Hartas de excusas: KILL THE KING trae el #metoo al metal

Hace ya casi dos años desde que a la periodista Rosie Salomon le encargaran cubrir el concierto de una de sus bandas favoritas, Baroness. El resultado de aquella noche lo volcó en un texto titulado “Esto no es una crónica” y, no hablaba del bolo de Baroness, sino del desconocido que abusó de ella en mitad del gentío y del tormento que terminó con una denuncia en comisaría. El artículo terminaba con un llamamiento inequívoco: “he tomado la decisión de levantarme y alzar la voz. Tú también deberías”.

Muchas mujeres apoyaron el relato de Salomon a través de sus propias experiencias, pero no ha sido hasta finales de 2017 cuando la anécdota ha escalado hasta convertirse en movimiento organizado. Ha sido en Suecia, bajo el nombre Kill the King, donde se ha lanzado una campaña para poner fin al menosprecio y sexualización que las mujeres sufren de forma sistemática.

Así dice uno de los comunicados:

Estamos jodidamente hartas de que se tiren balones fuera con excusas del tipo de ‘es que no hay suficientes músicos que no se identifiquen como hombres cis’, o ‘sí, ya sabemos que esta banda es muy machista, pero no lo muestran claramente en sus letras, así que los contratamos’. Estamos jodidamente cansadas de tener que demostrar más y más para poder superar el estereotipo de las llamadas ‘bandas de chicas’. De que, independientemente de lo que hagamos o contemos, siempre haya algún tío o alguna banda a la que se le dé más credibilidad que a nosotras. (…)
Basta. Estamos hartas de vuestras patéticas excusas. Estamos hartas de que bandas como Deströyer 666, Pentagram y Venom Inc. puedan pasearse por los escenarios proclamando sus manifiestos llenos de odio hacia las mujeres. Estamos cansadas de miembros de bandas que actúan de forma extremadamente inapropiada y ofensiva contra mujeres que ellos han decidido considerar “groupies” y no fans. Estamos cansadas de que las víctimas de abusos sexuales sean constantemente cuestionadas porque los fanboys quieren poder seguir escuchando a sus bandas de metal favoritas en paz y sin remordimientos. Estamos cansadas de agresores que se pasean por conciertos y festivales como si no pasara nada. De los constantes comentarios sobre nuestras acciones y nuestra apariencia. Si aceptamos este tipo de cosas en la comunidad del heavy metal, no habrá ningún cambio ni dentro ni fuera de la escena.

El texto, publicado en redes sociales por el movimiento antirracista Hårdrock Mot Rasism (Hard Rock Contra el Racismo), se ha encontrado ahora y en manifestaciones anteriores con la oposición de muchos rockeros que consideran que son invenciones, exageraciones o excepciones. Una oposición que, no por casualidad, ha ido a menudo unida a más insultos y ridiculizaciones, cuando no agresiones físicas, como las sufridas por una de las caras visibles de este movimiento.

Además de Hårdrock Mot Rasism, la campaña viene promovida por dos organizaciones suecas más. La primera, Dear Darkness, es una comunidad online que pretende visibilizar el trabajo de las mujeres en el rock y el metal a través de podcasts y una cuenta de Instagram que ceden semanalmente a distintas mujeres. La segunda es el festival de un día Heavy Metal Action Night, que se celebra en Estocolmo y que cuenta un cartel de bandas mayoritariamente femeninas.

Mil quinientos abusos

Siguiendo las formas de #metoo, la campaña Kill The King se ha articulado en torno a las experiencias que cientos de mujeres han ido compartiendo. En este caso, sin embargo, no ha sido a través de las redes sociales, sino por vía de un buzón electrónico habilitado para ello. A este buzón llegaron más de mil quinientos correos en unos pocos días, con mensajes como los que podéis leer a continuación:

Estaba como responsable de relaciones públicas de un ‘producto de hard rock’. Un día después de un concierto, estaba tomando unas birras con el jefe y con otro compañero. El jefe está borracho, y propone que nos vayamos a alguna parte, donde él me pueda follar por el culo mientras el otro compañero me puede follar por la vagina”.

Tenía 16 años y solía andar con una banda de sleaze, mayores que yo. Un día después de una fiesta me despierto al sentir que hay alguien en la habitación. Noto que estoy desnuda. El bajista está encima de mí. Le oigo decir ‘esta tía tiene un coño precioso, pero tengo que ponerle un poco de aceite de cocina para usarlo como lubricante’. Otro tío se ríe. Estoy tan borracha y cansada que no puedo moverme, intento decir que no. Pero noto que me está embadurnando de aceite y que empieza a penetrarme. Le oigo decir que se corre. La siguiente que lo veo es en un festival, con una chica. Nos saludamos y consigo decir nerviosamente ‘tuviste sexo conmigo cuando estaba inconsciente, ¡eso no está bien!’ Él contesta que fue mi culpa por haber estado ahí”.

