Guitarras en el templo del saber: ROCK & METAL ENCOUNTER 2018

Si un árbol cae en mitad del bosque, la pérdida es siempre inconmensurable. Da igual que haya caído en soledad o frente a cientos de ojos. De la misma forma, con salas medio vacías o con toda una facultad abarrotada, el Rock & Metal Encounter es un evento discreto con la importancia de un hito.

Para quienes disfrutamos de la música no sólo a través de su escucha, sino de su lectura y teorización, esta cuarta edición de los Encounter jienenses fue una experiencia sin par. Adjetivos como “excepcional”, “histórico” o “único” parecen hipérboles que aterrizan en la realidad al preguntarnos cuántas oportunidades como ésta hemos tenido en España hasta ahora. La respuesta es “ninguna”.

Por eso, viajar a Jaén (aunque quedara lejos, aunque fuera un viernes laborable) para escuchar las ponencias de gente que vive y piensa la música era prácticamente una obligación. Un sentimiento compartido no por demasiada gente, en todo caso: en el Salón de Grados C1, no estaríamos más de una docena escuchando las interesantísimas ponencias que vendrían a lo largo del día.

La letra

Como un chute de cafeína mañanero, Julio Ángel Olivares Merino (profesor en la propia Universidad de Jaén) nos presentó un estudio centrado en la banda Die Kunst Der Finsternis, desconocida para la mayoría de asistentes. A pesar de lo atrevido del tema y del título, Olivares dio una clase en la que demostró su talento como docente: la música puede leerse en su imaginería, en sus letras e incluso entre líneas. Así, encontrar los cabos que atan a una banda de horror metal con la literatura vampírica o el cine de terror nos ayuda, también, a dotarnos de herramientas con las que entender otras músicas que nos queden más cerca.

Un ejercicio parecido hizo Laura Blázquez Cruz, pero de una música mucho más conocida. Incidiendo en la imagen y letras de Slipknot, la también profesora de la misma Universidad trazó los paralelismos que se pueden encontrar entre la banda y la contracultura norteamericana de los años setenta. De esta forma, una banda que parecía hacer de su puesta en escena una extravagancia para captar la atención del público adolescente, se nos descubre como portadora de toda una tradición (la de la pesadilla americana de Vietnam, magnicidios y slashers) que ya no podremos ignorar.

Los cafés de media mañana, acompañados de tarta y de una exposición fotográfica a cargo de cuatro profesionales (Irene Serrano, Unai Endemaño, Irene Bernad y Rubén Montejo), nos servían para asimilar lo escuchado y para extender las formas en las que vivimos la música: en las imágenes que colgaban de la pared y en las conversaciones con ponentes y asistentes, que se repetirían a lo largo de todo el fin de semana.

Fernando Galicia Poblet, presentando “True minutes to midnight: autenticidad, heavy metal y siglo XXI”

De dos estudios de bandas pasamos entonces a asuntos más generales pero igualmente interesantes. Fernando Galicia Poblet, el primer doctor que ha tratado el heavy metal y se dedica a él en España, nos habló del concepto de autenticidad como uno de los pilares que sustentan nuestra música. Término discutible y discutido, la autenticidad fue presentada desde una multiplicidad de perspectivas (como actividad performativa, como herramienta de subjetivación o incluso de exclusión), más y menos académicas. Y, como suele ocurrir en los buenos debates, la ponencia del autor de Inoxidable dejó menos afirmaciones categóricas que dudas sin resolver y nuevas vías desde las que pensar el tema.

Ésa sería la tónica también en las ponencias de los amigos llegados de Latinoamérica. El primero de ellos, Alfredo Nieves Molina, venía desde la Universidad Nacional Autónoma de México para hablarnos del pogo, de la contracultura y de la escena del heavy metal en las periferias de la Ciudad de México, con una ponencia reveladora en todos los sentidos. Así funciona la academia: donde sólo veíamos una acción aleatoria, ahora vemos un movimiento de cuerpos en rebelión, una danza que intenta desprenderse de siglos de opresión. Nunca más un mosh-pit sin acordarnos del profesor Nieves Molina.

Proveniente del área antropológica de la misma Universidad, la eminencia Rafael Pérez-Taylor centraría su ponencia en la música progresiva más desconocida. Afirmó detestar a grupos como Yes, y alabó en su lugar a las bandas que usan su música para hacer frente al poder (¿se dejó alguien sin apuntar “Rock in Opposition” en su libreta?). Definió la música culta como “música de las distancias”, y defendió la necesidad de un virtuosismo dirigido a romper marcos preestablecidos a través de bandas como Arena o Peter Sinfield.

