Los discos olvidados del 2017

Las listas que recogen lo mejor o lo peor de cada año son siempre caprichosas, y muchas veces injustas. Nuestro repaso al 2017 recogió veinte títulos a recordar, pero quedaron olvidados otros muchos a los que no les pudimos hacer tanto caso. Lanzamientos que no corrieron la misma suerte y que, en muchos casos, ya han perdido toda la atención del público. Aquí van diez de esos discos que toca reivindicar para devolverles algo de lo mucho que nos han dado.

Brut Boogaloo – Strike III

Brut Boogaloo ¿Qué se esconde detrás de semejante nombre? La única banda que puede derribar a Imperial State Electric compitiendo a su propio juego. Es tal el parecido con la banda de Nicke Andersson que, sin saber que los Boogaloo vienen de Noruega y que han publicado dos discos más, podría parecer un spin-off de aquél. Strike III tiene todos los elementos que un buen disco de rock clásico con tintes garageros y power-poperos necesita. A ratos Beatles, a ratos T-Rex, el cuarteto liderado por Henning Solvang aprovecha cada segundo para meter melodías de las que ya no abundan. Todo en un disquito que se pasa como un suspiro y que deja una sensación de alegría y ligereza. Un caramelo.

Freerock Saints – Electric passion

El guitarrista más prolífico que ha dado Grecia en mucho tiempo tiene nuevo disco para una de las muchas bandas que capitanea sin descanso (hay que contar, al menos, cuatro). Las guitarras superpuestas y los riffs imparables siguen siendo la seña de identidad del sonido de Stavros Papadopoulos, pero éstas se equilibran aquí con la emergente voz de Areti Vanavanopoulou, que sigue ganando protagonismo. Electric passion no es necesariamente mejor que el debut que publicaron hace apenas unos meses, pero tampoco ha bajado el nivel. Banda para seguir reivindicando.

Barry Goudreau’s Engine Room – Full steam ahead

Mientras el caudillo Scholz se llevaba la fama de la nave espacial de Boston, a Barry Goudreau se le asignaba la labor de cardar la lana. Ahora, con perspectiva, y cuando este último ha sacado su nuevo álbum, se ve que ni uno era tan grande ni el otro tan pequeño. Full steam ahead es un trabajo altamente imperfecto, con dosis parecidas de grano y paja, pero que demuestra el pulso creativo de un guitarrista con alergia al sedentarismo. Siempre al acecho de una melodía radiable, Goudreau y su Engine Room han publicado un puñado de temas de rock and roll clásico acompañados por otros tantos cortes más modernos, más melódicos, y mucho más interesantes. Los royalties no lo convertirán en millonario, pero la satisfacción de un trabajo bien hecho no se la quitará nadie.

The Grammers – Dream in A minor key

Siguen siendo unos grandes olvidados, pero The Grammers van recorriendo su propio camino hacia el superhit, y si siguen así acabarán por alcanzarlo. Suenan épicos como Bruce Springsteen y bombásticos como Meat Loaf, un cóctel casi perfecto en el que incluso funcionan los guiños cómicos. Dream in A minor key es un disco algo extraño e imperfecto que nunca deja de resultar interesante. Si temas como “Take it or leave it” o “The way I did before” son carne de transistor, la balada acústica “Satan” demuestra que, con más o menos vestiduras, la música de The Grammers es tan apasionante como inclasificable.

Roadcase Royale – First things first

Empezar de cero tiene sus ventajas. Si bien no podemos pensar en Roadcase Royale sin acordarnos de Heart (de ahí salen varios miembros), la banda de Nancy Wilson y Liv Warfield es un proyecto distinto, al que se le permite toda la variedad que su debut contiene. First things first contiene algunos descartes que Wilson ha reciclado para la ocasión (“The dragon”), temas soul que ha creado junto a Warfield (la excelente “Get loud” o la heartesca “Hold on to my hand”), y una producción que resalta el lado más R&B de la superbanda. No es un disco perfecto, le sobran minutos y algún tema de relleno, pero el sonido creado por esta nueva unión de fuerzas resulta estimulante y prometedor. Si hay continuación (la sensación de estar ante un proyecto efímero es poderosa), será seguro mejor.