Me desperté al día siguiente con su polla en mi boca. Tenía moretones y marcas por todo el cuerpo y en la cara, y había matas de mi cabello por el suelo. Las muñecas estaban doloridas como si hubiese estado atada. Los moretones no venían de un golpe sino de sexo duro durante varias horas. Cuando le pregunté qué había pasado, él mismo parecía sorprendido, pero luego digo ‘me estoy poniendo cachondo con esos moretones’. Como era mi novio, ni se me ocurrió que pudiese haberme drogado. Él es un batería de metal que ha tocado con varias bandas suecas, y que sigue todavía en activo. Aunque las pruebas posteriores demostraron que había sido drogada y que yo no había sido la única víctima, se pararon las investigaciones. Ahora sólo estoy contenta de haber sobrevivido a aquel fin de semana”.

Entrevisté a una banda de metal en Malmö en 2013. Estuve en el backstage, con mucho alcohol y todos pasando un buen rato. Al día siguiente el cantante me encuentra en Facebook, y me envía un ‘hola’ y un ‘muchas gracias’, con una foto de su polla”.

Soy periodista y me llamaron algo así como ‘aborto andante’. Venía escrito en una postal que envió el cantante de una conocida banda sueca. Venía firmado por el batería. La banda estaba por Europa y tenían postales gratuitas, así que decidieron enviarme una a mí. ¿Qué había hecho? Puntuar con un tres uno de sus discos”.

No es tan raro dejar una banda después de un tiempo. Recuerdo una de mis primeras actuaciones, cuando tenía unos catorce años, cuando un tipo dijo ‘¡enséñanos el coño de una vez!’. Me avergoncé porque mis padres estaban entre el público también”.

Una de las mayores bandas suecas de todos los tiempos aparece en el pub en el que trabajo. Tengo 20 años y estoy nerviosa de que me toque servirles. Empiezo a llevarme los vasos vacíos de su mesa, cuando uno del grupo me agarra un brazo con fuerza. Me mira a los ojos y me empieza a lamer el brazo. Tengo una bandeja en el otro brazo. Uno de los miembros suelta una risita. Otros dos hacen como que no han visto nada”.

Y así, hasta mil quinientas. Una muestra que muchos negarán que sea generalizable, pero que nos da pistas de la magnitud del problema. Hablamos de mil quinientas vivencias recopiladas en menos de un mes y en uno de los países del mundo con políticas de igualdad más desarrolladas. ¿Qué no sucederá en otros países en los que el machismo goza de mucha mejor salud?

“¡Enséñanos el coño de una vez!” – una de las 1.500 declaraciones recogidas

Por su parte, la periodista Sofia Bergström, que escribe sobre heavy metal para uno de los principales diarios suecos, ha dado altavoz al movimiento, contando sus propias experiencias en un artículo en el que apunta, además de a las agresiones cotidianas a las que se exponen las mujeres, a las técnicas de ridiculización e invisibilización constantes por parte de fans, medios, promotores y artistas.

(…) Vi que para músicos mayores que yo mi cuerpo era considerado de dominio público. Tíos que me sobaban las tetas y el culo con sus manos peludas y venosas. Tíos que daban por hecho que los seguiría hasta la cama, como si fuese un privilegio. Hombres que se obsesionaban cuando les decía que no. Mientras yo me sentía sucia, avergonzada y jodidamente pequeña. En esos mismos backstage he entrevistado a muchos músicos que ignoraban mis preguntas para poner a prueba mis conocimientos musicales. Lo más típico era tener que mencionar discografías completas y los años de publicación de cada disco. Sólo para intentar ‘demostrar’ que era una poser.

(…) Me entristece ver que más del noventa por ciento de las bandas contratadas para el Sweden Rock Festival están formadas por hombres, lo que lo convierte en uno de los festivales con mayor dominación masculina del país. Me entristece que el imaginario de violencia contra las mujeres y la superioridad sexual de los hombres estén normalizados en ciertas ramas del death metal y el grind. Que sólo a las mujeres se les pregunte sobre cómo consiguen cuidar de la familia cuando están de gira.

Para Bergström, la violencia sobre las mujeres en el mundo del rock está estrechamente relacionada con su constante invisibilización en todas las áreas que no sean la de la mera groupie. En ese sentido, el Sweden Rock Festival ha recibido anteriormente similares críticas, tras constatarse que, año tras año, las bandas con mujeres son poco más que una anécdota. Para el año que viene, a través de la iniciativa NEMIS (que incorpora a ocho bandas noveles cada año) se está intentando equilibrar el cartel, asegurándose que al menos la mitad de esas bandas están formadas por mujeres. Sin embargo, los números siguen siendo irrisorios, y aún se siguen contratando bandas que, por mucho que nos gusten, reproducen y perpetúan estas discriminaciones, como Steel Panther, Ted Nugent o Motley Crüe.

