ÓPERA ROCK: los rasgos de un género singular en la obra Nostradamus

En este texto de libre publicación, el autor Gabriel Lezcano analiza la ópera rock de Nikolo Kotzev, Nostradamus, comparándola con un clásico operístico y trazando así diversos paralelismos que hacen de la ópera rock un género particular. Lezcano, amante de Deep Purple y de Iron Maiden tanto como de Wagner y de Verdi, es además profesor de canto, director de coro y tenor profesional. 


En este artículo tengo la intención de explicar, a grandes rasgos, cuáles son las características de una ópera rock y por qué considero que la obra Nostradamus de Nikolo Kotzev es un ejemplo de ello. Son muchas las bandas que intentan hacer propio este género, con pocos o ningún fundamento: My Chemical Romance con su The black parade, la mayoría de álbumes de Ayreon, o los intentos (fallidos a mi entender) de Avantasia. Incluso otros como el álbum de Judas Priest titulado también Nostradamus, o clásicos como The wall de Pink Floyd o Quadrophenia de The Who, siendo unas obras maravillosas, no podemos afirmar que sean óperas rock, sino discos conceptuales. Esta frontera entre el disco conceptual y la ópera rock se traspasa un tanto a la ligera sin tener en cuenta que la ópera rock es un género en sí y, cómo todo género, aunque siempre tienda a la transgresión del mismo, debe sentar unas bases y paralelismos para configurarlo, y poder entender el porqué de esta nomenclatura.

Para poder comprender las bases sólidas de esta particular nomenclatura, vamos a comparar Nostradamus, la obra del genio búlgaro, con una ópera del periodo romántico, de uno de los más importantes creadores del género: Il trovatore (1853) de Giuseppe Verdi.

Antes de mencionar aspectos técnicos o de estructura, debemos tener en cuenta que en la ópera se cuenta una historia por medio de la acción y el diálogo entre personajes siempre con un fin escénico. Il trovatore es una ópera que tiene como referencia la obra de teatro de Antonio García Gutiérrez El trovador y sobre la que Salvatore Cammarano adaptó el libreto operístico (el guion), mientras que la música y adaptación de texto fue realizado por Verdi. En Nostradamus, la obra está basada en el personaje de Nostradamus y adaptado por Kotzev tanto en las letras como en la música, y la música tiene también un fin escénico, aunque por diversos motivos no tuvieran el éxito esperado. En resumen, las dos composiciones nos cuentan una historia cohesionada por los textos y la música, todo tiene un sentido narrativo. El hilo argumental es fundamental para comprender los pasajes musicales de cada obra.

Los aspectos técnicos de la ópera rock

En el aspecto técnico, lo primero a tener en cuenta es la formación en Nostradamus. Al igual que en la de Verdi, en la obra de Kotzev hay un director, una orquesta, un coro y cantantes solistas. Hasta aquí habría una formación clásica de ópera. Es con la introducción de una banda de rock dónde reside el punto de modernidad (el propio Kotzev guitarras y violín, Mic Michaeli teclados, John Levén bajo, Ian Haugland batería). La combinación de una formación clásica de orquesta y una banda de rock que cohabitan con naturalidad en una misma composición (sin los artificios forzados que muchas otras bandas intentan debido a un ansia de acercarse al género sinfónico u operístico, normalmente sin éxito) supone un punto de unión entre los géneros. Muchos compositores de ópera (sobre todo en los siglos XIX y XX) intentaron renovar el género adaptando nuevos instrumentos de forma natural en sus obras. En Il trovatore por ejemplo, Verdi utiliza yunques a modo de percusión para su célebre “Coro de gitanos”.

La importancia de los coros es fundamental en las óperas románticas. Hay secciones en las que el coro es el único protagonista, como el ya mencionado “Coro de gitanos” de Il trovatore, y en las que el pasaje coral trasciende a la obra (el célebre “Va pensiero” de Nabucco, también de Verdi, sería otro ejemplo). En la obra de Kotzev el coro es un protagonista más y tiene pasajes dedicados a sus voces, como el de “The eagle” o el de “War of religion” en los cuales se puede apreciar el cuidado en la composición de la masa coral por parte de Kotzev.

Jorn Lande, el Inquisidor de “Nostradamus”

Por otro lado, los solistas en las óperas suelen ser tres o cuatro y se consideran solistas a aquellas voces que tengan un aria en la que sólo cante determinado personaje. En Il trovatore tenemos a Leonora (soprano), al Conde de Luna (barítono), a Manrico (tenor) y a Azucena (mezzosoprano). Siguiendo este parámetro, los solistas en nuestra ópera rock serían el Narrador (Doogie White) el Rey Enrique II de Francia (Glenn Hughes), Nostradamus (Joe Lynn Turner), y el Inquisidor (Jorn Lande). En este caso las voces femeninas de Anne Gemelle (Alannah Myles) y la reina Catalina de Francia (Sass Jordan) no serían propiamente solistas ya que comparten números o canciones con otros cantantes.