The Black Marbles – Moving mountains

En su encarnación previa, The Black Marbles sonaban bien, pero no mucho mejor que cualquier otra promesa con debut bajo el brazo. En su reformulación casi completa, el cuarteto de Göteborg ha materializado lo que antes sólo era intuición, y ha publicado, bajo el título de Moving mountains, un disco que saca a la banda directamente de la segunda división para ponerla junto a nombres como Pristine o Blues Pills. Entre las múltiples virtudes de Moving mountains están su frescura y sus inspiradas composiciones, más propias de una banda de experiencia dilatada, y una variedad estilística que no han hecho sino comenzar a explorar. La incorporación de Marica Svensson al micrófono eleva el resultado y nos obliga a darle la importancia que se merece. Ha nacido una banda con estrella, y no debe pasar desapercibida.

The Kleejoss Band – Inception

Por el nombre, pensaba que se trataba de una banda holandesa. Por el estilo musical, tenían que ser yankees. Resulta que son de Zaragoza, y que antes de Inception hubo tres discos más, tres peldaños que vienen a afianzar el robusto sonido que la Kleejoss Band ha depurado: suenan a Young, a Petty, a los Skynyrd o a la Steepwater. Música tirando a sencilla que guarda en sí todo lo esencial: acordes electrificados, estribillos efectivos e historias universales. Puede que Inception haya sido un disco olvidado, pero ése es un error que no volverá a ocurrir en el futuro.

Rosedale – Long way to go

Quizá por venir de Francia, o tal vez porque a los duetos parece faltarles el empaque de un combo de blues clásico, a Rosedale se los ha comido el silencio mediático. Casi es hasta difícil encontrarlos en prensa especializada, lugar en el que precisamente semejante proyecto debería tener cabida. Con o sin eco, Long way to go es un prometedor debut en el que las composiciones, aunque algo desnudas, hablan por sí solas. Destaca, por encima de las imaginativas guitarras de Charlie Fabert, la voz de una desconocida Amandyn Roses, cuya personalidad traspasa el blues para acariciar las orillas del jazz y del rock.

Wild Adriatic – Feel

Tras un poderoso debut, a Wild Adriatic se le ha atragantado su continuación, que evita los caminos del rock para adentrarse en el barrio del funk y el soul. No es, para quien gozara de las influencias Zeppelin, el mejor de los cambios de rumbo, pero no se puede negar que el trío neoyorkino se le da tan bien una cosa como la otra. Más vientos, más melodías y más groove es lo que podemos encontrar en Feel, un álbum que no contentará a todo el mundo pero que tampoco debería pasar desapercibido.

Paul Reed Smith Band – Time to testify

Paul Reed Smith, ese tipo que tiene sus iniciales en guitarras de todo el mundo, es también un músico de talento enorme. A nadie pareció importarle, sin embargo, que el pasado febrero PRS publicara, con su banda, un fabuloso álbum. Time to testify es, por su calidad, uno de los discos del año y también uno de los grandes olvidados. Una mezcla perfecta de rock clásico (“Breathe”), R&B (“Fifty to life”) y funk (“Freedom”), que tiene su pegamento en la estratosférica garganta de Mia Samone.


Puedes ver nuestra lista de discos olvidados del 2015 aquí, y otra de los olvidados en el 2016 aquí.

Julen Figueras
Apasionado de la música, de la política, y todo lo que las atraviesa. Aunque el rock pueda con todo, disfruto tanto con el soul como con el blues, con el metal como con el pop. Abogado del diablo. Defensor de pleitos pobres. Todavía empeñado en encontrar esperanza en el rock y en la palabra como armas para la subversión.
Si no quema, no es arte.

También escribe sobre música y feminismo para Pikara Magazine.
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Entrada publicada en Juicios Injustos.

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