos de Enrique Falcón. Estas canciones son la voz de la “Europa muda”, la de ese “hombre que está muriendo y no hace ruido”; son el sonido de “20.000 espaldas con capuchas y electrodos bajo un régimen de aislamiento”. Así suena la belleza del espanto, la destrucción y la tortura, a post rock y a flamenco. Y cómo suena.

Chris Stapleton – From a room 1 & 2

En el mes de las flores Chris Stapleton edita From a room: volume 1. Unas canciones que embelesan por sus estimulaciones acústicas, acompañadas con toques instrumentales sencillos, y enfocadas a su voz grave y a la plenitud emocional, donde el contraste entre la agilidad y los sonidos más calmados eran una distracción ocasional. Con la caída de las hojas Chris vuelve a la carga con un volume 2, donde en su conjunto los sonidos fluyen con otras variantes estilísticas, y nos sorprende con más instrumentación y optimismo. Tanto los contenidos lluviosos musicales de la primavera como los del otoño se reciben bajo el paraguas de la tradición del país, envueltos con la modestia de su autor y reencontrándonos nuevamente con el placer de lo sencillo. Pero, aunque una canción sin precedentes en su carrera como “Scarecrow in the garden” parece una nueva arruga en un sonido tan desgastado, volume 1 y volume 2 son hojas de la misma rama (la apariencia muestra que determinadas canciones exploran las mismas profundidades). En definitiva, son álbumes que parecen formar parte de un poema en cuya exposición se manifiestan hasta las rimas.

The Night Flight Orchestra – Amber Galactic

Musicalmente, el mundo de Amber Galactic es la mezcla imposible de dos galaxias sonoras. Está el rock de estadios, con sus riffs, su headbanging, su air guitar y sus chupas de cuero; y está la pista de baile, con su bola de espejos, sus hooks pegadizos y su aire festivo. Como si dos bandas con sus dos productores hubiesen trabajado en las salas contiguas de un estudio sobre demos similares, los dos mundos de The Night Flight Orchestra parecen ir cada uno a lo suyo. Son como agua y aceite, pero acaban por encajar como un guante. Gracias a ese choque de trenes estilísticos, el nuevo disco del sexteto sueco suena a materia viva, a objeto volador en constante movimiento. Tirando de la máxima pop de no dejar ni un sólo resquicio sin explotar, los veloces cincuenta minutos de Amber Galactic están repletos de trucos sonoros, de riffs que suenan durante unos segundos para no volver a aparecer, grooves cambiantes y coros de agudeza punzante. La de The Night Flight Orchestra es una apuesta relativamente arriesgada, de la que consigue salir victoriosa gracias a la calidad de unos músicos que saben sonar tanto a Deep Purple como a Earth, Wind & Fire.

Royal Thunder – Wick

Hay algo en Royal Thunder que te expulsa primero y te atrapa después. Las guitarras disonantes, que parecen ir cada una a su aire, y la voz machacada de Mlny Parsons, más dolorida y amarga que cualquier blues, rompen todos los esquemas. Como si hubiesen tomado unas composiciones pop y las hubiesen pasado por barro conscientemente, lo primero que escuchamos en Wick es todo lo que no encaja. Hacen falta algo de tiempo y mucha voluntad para escuchar más allá, para que tanta fealdad cobre sentido y se convierta en belleza singular. De principio a fin y en los posos que deja hasta mucho después de haberse terminado, el tercer disco de Royal Thunder es como una fiebre que hay que sudar para poder volver a la vida.

Elder – Reflections of a floating world

Canciones que encierran canciones, como redes de cavernas subterráneas. Riffs que hacen las veces de asideros sobre la superficie de estas laberínticas composiciones en las que da gusto perderse, pues evolucionan a cada minuto. Las seis piezas se encuentran en continua huida de la evidencia, empeñadas en sorprender en cada curva. Elder son capaces de saltar de la oscuridad de la caverna primitiva a una épica de cine con sólo un segundo de silencio entretanto, sin desconcertar al oyente. Parece mentira que atrape a la primera escucha.

