SIMON REYNOLDS – Retromanía: la adicción del pop a su propio pasado

Puede que en las estanterías españolas no lleve más que unos pocos años, pero Simon Reynolds es una de las figuras más reconocibles de la literatura musical anglosajona del último cuarto de siglo. Suyos son los libros de referencia sobre, entre otros, el postpunk, la cultura rave, el rock y el glam. Sin embargo, uno de sus más celebrados, Retomanía, no aborda un movimiento o estilo particulares, sino que aglutina todos los anteriores (y muchos más) para radiografiar un momento de estancamiento del que nuestra creatividad no parece capaz de escapar.

Si hubiese que resumir Retromanía en en tres palabras, ésas serían “todo está inventado”. Pero para caer en semejante lugar común, nadie (y mucho menos un autor de la categoría de Reynolds) se habría tomado la molestia de escribir un tomo de cuatrocientas páginas. La hipótesis del autor tiene más enjundia, y va más o menos como sigue: la música popular ha dejado de mirar hacia adelante, y ha pasado a encontrar refugio y fuente de ideas en épocas pasadas que son todavía parte de nuestra memoria reciente, reciclándolas sin cesar. Hemos llegado, como en la industria petrolífera, al punto en el que lo que ya no se puede perforar más.

Para mí que siempre consideré haber nacido en la década musical equivocada, el argumento que construye Reynolds es a la vez evidente y ciertamente incómodo de abrazar. Salvo excepciones no del todo indiscutibles, hace lustros que el rock dejó de ofrecer nada nuevo. Aunque no por ello dejamos de disfrutar de las novedades. Es una ambivalencia que podrá encontrarse en fans de cualquier otra música que haya pasado por el mainstream. Nadie debería sentirse culpable por disfrutar de lo mismo una y otra vez. No obstante, la crítica que subyace en Retromanía no mira hacia lo que se repite, sino a todo aquello que ha dejado de inventarse.

En su paseo por los estilos e industrias que van de la segunda mitad del siglo XX hasta nuestros días (country, blues, rock and roll, psicodelia, punk, dance, post-punk, techno), el autor británico expone de forma sencilla y exhaustiva los ciclos creativos por los que la música de masas ha pasado, y que han ido acompañados, a su vez, por constantes reiteraciones de géneros pasados (folk británico, hair metal, brit-pop, R&B, garage, power pop). Este péndulo, sin embargo, se ha parado en uno de sus extremos, y donde antes había creación y repetición musical ahora sólo tenemos cantidades ingentes de lo segundo. Bandas que recuerdan a otras, estilos que mezclan otros existentes, música desenterrada con un leve lavado de cara. Sobran ejemplos, y faltan excepciones.

Por supuesto, este estancamiento no se limita sólo a los géneros musicales. Lo tenemos también en los musicales de bandas enterradas, en los tributos, en las recopilaciones, en las giras de conmemoración, los remasters, en las reuniones y en las despedidas. Incluso en las propias críticas musicales, que recurren a comparaciones con lo existente, en lugar de inventar nuevos nombres, metáforas o etiquetas. Y, cómo no, la tendencia desborda lo musical para encontrarlo en prácticamente cualquier área artística. En las películas con sabor ochentas, en la recuperación de segundones que se convierten en figuras de culto, en los maratones cinematográficos con sabor revival, en la vuelta de series míticas, en la moda, en los museos, en los cómics, en los documentales, en las biografías.

En su afán por abarcar tanto terreno como sea posible para construir sus argumentos, a Reynolds a veces se le va la mano con los ejemplos, con los casos particulares a los que dedica más espacio del necesario. Son muchos años recopilando datos y escribiendo artículos, por lo que no es de extrañar que al autor le resultase fácil echar mano de todo ese material, y muy difícil filtrarlo adecuadamente. Por eso, si bien es cierto que estas historias-dentro-de-la-historia contribuyen a entender mejor contextos y corrientes, son a veces pesadas y entorpecen la narración más de lo que la esclarecen. Por contra, las incursiones teóricas que hace el autor a la hora de explicar las tendencias retromaniacas de nuestra sociedad constituyen los puntos más robustos del tomo.

Incursiones teóricas de las que Reynolds se sirve para hacer valiosas distinciones entre conceptos aparentemente intercambiables. Así, por ejemplo, vemos la diferencia entre lo retro y lo vintage, o sea, entre movimientos que verdaderamente rinden pleitesía al pasado (y pretenden instalarse en él) y los que lo escarban como quien extrae recursos de una mina. O la diferencia que se hace extensible al arte (innegociable, necesario, profundo) y a su correlato comercial, la moda (desechable, dependiente, superficial). Asuntos que pueden resultar superfluos para mucha gente, pero que en el contexto de Retromanía marcan la distancia entre lo retro como apuesta vital o como mera elección estética.

¿Está, entonces, todo inventado? El paisaje que cartografía Reynolds está lleno de nada, y nadie podría culparnos de caer en el desánimo. Con todo, Retromanía no debe entenderse como una llamada a tirar la toalla, sino a recoger el guante. A mirar en otros países, en otras culturas. A probar con otros instrumentos y otras combinaciones. Lo que está fuera de discusión es que la próxima música que haga temblar nuestros pilares estéticos y sociales -igual que lo hicieran el jazz, el rock o el disco- no vendrá de un refrito del pasado. El futuro está ahí adelante.


Lo mejor: la capacidad del autor para discernir entre conceptos y movimientos que se solapan a veces y se confunden a menudo.
Lo peor: no contar con más autores con la clarividencia teórica y narrativa de Reynolds.


Julen Figueras
Apasionado de la música, de la política, y todo lo que las atraviesa. Aunque el rock pueda con todo, disfruto tanto con el soul como con el blues, con el metal como con el pop. Abogado del diablo. Defensor de pleitos pobres. Todavía empeñado en encontrar esperanza en el rock y en la palabra como armas para la subversión.
Si no quema, no es arte.

También escribe sobre música y feminismo para Pikara Magazine.
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Entrada publicada en Juicios Injustos.

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