Alan Nimmo, KING KING o el blues que no cabe en doce compases

Cualquiera que haya tenido que lidiar con periodistas en algún momento de su vida sabe que las formas son clave a la hora de crearse una buena imagen. Sonreír, adular, regalar titulares y alguna que otra exclusiva están en el abecé de toda persona pública que busque vender un producto. Ésta es una habilidad que se adquiere con años y práctica, pero el líder de King King, Alan Nimmo, parece haber nacido con esa magnética simpatía en cuyos ojos se lee la palabra “honestidad”.

Pocas horas antes de su concierto en Madrid, Alan me recibe en el backstage de La Riviera, empapado en sudor y con ropa de calle. Ha estado montando el backline junto al resto de la banda, y enseguida harán la prueba de sonido. Al llegar a su camerino, se despatarra en el sofá, y lo que en otros artistas podría interpretarse como altanería, en este grandullón de sonrisa permanente se entiende como cercanía.

Hasta ahora, King King había sido una presa escurridiza para mí. O me encontraba en otra ciudad, o llegaba en el momento equivocado, o simplemente habían agotado entradas antes de que pudiera reaccionar. Durante un tiempo, llegué a pensar que nunca iba a verlos en directo, como pasaba hace años con infinidad de bandas para las que España no estaba en el mapa.

En el caso del cuarteto escocés, a su naturaleza esquiva tuvo que añadírsele un largo historial de cancelaciones y posposiciones provocadas por los problemas vocales de Alan Nimmo, que lo obligaron a pasar por el quirófano. “Tras la operación, volví a cantar demasiado pronto. Así que tuve que volver a coger la baja. Después de eso, vi que tengo que ser muy, muy cuidadoso”.

La sombra de futuros problemas no termina de disiparse, y cuando habla de ello, el joven de los Nimmo no parece tener todas consigo. “Siempre y cuando tenga cuidado de cuánto hablo, cuánto grito, acordarme de mantenerme hidratado; mi voz estará…bien”. Para ello ha contado con la ayuda de un entrenador vocal, aunque viajando por Europa es todo más complicado: “tengo sesiones en mp3 para llevarme de gira, con distintos ejercicios para calentar cada noche antes de los conciertos”.

Hará un par de años, Joey Tempest dijo para la Sweden Rock Magazine que le había echado el ojo a una banda llamada King King, y que les gustaría llevárselos de gira. Con la presentación de sus respectivos nuevos álbumes, ambas bandas han unido fuerzas, aunque es la banda de Nimmo la que sale ganando en el intercambio. “Es un verdadero honor, porque soy un enorme fan del rock clásico y de los propios Europe, pero lo que lo hace tan especial es que estos tipos son realmente geniales, con los pies en la tierra, amigables y cálidos, y que de verdad quieren ayudar a la banda”.

Con todo, sabemos que Europe es una banda que desata pasiones, y no siempre positivas, y que su base de fans puede no tener la suficiente benevolencia como para aceptar cincuenta minutos de blues rock de una banda que no conocen. “Es difícil comprimir lo que hacemos en un show con tiempo limitado, para gente que no te conoce. Tienes que hacer lo que haces con tus fans pero con una audiencia distinta, así que tienes que intentar que entiendan lo que haces, y que te quieran. Pero, al mismo tiempo, eso nos da la oportunidad de tocar para gente que no nos ha escuchado antes, y puede que haya fans de Europe que se convierten en fans de King King después del concierto. Y ése es el objetivo de todo esto, llegar a nuevos territorios, hacer que cada vez que te escuche más y más gente”.

Ése ha sido el caso, sin duda, en las veinte fechas de la gira recién terminada. En Madrid, última parada, los aplausos empezaron muy pronto, y no hicieron más que multiplicarse a medida que su set de cincuenta minutos avanzaba. “Lo vemos desde el escenario. Tienes esa primera fila en el público, con fans absolutos de Europe”, y cuenta: “había una chica una noche con brazos cruzados y cara larga, como diciendo ‘no quiero que me gustéis, no estoy aquí para escucharos, estoy aquí por Europe, y quiero que os vayáis para ver a Europe’. Durante el primer par de temas siguió con cara larga, sin hacer ni un gesto. Y entonces empieza a mover levemente la cabeza, ¡y para el final del concierto estaba moviendo los brazos de un lado a otro! ¡Y ha estado en todas las noches desde entonces, con una camiseta de King King!”.

Jonny Dyke

Alan Nimmo cuenta esa y otras anécdotas entre risas, pero siempre con la humildad de quien se sabe bendecido por una oportunidad única. “Entendemos que es así como funcionan las cosas. Hay gente que ni siquiera ve a los teloneros; entran más tarde. Pero hemos tenido suerte en esta gira, porque las salas han estado llenas siempre que hemos salido a escena. Sabemos que la mayoría está ya dentro, así que es nuestra oportunidad de demostrar lo que podemos hacer. Y en nuestras redes sociales podemos comprobar que ganamos nuevos fans de esto”.