Kenny Wayne Shepherd – Lay it on down

El virtuosismo a la guitarra del americano Kenny Wayne Shepherd ha decorado su brillante trayectoria con ocho álbumes de blues rock contemporáneo. Calificado por muchos como el salvador de un género que lleva décadas anquilosado en su espíritu tradicional, siempre ha mantenido el afán de reinventarlo con elementos de otros estilos musicales. Pero es en Lay it on down donde el cambio estilístico es más sutil, obteniendo resultados muy variados que parecen una búsqueda para contentar a las diversas familias del rock, y de acercarse a un público más masivo, más que la realidad de un nuevo desafío. En el pasado las canciones parecían diseñadas como vehículo conductor para el lucimiento de la guitarra. En el nuevo trabajo, el énfasis se pone en la canción, donde el minutaje se modera, y la simpleza y escasa recreación de los solos solamente parecen dar resplandor a las melodías. Aunque de nuevo Kenny insiste vocalmente en cuatro de las pistas, es la conmovedora voz de Noah Hunt la que lleva a las canciones a otra dimensión. Siendo el disco más ecléctico de su carrera, y, a la vez, el más comercial, Kenny tiene la rara habilidad de recordarnos que los grandes músicos siempre se mostraron fuera de las etiquetas.

Ryan Adams – Prisoner

Tras la épica de “Do you still love me?”, el adelanto que publicó a modo de cebo, se escondía un disco minimalista e íntimo, que se intuye grabado con mimo y escrito desde la frustración. Si hablamos de Ryan, mientras no haya presión de por medio, las canciones tienden a ganar. Pese a la tristeza y la añoranza que emanan, muchas de ellas brillan y, las que no, emocionan. Prisoner es, por lo ligado a su divorcio, probablemente su disco más sincero, son sus sentimientos al desnudo musicados con lo justo y envueltos en el reverb propio de hace tres décadas. Las descaradas influencias y la evidente continuidad con respecto a su anterior disco no empañan esta colección de canciones sobre las que destaca una voz única.

Europe – Walk the earth

Es posible que Walk the earth no llegue a la excelencia de los anteriores álbumes que lo precedieron. La segunda mitad del disco baja el nivel considerablemente, y hay dos temas (“Wolves” y “Haze”) directamente prescindibles. Pero un disco de Europe sólo puede juzgarse en comparación con otro disco de Europe, igual que a un diamante sólo lo talla otro diamante. Cuando la comparación se hace con cualquier otro producto de hard rock clásico publicado en nuestros días, se constata lo evidente: que la banda de Norum y Tempest está un peldaño por encima del resto, y que Walk the earth, con sus altibajos, sigue siendo material de primera.

Thomas Wynn and The Believers – Wade waist deep

Wade waist deep es un disco rebosante de singularidades que revelan la atemporalidad de la música americana: un acentuado ardor sureño de las guitarras, las brillantes armonías vocales, los ritmos enrevesados y sinuosos, y unos contenidos construidos para soñar. El tercer lanzamiento de Thomas Wynn and The Believers es un trabajo que no se ajusta a una única etiqueta, revelando muchos giros atractivos por el camino que abarcan desde el soul, rock, góspel, blues, folk y southern, hasta las sensaciones pop con fuerte fragancia a Bob Seger. La formación parece decidida a sonar crudo pero sin dureza, esforzándose por lograr en su sonido unos efectos específicos que rubriquen su fuerte personalidad. Su evangelio del sur y la profunda brisa rural son reavivados de forma casi espiritual por la combinación vocal de los hermanos de sangre, Thomas y Olivia, que dotan a la música de una calidez contagiosa. Esas voces que parecen provenir del cielo son adornadas por las místicas notas que surgen del órgano de Colin Daniel, capaces de encajarte en la atmósfera interior de una iglesia o en los tenebrosos abismos del infierno.