Sobran excusas

Las voces que niegan esta realidad dentro del mundo del rock lo hacen afirmando que no es una cuestión exclusiva de nuestra música, sino de toda la sociedad, independientemente del entorno. Cuando se habla de letras, vídeos o shows sexistas, se argumenta que es parte del espectáculo, y que no hay que tomarlo con literalidad. En cambio, cuando se trata de defender a músicos acusados de agresiones sexuales, se hace apelando a una conveniente separación entre artista y obra.

Todo son excusas cuando lo que se intenta es que nada cambie. Sin embargo, tal y como muestra la campaña Kill The King, éste es un fenómeno que toca de lleno a fans y músicas, y es nuestra responsabilidad crear un entorno seguro para todas las personas. Por eso, para los que realmente quieran luchar contra el machismo imperante en el rock, el comunicado de Hårdrock Mot Rasism incluye una serie de recomendaciones:

Dejad de excusar a bandas que actúan como basura machista sólo porque os gusta su música. Dejad de excusar a vuestros colegas, dejad de otorgarles espacios sin exigir que evolucionen.
No contratéis a esas bandas sin exigir que se revisen, que piensen sobre sus actos y muestren una evolución positiva. Sin vuestro apoyo, las bandas tendrán que cambiar o desaparecer.
Animad a las mujeres, trans y personas no-binarias a coger un instrumento. Todo el mundo sabe que estamos infrarrepresentadas en el mundo del rock, y aunque muchas se estén pensando el meterse en una banda, dudan y temen enfrentarse a todo lo comentado.
No acapares espacio, deja espacio libre. Alza la voz, questiona y enfádate cuando alguien esté ‘sólo bromeando’, o cuando hombres claramente misóginos parloteen sin que nadie proteste. Habla con tus amigos sobre actitudes problemáticas. Atrévete a contradecir lo establecido. (…)”.

Un plan de acción razonable, pero que está lejos de convertirse en tendencia. Aún hay quien recuerda las acusaciones de abuso sexual de Larkin Grimm sobre Michael Gira, pero a casi nadie parece sorprender que éstas cayeran en el olvido, y que el líder de Swans haya seguido girando de forma continuada y sin mayores consecuencias. Las más recientes acusaciones recaídas sobre Gene Simmons caerán, sin duda, en saco roto. Finalmente, los hay (y no son pocos) que creen en la inocencia de Decapitated porque “son buenos tipos” (sic).

¿Y ahora qué?

A pesar de las aguas fecales, hay razones para pensar que la marea está cambiando. Tras el artículo de Rosie Salomon que abría este texto, Baroness emitió un comunicado censurando la clase de comportamientos que llevaron a la periodista a poner una denuncia en comisaría: “al hombre de este artículo, quienquiera que seas, no te necesitamos en nuestros conciertos, y no te queremos como público”. Pearl Jam son noticia cuando Eddie Vedder para un concierto para llamar la atención de un baboso entre el público. Psalm Zero se deshace públicamente de Andrew Hock tras conocer que éste había abusado de una amiga de la banda, y las reacciones son de solidaridad hacia la víctima. Incluso quienes se posicionan a favor de Decapitated ven cómo su posición empieza a ser minoritaria.

En el plano organizativo, también hay motivos para cierto optimismo. Desde hace poco más de dos años, un grupo de jóvenes británicas agrupadas bajo el nombre Girls Against trabaja con distintas bandas para concienciar sobre los tocamientos en conciertos, intentando evitar así evitar lo sufrido por ellas mismas en el pasado. Por su parte, el Statement Festival, primer festival que vetará la entrada a hombres cis, tendrá lugar este verano en Suecia, tras haber concluido un exitoso crowdfunding, y con la premisa de crear un espacio seguro en el que las mujeres puedan disfrutar y expresarse sin sentirse acosadas.

Es quizá pronto para entender las consecuencias de este fenómeno a largo plazo pero, por ahora, el #metoo sigue su curso. Y si la mecha ha prendido en Suecia, también puede prender en nuestro país. Nadie podrá decir ya que no sabían que esto también sucede en nuestra música. Sucede en el backstage, entre el público, en apartamentos o en plena calle. Y ahora que lo sabemos, nos toca escuchar, aprender, y entender que, si no somos parte de la solución, somos parte del problema.

Julen Figueras
Apasionado de la música, de la política, y todo lo que las atraviesa. Aunque el rock pueda con todo, disfruto tanto con el soul como con el blues, con el metal como con el pop. Abogado del diablo. Defensor de pleitos pobres. Todavía empeñado en encontrar esperanza en el rock y en la palabra como armas para la subversión.
Si no quema, no es arte.

También escribe sobre música y feminismo para Pikara Magazine.
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Entrada publicada en Radiografías.

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