Del clamor del vinilo al silencio del CD: cómo hemos llegado hasta aquí

En la enésima feria del disco a la que asistí en Bilbao pude apreciar tendencias que, progresivamente y en los últimos tiempos, ya venía advirtiendo en pequeños detalles. En esta ocasión la sensación se hizo más patente que nunca cuando, durante el tiempo que estuve trasteando por los interesantes puestos que se habían apostado en la mítica iglesia de Bilborock, la nota dominante era la soledad del único estandarte del CD en favor del vinilo. Ello, sumado a mis recientes experiencias vividas por las tiendas físicas de ciudades de Italia, que anteriormente ya había observado en las de otros países, me ha llevado a ciertas reflexiones. Y es que la enfermedad grave que se ha enquistado en el CD no degenerará en una muerte inminente, pero tampoco parece que existan medicinas que propicien una curación definitiva.

Evidentemente los síntomas tienen muchas causas. Cualquier análisis sobre la mutación del negocio de la distribución de la música, desde el formato físico hacia el digital, se convierte en un proceso complejo y con demasiadas aristas en las que profundizar. Y eso sin olvidar la desafortunada realidad que nos muestra cómo la música ha dejado de ser un acontecimiento social y cultural para el disfrute personal y colectivo, y se ha escurrido por la alcantarilla de las cosas banales y sin valor.

Pero aunque todas esas cuestiones, y muchas otras con similar trascendencia, influyan inevitablemente y estén relacionadas con el tema de esta exposición, tienen más importancia en la venta de masas que en la de un mercado específico. En este texto, en cambio, el planteamiento es elucubrar alrededor de algunas tendencias que tienen más relación con aquellos que han pasado ciertos filtros y comparten la idea del coleccionismo musical como forma de vida.

Regenerando un formato moribundo

En el mercado del coleccionismo parece un hecho que la decadencia del CD ha dado paso a la regeneración del vinilo. Y, sinceramente, no le guardo ninguna estima a un formato creado por las discográficas de los 80 para vender más y abaratar costes. Que, además, nos vendieron como un atractivo paquete de presunta comodidad, mejor sonido y más fácil de ubicar en espacios reducidos. Aun así, tengo que reconocer que, una vez pasado su apogeo y caminando descalzos entre cristales en los últimos pasos de su procesión de semana santa, me genera cierta nostalgia.

Puestos de vinilos en la feria del disco con interés permanente

Al fin y al cabo, prejuicios a parte, el coleccionista musical se rodea de una serie de fetichismos emocionales donde importa más el cómo, el cuándo, el dónde y el con quién, que el propio contenido musical y su formato. Y es verdad que cualquier formato físico ha sido creado con cierto esmero (portadas, letras de las canciones…), siendo valores intrínsecos que forman parte de la obra. Pero no es menos cierto que esa parte estética, el empaquetamiento, en cierto modo hasta la coartada, no suele ser determinante para la mayor parte de los coleccionistas.

Ese proceso de regeneración suscita algunas preguntas que no parecen tener respuesta, o que, teniéndola, preferimos desconocer. Y aunque es obvio que existen opiniones para todos los gustos, la realidad es que estamos imbuidos en una transformación tras la que pareciera haber “un ente desconocido, o un poder fáctico” operando calculadamente con el objetivo del regreso de un vinilo que, por otra parte, nunca ha dejado de existir.

Incluso los amantes de las teorías conspiratorias también son de la opinión de que este nuevo cambio es para obligarnos a recomprar toda la colección. Supongo que este último punto se propagaría más por la propia inercia del ideario del coleccionista, que tiene cierta tendencia a recomprarlo todo, que por el objetivo en sí mismo. O no, y el proceso, hasta en esa variable, está perfectamente calculado.

El caso es que, independientemente de especulaciones, bien por cualquier presunta maquinación, bien por simple movimiento estratégico empresarial, era necesario reinventarse. Y, en los últimos tiempos, he podido comprobar cómo, en su gran mayoría, las tiendas físicas, a medida que ha ido aumentando la venta del vinilo, han ido apartando el CD.

En mi mencionada visita incursión italiana, de diecisiete tiendas de discos visitadas, sólo en dos predominaba el CD. Y ambos eran, casualmente, locales de venta de segunda mano o de venta diversificada (complementando su oferta con libros y DVD). En casi todos los locales especialistas el vinilo era el único formato a la venta. Y, en las pocas en que se exponían CD, su presencia era prácticamente residual; como si se vendieran hasta agotar existencias.

Lo que queda del mercado del CD en la feria del disco

En definitiva, un proceso que ya viví revertido a principios de los 90. Pero, si en aquel momento la transición la sobreviví con auténtica desesperanza, en la actualidad, el cambio, lo estoy viviendo con total escepticismo. Supongo que algo tendrá que ver mi sectarismo hacia las virtudes del vinilo.

En este escenario empieza a cobrar fuerza también la teoría de que el mercado es cíclico, y que es más que presumible que en pocos años el CD pase a ser una pieza importante de colección y que resurja a precios desorbitados, igual que ha pasado ahora con el formato clásico. Y es que en el desarrollo de la fase en que estamos sumergidos, tengo la sensación de que los precios han ido marcando el resultado final del proceso.