La particularidad de las voces masculinas del rock reside en que siempre suelen abarcar una tesitura tenoril (Ronnie James Dio, Bruce Dickinson, Rob Halford, Rusell Allen…); es decir, la voz masculina con más facilidad para los agudos (resumido para que se entienda). Esto no sucede en la ópera, en la que los personajes se “fabrican” en torno a su tesitura. Así, los personajes malvados o los ancianos suelen ser barítonos (el conde de Luna), el héroe o el personaje joven suele ser un tenor (Manrico) y los personajes oscuros o narradores suelen ser bajos (ocurre con el personaje de Ferrando en Il trovatore). Sin embargo, y aunque en Nostradamus todos los personajes masculinos son tenores, las características de cada voz, su timbre, su tesitura (nunca es la misma para todos los tenores, ya que en los tenores también existe una subdivisión), y su color de voz, entre otros, determinan al personaje que interpretan. Por ejemplo, Jorn Lande, cuyo color de voz más oscuro, interpreta al Inquisidor, al villano.

La estructura de la ópera rock

Siguiendo parámetros de unión entre estos géneros, y analizando la obra desde un punto de vista estructural, observamos que Nostradramus comienza con la típica obertura operística (una composición instrumental que ambienta la historia). Por su lado, Verdi, que siempre estuvo en constante renovación del género comienza su ópera con una breve introducción instrumental en la que, posteriormente, el personaje de Ferrando nos pone en antecedentes de lo que va a ocurrir. De todas formas, el de Il trovatore es más bien la excepción, ya que Verdi utilizó la fórmula de obertura instrumental en la gran mayoría de sus obras (La traviata, Un ballo in maschera, Nabucco…).

Otro punto de conexión entre ambas obras, y aspecto muy importante, es la utilización de “números cerrados”. Éstos son intervenciones de los personajes y situaciones sin continuación musical, en los que se expone o cuenta una situación. A esto se le llamaría aria en la ópera, o una canción en el rock, pero siempre con una línea argumental con respecto a las demás canciones. También existen los dúos, los tercetos, los pasajes corales (con o sin intervención de algún personaje protagónico) en las dos obras comentadas. El mismo Verdi (en sus posteriores óperas Don Carlos y Othello) y sobre todo Wagner (en la célebre tetralogía Das Reinhgold, por ejemplo) sentaron las bases para romper esta estructura y darle continuidad a la música sin interrupciones (sin tracks), característica que posteriormente se adoptó en el verismo (Puccini, Giordano, Leoncavallo…) y en las mayoría de las óperas posteriores del siglo XX y XXI.

Tenemos que tener en cuenta, siempre con respecto al hilo argumental, que las dos obras están dividas en actos, Il trovatore en cuatro (el segundo y el tercero serían el nudo narrativo debido a la extensión argumental) y Nostradamus en tres (la división clásica). Esta división es compatible con el planteamiento clásico de las narrativas: presentación (acto 1), nudo (acto 2) y desenlace (acto 3), que obviamente siempre puede variar en función de la historia y duración de la misma. En Nostradamus hay un epílogo final con la hermosa melodía de “I’ll remember you”. Añadir un epílogo final es propio de las óperas del clasicismo (Don Giovanni y Le nozze di Figaro de Mozart) a modo de resumen o moraleja, y no tanto de las óperas del romanticismo y posteriores que buscaban un efecto final impactante (este es el caso de perturbador final de Il trovatore).

La cohesión musical, es decir, el entramado compositivo de las dos obras, sería objeto de un estudio mucho más detallado y extenso. Los arreglos orquestales de Kotzev son dignos de cualquier compositor operístico y como ya he apuntado anteriormente, la introducción de instrumentos modernos no suena forzado ni sobra. Más bien a la inversa, los elementos orquestales contribuyen a una música con sentido y equilibrio, compositivamente magistral, que a efectos subjetivos puede agradar o no al receptor. Lo mismo podría pasar con Verdi y su Il trovatore, en menor medida y con un efecto de trangresión diferente: por ejemplo, en su célebre “Miserere d’un’ alma…”, el maestro de Busetto mezcla el género eclesiástico con las melodías operísticas.

Con todo lo expuesto hasta ahora podemos afirmar que el Nostradamus de Nikolo Kotzev cumple con las características de lo que llamamos ópera rock, un género a veces denostado al no tenerse en cuenta los parámetros que le dan sentido. Un género que une dos mundos musicales que realmente tienen más en común de lo que aparentan.

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