Olvida lo aprendido: THE BABOON SHOW en Estocolmo

En el muy discutido y ya descatalogado Manual de estilo para reseñas de música en vivo, se prescribe de forma pormenorizada cómo hay que hacer una crónica de un concierto. Tal y como asegura su contraportada, los consejos y líneas maestras ofrecidos en este librito son el abecé de “toda reseña que aspire a la eternidad”, y no seguirlos nos expondrá a crear textos “desordenados, exagerados y alejados de la realidad”.

El manual, dividido en diez partes con sus diez mandamientos del buen cronista, incluye imperativos como “no salgas de casa sin libreta y bolígrafo”, o “asegúrate un sitio cómodo desde el que poder ver el espectáculo sin distracciones”. Cuando llegué a una abarrotada Slaktkyrkan, con el tiempo justo y sin libreta ni bolígrafo, me dije que con The Baboon Show habría que hacer una excepción, y que no seguiría ninguna guía establecida. Una decisión acertada porque, si alguien quiere de verdad ser parte en un concierto de The Baboon Show, sobran anotaciones, todas las distracciones son bienvenidas, y no hay sitio más cómodo que el del tumultuoso gentío en constante pogo, donde los empujones van de suyo. Sí, los de The Baboon Show son conciertos de punk, y ahí no hay manual que valga.

Si tuviésemos que seguir al pie de la letra las enseñanzas de ese decálogo del periodismo musical, y asumiéramos su aforismo introductorio de que “una crónica musical debe ser una narración fiel de lo vivido”, las fotos del bolo de The Baboon Show tendrían que estar todas movidas, irían salpicadas de cerveza, y los brazos en alto taparían buena parte de la instantánea. Al texto, por su parte, le faltarían todos los puntos y las comas, estaría escrito de corrido e iría, eso sí, cargado de signos de admiración, mayúsculas gritonas y negritas intensas.

Por eso, en lugar de escribir “la banda sueca The Baboon Show empezó su concierto a las 23:30”, que no daría ninguna información, habría que gritar “¡BABOOM!”, y acompañar la onomatopeya con una serie de flashes inconexos y epilépticos. Cecilia tirándose sobre el público y haciendo crowdsurfing hasta la barra del bar (y vuelta). Las crestas, los brazos en alto, la cerveza desparramada. Los acordes de guitarra rápida. El ambiente propio de una okupa. Un stand de merchandising agotando existencias. Luces rojas. “Girls to the front” tatuado en el brazo.

Me sonrojo al releer la entradilla del tercer capítulo del manual, donde se sentencia que “un cronista que no conoce a su banda es un cronista incompleto”. Reconozco haber descubierto a The Baboon Show hace apenas unos meses, y caer rendido completamente con Radio Rebelde, puede que su mejor disco hasta la fecha. Fui a su concierto sin mucha información, pero volví a casa mucho más sabio: canciones cargadas de munición que hablan de pueblo roto y banqueros avariciosos, desempleo endémico y necesidad de lucha.

Un bolo de The Baboon Show es una revuelta musicada, y eso contraviene una de las reglas de oro del Manual de estilo para reseñas…, que es que “igual que al sentarse a cenar, la política y la religión deben quedar fuera de las crónicas musicales”. Completamente imposible porque, incluso aunque un bajo nivel de inglés permita ignorar las letras pendencieras y sacrílegas, los puños en alto son una constante, y las poses y gestos de Cecilia, que lidera a las masas como un Ronnie James Dio convertido en riot grrrl, sólo pasarán desapercibidos para los ignorantes por decisión propia.

Y, sobre todo”, acaba el texto, “no hay que olvidar que son los hechos y no las emociones personales lo que importan a la hora de contar lo sucedido”. Y ahí quedé definitivamente desarmado, porque no sé cómo maquillar la reconfortante alegría de ver esos cientos de gargantas en comunión, cantando temas que no llevan en la calle ni una semana recitados como si fuesen parte del acervo punky sueco desde hace décadas. Es la magia de The Baboon Show: no te hace falta ni medio minuto para sentir que conoces la canción, ni un minuto para que se convierta en un himno.

Entonces entendí que tenía que dejar de leer el Manual de estilo para reseñas de música en vivo. A la mierda las convenciones. Por mucho texto y muchas fotos que veas, si no has estado en un concierto de The Baboon Show, no habrá crónica que te lo compense. La música de The Baboon Show no hace falta explicarla ni contarla, porque se explica sola y se autodestruye al final de la noche. Es una hora y cuarto de perfecto (sucio, ruidoso) punk-rock que no deja un segundo entre canciones ni pierde el tiempo en impostados juegos con el público. Hora y cuarto que se pasa como un suspiro y te atraviesa como un rayo.


The Baboon Show estarán en España presentando Radio Rebelde en las siguientes fechas:

11/10 Barcelona, Razzmatazz 2
12/10 Pamplona – Iruña, La Zentral
13/10 Vitoria – Gasteiz, Jimmy Jazz
14/10 Palma de Mallorca, Sa Possesio

Julen Figueras
Apasionado de la música, de la política, y todo lo que las atraviesa. Aunque el rock pueda con todo, disfruto tanto con el soul como con el blues, con el metal como con el pop. Abogado del diablo. Defensor de pleitos pobres. Todavía empeñado en encontrar esperanza en el rock y en la palabra como armas para la subversión.
Si no quema, no es arte.

También escribe sobre música y feminismo para Pikara Magazine.
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