El ascenso del vinilo en cifras

Voy a intentar explicar mi teoría con números, obviamente según mis experiencias en las compras. Aunque, antes de la exposición, quería dejar clara unas pautas para su total comprensión. Y es que en un mercado atestado de estrategias empresariales, pueden coexistir múltiples variables. Y, por mi parte, garantizar los números resulta poco menos que imposible. Por ejemplo, no pueden compararse las compras en tienda física, en grandes almacenes, en internet o en una feria, teniendo como tienen distintos costes y márgenes de beneficio. Como tampoco son equiparables los precios de la música en distintos países. Lo que intento transmitir es que cualquier número expuesto con rotundidad es susceptible de rebatir. Por eso quiero dejar claro que es más importante señalar las tendencias que las cifras en sí mismas.

El vinilo de 180 gramos (el vinilo de nuevo cuño) rondaba, a comienzos de esta década, un precio de entre 20 y 25 euros en nuestro país. Y esos números se han ido manteniendo hasta la actualidad. En aquel momento, el mercado del vinilo de segunda mano manejaba precios que oscilaban entre los 4 y los 10 euros (obviamente, dependiendo del estado y de la edición, podía haber precios menores o mayores).

Por su parte, el CD nuevo, de novedades y mercado normal, era habitual comprarse entre los 14 a 16 euros (es necesario aclarar que después de algunos meses y vendidas las primeros miles de copias, existe una bajada de impuestos. Y los comercios reducían a 6-8 euros, discos que hacía unos meses costaban 15). De la misma forma, el mercado de segunda mano también tenía una horquilla menor, con precios de entre 3 y 8 euros (excluyendo rarezas cuyo mercado se rige por otras lógicas).

Data Records 93, Florencia

Pero, en la actualidad, el aumento de las ventas del vinilo ha hecho que todo el mercado se encarezca para cerrar todo ese proceso de mentalización. Como decía, el vinilo nuevo se ha estancado. Pero es curioso comprobar cómo el precio, en el mercado de segunda mano y en los últimos dos años, cotiza al alza hasta llegar a los 15 euros. Y, por su parte, el CD nuevo ha subido casi hasta equipararse al vinilo de 180 y 200 gramos. Por lo que no es extraño que, haciendo caso al marketing que pregona que el LP es una figura de más calidad, más duración y de más prestigio, los coleccionistas se aferren a sus virtudes y abracen con más fuerza el renacido formato. Esta parece la teoría, pero en la práctica la lógica parece aplastante: ¡Para qué comprar un CD si el vinilo casi está al mismo precio!

Y, además, esto también ha arrastrado sospechosamente al mercado del CD de segunda mano, que también ha subido hasta unos 13 euros de media en estos dos últimos años. Lo que hace pensar cómo, en su desarrollo, se han ido moviendo los precios hasta llegar al resultado final presuntamente buscado. Aunque también existe la posibilidad de que no haya sido buscado y sí encontrado. Todo es posible con los vaivenes producidos por la irrupción de las nuevas tecnologías.

Coleccionismo para ricos

Sea como fuere, el factor de cambio de mentalización hacia el formato vinilo es la única realidad. Lo demás, incluidas estas teorías, son pura especulación. Y siempre hablando en toda la amplitud de un mercado musical con su diversidad de géneros. Así, por ejemplo, en estilos muy concretos como el aor y rock melódico no se ha producido ese proceso de cambio. Tampoco las discográficas que trabajan esos estilos han apostado por el formato vinilo, quizá porque el coste de producción sería inviable para su reducido mercado. Así que algunos nos preguntamos qué sucederá en los próximos años con la distribución de la música en esos estilos si definitivamente desapareciera el formato CD.

La nueva era es un hecho entre los pocos o muchos, según se mire, que todavía forjamos sueños de coleccionismo. Pero eso no cambia que, para tratarse de material cultural, los precios del formato físico son abusivos. Sin embargo, vengo observando que entre los coleccionistas ya se ha instalado esa barrera psicológica de los 25 euros como un precio más que justo. Como si fuera el punto de partida. Y eso me hace pensar que el mercado del coleccionismo va a ir mermando hasta el puro elitismo y sólo lo van a mantener coleccionistas de un nivel económico alto.

En el horizonte se presentan señales de un inminente aumento en los precios del vinilo. Y la situación se puede hacer insostenible. Pero también es de suponer que los mecanismos defensivos que guardan los grupos empresariales sean lo suficientemente solventes como para adaptarse a cualquier nueva situación.

Veremos qué nos deparará el futuro, pero sistemas como el streaming ha llegado para quedarse. A los menores de 25 años parece imposible pedirles que paguen por el formato físico porque no tienen hábito ni, en general, le otorgan ningún valor. Y lo lógico es que, en pocos años, todos aquellos que nacimos y vivimos con esta pasión, vayamos cayendo por el camino, y la música, escuchada como formato físico, llegue a su fin. Creo en un futuro con chips minúsculos que se carguen de contenidos con vaya a saber usted qué. Mientras no llegue ese momento, a seguir disfrutando de nuestras pasiones. Y, por qué no, a seguir alimentando nuevas teorías.

Jesús Mujico
Catedrático en ignorancia pero con una inmensa capacidad para enmascararlo, nace con un tercer pulmón llamado Rock y la distorsión de unas notas de guitarra eléctrica son su oxígeno. Todo lo que rodea al negocio y la complacencia de sus seguidores son su anhídrido carbónico. Su deporte favorito: tiro a las conciencias. Dada su pasión y visceralidad pocas veces da en la diana, pero suele dejar daños colaterales.

Hasta su despedida en julio de 2016, se le ha podido escuchar en radio, en su programa Galaxia del Rock: Una modesta escuela de rockeros del mañana.
Jesús Mujico on Facebook
Entrada publicada en Radiografías.

Podrían interesarte:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

20 + 10 =

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.