Mike Oldfield – Return to Ommadawn

Con Return to Ommadawn no estamos, tal y como pretenden hacernos creer, ante un álbum que mire completamente a su época dorada. Hay, sí, signos inequívocos de que la inspiración llega de allá, pero también hay retazos de álbumes posteriores, desde Voyager hasta el infravalorado Music of the spheres, pasando por aquella delicia new age llamada The songs of distant earth. Es un disco más orgánico que aquéllos, intencionalmente poco depurado, que fluye como un riachuelo de corriente imperfecta, con sus rocas y sus arenas. Con sus tempos oscilantes, sus in crescendo y su bajo eléctrico dibujando hilos con los que tejer una historia épica. Un disco que aspira a ser y a parecer auténtico por medio de la imitación. Un álbum atemporal para nostálgicos por los que sí pasa el tiempo, y una pequeña joya que no admite juicios inmediatos a los que nuestra era nos ha acostumbrado.

Kreator – Gods of violence

Guitarras afiladas por doquier, estribillos coreables en cada esquina…el metal alemán encuentra aquí su clásica épica, pero con la variedad suficiente como para no cansar ni sonar dentro del molde. Diverso en estilos aunque consistente en la mala hostia supurada, los diez himnos de Gods of violence sirven como cánticos de guerra contra todo lo que amarga nuestras existencias. Bien a través de la música, bien a través de sus letras, Kreator dominan el arte de hacerte expulsar la rabia hasta vaciarte por completo. Desde “World war now” hasta “Death becomes my light”, estos diez temas (que podrían ser diez singles) completados con sus controvertidos videoclips y su magnífica portada, hacen de Gods of violence un punto álgido en la carrera de los alemanes.

Supersonic Blues Machine – Californisoul

El proyecto estrella de blues-rock fue engendrado por Lance Lopez, Fabrizio Grossi y Kenny Aronnoff. Y en este segundo álbum titulado “Californisoul” presenta las colaboraciones estelares de Eric Gales, Robben Ford, Walter Trout, Billy Gibbons y Steve Lukather. Pero este disco es tan sublime que no sólo confía en las contribuciones de extraños para convertirlo en uno de los discos de blues del año. Supersonic Blues Machine atesora soul, estilo, y un patrón rítmico que empuja al oyente a moverse disparatadamente. Y, sobre todo, esta máquina supersónica tiene alma. Cada canción maneja melodías que deberían ser ilícitas porque sus sensaciones dañan sensiblemente la parte emocional del cerebro. Y, aunque la banda desnuda con clase y precisión cada nota efectuada, hasta sentir en nuestros oídos el contacto de su piel, su ejecución no estrangula por férrea porque nada suena disciplinado. Su estructura no es tanto de concepto como de búsqueda de sensaciones y una actitud. En definitiva, su gran fuerza está en su musicalidad y en la contribución de los invitados a la hora de potenciar la relevancia musical de la banda más que a diluirla con el lucimiento propio.

Spidergawd – IV

Un saco en el que caben el stoner rock, las melodías de Thin Lizzy, el sonido profundo de un saxofón y una producción psicodélica y garajera que todo lo empaca. Al agitarlo, mezclarlo y dejarlo crecer, salieron grandes canciones, originales y muy potentes, con los estribillos que necesitan para atraer y fidelizar al público más desconfiado. Parece que aquí todo vale, y a tenor de la variedad entre sus nueve canciones, puede que así sea. Sin embargo, por encima de todos sus elementos, hay un sonido Spidergawd que envuelve cada idea y al que podríamos llamar personalidad. Si no te atrapan sus tres primeros temas puede que seas demasiado viejo.