Nelson Varas-Díaz presentando su proyecto documental sobre el heavy metal decolonial

El virtuosismo, sin embargo, no engancha a todo el mundo por igual. Lo sesudo, lo muy pensado, produce cierto rechazo en el “gran público” y, a pesar del altísimo nivel de las charlas, el Salón de Grados seguía sin llenarse. Venía entonces una de las mejores ponencias del día, con un preaviso que encajaba en el momento como un guante: “hago documentales porque a la gente no le gusta leer”. Nelson Varas-Díaz llegaba desde Florida con un proyecto centrado en el heavy metal decolonial, y su aportación fue tan imprescindible que sólo puedo recomendar que veáis y admiréis su trabajo audiovisual disponible de forma abierta, y su trabajo imprescindible con el Heavy Metal Studies Latinoamérica.

Su ponencia nos dejó un montón de material para la reflexión, nos advirtió de los peligros de dar por buena la “reflexividad irreflexiva” del metal convencional, del equívoco de entender como folk-metal todo aquel metal difícil de clasificar y con algún instrumento exótico en él, y nos dio las claves para entender, sin caer en fórmulas paternalistas ni fetichismos, lo que es el heavy metal decolonial. Para los medios de comunicación que aspiramos a un mundo más justo, otras recomendaciones: destruir epicentros, hacer las preguntas adecuadas, resaltar las músicas que hay en las periferias.

En contraste con unas ponencias académicas, teóricas, de preguntas abiertas y búsqueda de saber, la nota polémica la daría el director de la promotora Madness Live! Juan Antonio Muñoz. Con un lenguaje corporal que traducía en gestos el mensaje de su charla, Muñoz mostró el lado práctico de la industria, dejó afirmaciones categóricas (recordaremos para la posteridad que “esto es como las lentejas” y que para él “la escena no existe”) y defendió un modelo de negocio que hace mucho dinero porque todo el mundo trabaja por dinero. Usando esa lógica igualadora, quedó la sensación de que el templo del saber del que una vez habló Unamuno se convertía de repente en el edificio de la Bolsa, donde las palabras tienen menos interés que los números. A veces, sin embargo, hace falta que una persona venga a ejercer de antagonista para reafirmarnos en nuestras propias convicciones. Y el empresario Muñoz, a quien hay que agradecerle el esfuerzo y el arrojo de exponerse a críticas cuando otros muchos no se habrían atrevido, fue el contraste necesario de una jornada impecable.

Juan Antonio Muñoz y su presentación de “Mercados, estrategias de negocio e industria musical”

Con algo de retraso tras una ronda de preguntas que se alargó en proporción con el nivel de indignación generado mientras escuchábamos a Muñoz, dio comienzo la mesa redonda de industria y medios. Demasiada gente, demasiadas preguntas y muchas cosas que se quedaron en el tintero en el momento del día que más gente aglutinó. Sería injusto cargar las tintas contra las personas que integramos la mesa, porque no tenemos la experiencia o conocimientos que harían falta para un debate fluido, constructivo y directo al grano.

Hubo, sí, buenas intervenciones y reflexiones valiosas en torno a experiencias personales (especialmente las que compartieron los y las artistas participantes). Sin embargo, la sensación que me quedó desde la mesa fue la de que algunas personas se quedaron con ganas de decir dos o tres verdades, que otras se callaron información valiosa que podría haber ayudado a desarrollar los temas; y, en general, que éramos demasiado conscientes de que el debate lo estaba escuchando mucha gente y que había más que perder que ganar. En ese sentido, pareció una oportunidad perdida (o pospuesta) para llegar a puntos en común en una escena que, como bien afirmó el músico mexicano Francisco Gatica, está demasiado desunida.

A unas horas de la noche en la que ya nadie tenía fuerzas para prestar atención, Marcela Bovio se las apañó para dar una charla amena en la que nadie quitó ojo. Nos contó su trayectoria de tumbos y trabajo duro hasta recalar y hacer carrera en Holanda, con la sencillez de quien no ha hecho nada para merecer tanta atención por nuestra parte. Pero su relato fue magnético, y casi como una broma con la que finalizó la jornada, nos dio una masterclass de growl que nadie olvidará.

La música

Puede que haya cierto grado de ironía, pero desde luego ninguna sorpresa, al constatar que los conciertos del sábado, coartada musical para la jornada académica, aglutinó a mucha más gente que el día anterior. Quizá sea razonable admitir que, en lugar de hablar sobre las posibilidades que las bandas nuevas tienen de sustituir a los resistentes dinosaurios, es más efectivo montar un cartel que responda a la pregunta de forma contundente.

Fueron siete las bandas que pusieron banda sonora (a veces en primer plano, otras al fondo de conversaciones demasiado relevantes como para dejar a medias) a la jornada musical del Encounter. Siete bandas de menor y mayor renombre que, cada una a su forma, confirman el buen estado de la música española. Igual que las ponencias del día anterior, la música reflejó la comunión en la que se puede vivir la diversidad dentro del rock y el metal.