Don Barnes – Ride the storm

Se ha convertido en lugar común afirmar que este o aquel disco, de haberse publicado en los años dorados del género, se habría convertido en un clásico. No sabemos si el nuevo trabajo de Don Barnes habría tenido alguna fortuna de haber sido publicado a finales de los ochenta (tal y como se planeó) pero, publicado en 2017, Ride the storm se convierte automáticamente en la pieza más deliciosa de AOR que podemos escuchar este año. A Barnes no le hace falta impostar el sonido de una época, porque él es el sonido que otros intentan imitar. Como la semilla de una joya conservada en ámbar, Ride the storm nos ha sido devuelto a la vida intacto, décadas después de ser compuesto, con un sonido cristalino y poderoso que en las demos sólo llegaba a imaginarse.

Horisont – About time

No sabemos lo que pasará en el futuro, pero sí podemos asegurar que Horisont están en la cresta de su propia ola. La banda empieza a llenar salas, ha fichado por Century Media y, con About time, han alcanzado la excelencia creativa. En su quinto disco, la banda sueca ha tomado los ramalazos prog de Odyssey y la espontaneidad de Time warriors, para crear una obra que supera a todas las anteriores. La producción, más robusta que nunca, no hace sino ensalzar diez temas variados, inspirados, donde las guitarras han dejado espacio para teclados y coros. Si cortes como “Electrical” o “Night line” tienen el clásico sonido Horisont (porque, efectivamente, podemos hablar de un sonido Horisont), otros como “Point of return” o “Boston gold” abren nuevos caminos y dejan entrever que, lejos de ser un producto acabado, al quinteto sueco le queda todavía cumbre a la que escalar.

Blackwater Conspiracy – Shootin’ the breeze

Blackwater Conspiracy es el nuevo nombre registrado por su padre biológico Million Dollar Reload. Los norirlandeses, durante casi una década, han astillado los entarimados de locales de las islas con cierta reputación y grabado un par de discos con bastante eco en los mentideros europeos del hard rock. Sin embargo, una trayectoria inerte y desavenencias compositivas internas han desembocado en un punto de inflexión que les ha llevado a calibrar la situación y transformarse. El nuevo atuendo engalana la vieja chupa de cuero, de rock más estridente y básico de influencias AC/DC, en un elegante smoking de sonidos clásicos a través de las raíces celtas de su país, el blues y el southern rock.Los diversos influjos, entre The Faces, The Black Crowes, Lynyrd Skynyrd y The Answer, propician el entramado musical de Shootin’ the breeze, que no tiene ni una sola composición que debamos omitir. Las melodías orgánicas y su dinámica de espíritu de rock clásico prometen un crisol musical inmejorable en cada uno de sus surcos. Probablemente estemos hablando de uno de los mejores debut discográficos en mucho tiempo.

Lukas Nelson & Promise Of The Real – Lukas Nelson & Promise Of The Real

De ser más conocidos por acompañar a Neil Young que por ser su líder hijo de quien es, a demostrar suficiente talento componiendo y grabando como para obviar precedentes. La banda y, sobre todo, sus canciones, las de este álbum, son la voz de los Estados Unidos: sus lamentos, sus alegrías, sus ilusiones y su felicidad. Esas voces susurran a ritmo de country, corean estribillos al estilo gospel y celebran a tono de folk rock. No sobra ni una de estas piezas, con mucho espacio para respirar y, a la vez, repletas de preciosos arreglos que le dan aspecto artesanal.

Outlaws & Moonshine – Devil in the moonshine

Enfrascado en su proceso de renovación, el southern rock arroja el guante Outlaws & Moonshine. Una bofetada en la cara llamado Devil in the moonshine, que deja al ofendido la única opción de recoger el reto y batirse en duelo frente a su contenido musical. La formación de Indianápolis se posiciona en una línea de sangre confederada que va desde los sonidos relajantes de The Allman Brothers Band y la agudeza intrumental de Lynynyrd Skynyrd, hasta influencias más modernas como Black Stone Cherry en sus momentos recatados. La diversidad de la mezcla, entre influencias clásicas con el original enfoque moderno, ofrece un sólido resultado de receta sureña, donde está capturada a la perfección su clásica alegría y la energía contemporánea, que seguramente atraerá a un público de todas las edades. El trabajo seduce por el ritmo y por el equilibrio de energía que va de un tema al siguiente, y que contribuye a que el oyente desee mantener las sensaciones. Todo ello, junto a la sensualidad de las notas de guitarra y su contundente producción, no sólo convierte a Outlaws & Moonshine en maestros artesanos del género, sino que están preparados para dejar huella.

Mavis Staples – If all I was was black

Desde aquella joya de blues y gospel llamada Have a little faith, lMavis Staples ha ido encadenando obras por encima de lo notable hasta llegar hasta nuestros días. Acompañada una vez más de la guitarra, producción y pluma de Jeff Tweedy, las composiciones de esta obra de escasa media hora funcionan tan bien hoy como lo hubiesen hecho hace cincuenta años. Ya pasaron el Dr. Luther King y la Marcha sobre Washington, pero los sonidos, letras y coyuntura de If all I was was black nos retrotraen a un tiempo oscuro que parecía que no iba a volver. No hay, sin embargo, amargura en la voz de Mavis: en las misas de gospel, los demonios se ahuyentan cantando, demostrando que sólo el pueblo salvará al pueblo.

The Curt Towne band – All or nothin

Jacksonville sigue avivando su leyenda como capital mundial del southern rock. La metrópoli de Florida es la ciudad natal de Lynyrd Skynyrd, Blackfoot, Molly Hatchet, .38 Special…y de The Curt Towne Band. All or nothin es un rugido al cosmos que manifiesta que el rock sureño nunca morirá, y que la tradición sigue latiendo con fuerza en el espíritu de la ciudad que les vio nacer. Escuchar este disco impregnado del alma de la vieja escuela, saliendo de la médula de músicos jóvenes, es como un grito al resurgimiento del género. Y no sólo eso. Los valores de esta formación van mucho más allá de portar la antorcha de un estilo que sigue en proceso de regeneración: ha nacido una nueva era donde han traído de vuelta el rock and roll a las masas. La clave está en diluir en un cóctel ganador el rock clásico y una pizca de hard rock, con el sabor sureño de los 80’s. El trabajo se cimenta sobre la guitarra de Curt Towne, que no sólo ejecuta las notas genéricas, sino que inventa cautivadores acordes que llevan a las canciones a dimensiones divinas. La voz de James Aaron, que parece la voz de doblaje de cualquier mafioso y, a la vez, hace sentir que llevas años escuchándola, atrapa por su contagiosa pasión. Y, sobre todo, unas inspiradas canciones que, a pesar de que no las has escuchado antes, parecen viejas amigas.


El 2017 en 5 discos de…

Gio Pilato (Bluebird Reviews)

SimoRise & shine

Shaman’s HarvestRed hands, black deeds

Thomas Wynn And The BelieversWade waist deep

Eric GalesMiddle of the road

Jack J HutchinsonPaint no fiction


Susana Manzanares

Beast in BlackBerserker

Martina EdoffWe will align

Sweetkiss MommaGet ready for the getdown

Phantom 5Play to win

ThunderRip it up


Joaquim Valls

BoulevardIV Luminescence

Body CountBloodlust

Kenny Wayne ShepherdLay it on down

Wild AdriaticFeel

HaemorrhageWe are the gore

 

 


Puedes ver los discos elegidos en 2015 aquí.

Puedes ver los discos elegidos en 2016 aquí.

A continuación una lista de reproducción con nuestra selección del 2017.

Palabra de Rock
Palabra de Rock surge para poner sal en la herida que la música nos abre cada día. El rock es nuestra pasión, y una pasión requiere de compromiso.
Queremos un medio que no se conforme con hacer la vista gorda ante las miserias y grandezas del rock, sino que les hinque el diente, que las explote, que las aborde con seriedad y promueva el debate. Escribir sobre rock es también hacer rock, y el rock, como todo arte, no puede permitirse ser inofensivo.
Entrada publicada en Juicios Injustos.

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