Buensuceso

Disteis poca caña en la mesa redonda”, nos dijo la moderadora Paz Madrid, con mezcla de alivio y lamento. Pero la caña llegaría en decibelios, y no palabras. Muchas horas bajo un sol sofocante que obligaron a buscar y crear sombras pero no a parar la música. Con prácticamente todo empezando a su hora, Buensuceso abrió el cartel con su metal atmosférico con ramalazos sludge.

Por su interesante propuesta, se oían entre el público comentarios intentando cartografiar su sonido: “Tienen un aire a Toundra”, “el cantante me hace acordarme de Mastodon”, etc. Habría quien no entendiese o disfrutase del quinteto local, pero el respeto era total. Como más adelante diría Jaime Moreno, frontman de The Electric Alley, “todos y todas estamos en el mismo barco”, cosa que se traduciría en la enorme variedad estilística vivida sobre el precioso escenario de la Plaza de los Pueblos.

Tendríamos, a medida que el sol cruzaba el cielo, bandas de propuestas más atrevidas y otras de corte ortodoxo. Entre las primeras, el death metal de Moonloop, cuyos tintes progresivos amortiguaban la tralla disparada. Los jienenses El Gran Oso Blanco dejaron también la certeza de que pueden hacerse cosas muy interesantes saliéndose de las líneas que marcan estilos y géneros, ¡y en español! Aunque, si hubo una banda que se llevó mayor atención fue Bones of Minerva, cuyo personalísimo sonido cautivó e hizo pasar por el stand de merchandising a un buen puñado de asistentes.

En el extremo más conservador quedarían el stoner Elephant Riders y el heavy metal de Witchtower. Incluso para quien más busque lo novedoso en la música es agradable volver de cuando en cuando a los básicos, y a eso ayudaron las dos bandas de media tarde y la que cerraría la templada noche. The Electric Alley, ya con un público generoso y con iluminación que aprovechaba la oscuridad, nos devolvieron a los esquemas sencillos y a los estribillos sin secretos. En otras palabras, al rock festivo para el que parece que no hace falta reflexionar. Con Turning wheels recién salido de la fábrica (de éste también se vendieron unas cuantas copias), la banda gaditana cerró una noche perfecta con un reproche en forma de recordatorio: “nos han llamado ya dos veces de la Universidad de Jaén, pero ninguna de la de Cádiz”.

Bones of Minerva

Lo que no se dijo es que, para que la Universidad de Cádiz o de cualquier otra ciudad española llame a una banda de rock, necesita el arranque de personas como Susana González. Gracias a ella, la Universidad de Jaén pasará a los libros como la primera en promover unos encuentros académicos con el rock y el metal como objeto de estudio, tan respetable y necesario como la Zarzuela, el arte de Velázquez o los poemas de Bécquer.

Para que el campo siga ensanchándose, para que las salas de conferencias se queden pequeñas y las jornadas se conviertan en cursos completos, hace falta unir fuerzas. ¿La Universidad de Oviedo, donde allá por 2014 se impartían cursos en la llamada aula de Música Pop Rock? ¿La Universidad Complutense de Madrid, donde el propio Galicia Poblet montó jornadas de heavy metal hace ya un decenio? ¿La Escola Superior de Música Jam Session de Barcelona, que ha sacado adelante la primera “Universidad del rock”?

Foto de familia del Rock & Metal Encounter

Las posibles alianzas son todavía poco probables, pero inevitables de cara a un futuro en el que academia y heavy metal se puedan entender en la misma frase. Al menos en España, pues ésta es ya una realidad en otras partes del mundo. El trabajo de Susana, con la inestimable colaboración de los compañeros llegados de las Universidades de Florida y México nos muestra el camino.

Entretanto, nos quedamos con unas jornadas (“históricas”, “inolvidables”…ponedle los adjetivos que sean) en las que pudimos presenciar un pequeño fenómeno milagroso, como una rosa crecida del asfalto. Poder hablar y pensar la música; cruzar el rock y el heavy metal con las ciencias sociales; contraponer los negocios del capital con las reivindicaciones por la tierra y la memoria. Y, sobre todo, tender puentes, plantar semillas, y conocer a gente que parecía que no existía y resultó ser imprescindible.

Fotos del viernes: Rubén G. Herrera
Fotos del sábado: Rubén Montejo

Julen Figueras
Apasionado de la música, de la política, y todo lo que las atraviesa. Aunque el rock pueda con todo, disfruto tanto con el soul como con el blues, con el metal como con el pop. Abogado del diablo. Defensor de pleitos pobres. Todavía empeñado en encontrar esperanza en el rock y en la palabra como armas para la subversión.
Si no quema, no es arte.

También escribe sobre música y feminismo para Pikara Magazine.
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Entrada publicada en Encuentros, Inclinaciones.

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