No deja de ser sorprendente que canciones como “You stopped the rain” y “Rush hour”, que fueron casi tan coreadas como los clásicos de la banda sueca, sean tan ampliamente aceptadas por una audiencia que ha venido a escuchar canciones como “The final countdown”. “Cada noche volvemos al hotel con esa canción en nuestra cabeza. ¡Es una gran canción!”, y se ríe, como sabiendo el estigma que la canción tiene sobre sí. “Pero cuando escuchas a lo que hacían antes que eso, y lo que hacen ahora, es típico rock clásico. Y John Norum es uno de mis guitarristas favoritos, y puedes ver las influencias blues de Gary Moore, Peter Green y otros muchos. Y toda esa influencia del blues rock está ahí, y se puede percibir en sus canciones…si intentas escuchar”.

A ese cruce de caminos han llegado también los propios King King, aunque no ha sido por la línea del rock melódico, sino por la del blues. Esa progresión, que tanto Alan Nimmo como sus fans reconocen, ha llegado de forma natural. “Cuando Lindsay [Coulson] y yo empezamos King King, quisimos ser una banda de blues clásico. En aquel momento, todo el mundo estaba haciendo ese rollo medio crossover, estilo Stevie Ray Vaughan y esas cosas. Y quisimos hacer algo que fuera más cercano al blues puro. Pero vi, cuando empecé a hacer canciones, que mis influencias como melómano salían a relucir en las composiciones”.

Lindsay Coulson

Entre esas influencias, Alan cuenta a Free, Bad Company, Thin Lizzy, los primeros Whitesnake o Steve Marriot. “Te das cuenta de que todo eso permea cuando eres tan joven, incluso aunque lo hayas dejado apartado durante un tiempo. No hemos decidido conscientemente cambiar el estilo, es más bien una progresión que sale de forma natural. Y creo que por eso siguen los fans con nosotros. Desde nuestros primeros días, todos esos fans que son fans de blues han estado y siguen estando con nosotros, aunque hagamos lo que hagamos, así que parece claro que nuestra progresión ha sido natural, honesta”.

Cuando se trata del blues, salirse de la línea puede ser un ejercicio arriesgado, un campo de batalla entre puristas y aperturistas. “Para mí, el blues como estilo de música no tiene por qué ir en el formato de 12 compases. Eso no es lo que el blues significa para mí. Es otra cosa. Hay gente que sólo quiere escuchar el blues de Chicago, Muddy Waters y esas cosas. Y a esa gente nunca la vas a contentar, no vas a hacerles cambiar de opinión. En ese caso yo no puedo hacer nada al respecto. Porque, ¿sabes? Para mí un ejemplo de un buen tema de blues es “Be my friend”, de Free, y no está en 12 compases, no tiene el ritmo tan-tatán-ta-tán…no es nada de eso, no es más que una preciosa balada que me dice ‘blues’”.

Wayne Proctor

La determinación del pequeño de los Nimmo es férrea cuando se trata de lo que quiere para su banda. Tanto es así que, siendo mero guitarrista, tuvo que ponerse al micrófono para dirigir el negocio. “Odiaba cantar, sólo quería tocar la guitarra, pero al mismo tiempo, algo de lo que siempre estuve seguro es que quería ser el líder de mi propia banda. Tenía una visión de lo que quería conseguir. Y, para mí, ser cantante implica de alguna forma hacerte dueño de lo que pasa sobre el escenario, así que…empecé haciéndolo para salir del paso, y supongo que empecé a desarrollarme vocalmente de forma natural”.

Es curioso que hable de sus habilidades vocales como algo que llegara de forma casual, teniendo en cuenta que el timbre de sus cuerdas vocales es tan reconocible como el de su guitarra. Cuando canta “A long history of love”, su cálida voz susurra a toda la audiencia, como si fuese lo más importante que fuésemos a escuchar en toda la noche. De no ser por su enormidad como guitarrista, podría tratarse simplemente de un espléndido cantante.

Ser líder, sin embargo, no sale libre de precio, y el propio Alan ha experimentado los beneficios de repartir tareas junto a su hermano Stevie en The Nimmo Brothers. “Cuando estoy con él, puedo compartir las tareas, lo que facilita salir de gira. Podemos darnos un respiro el uno al otro. Y es lo mismo para él, que tiene su trío y sale de gira. Es un esfuerzo enorme que pasa factura en la voz y en los dedos”.

Aunque en la actualidad cada hermano está priorizando su propio proyecto, la separación de caminos no es más que una pausa, una bifurcación achacable a intereses musicales divergentes. “Tenemos gustos parecidos, pero últimamente yo he mirado más atrás, a la música que escuchaba de niño, B.B. King y otras cosas, y hasta nueva música como Steve Vai o Megadeth. Mientras que mi hermano ha desarrollado un amor enorme por el country y el country-rock. Antes de hacer Sky won’t fall hizo un álbum en solitario llamado de The wynds of life, que grabó en Nashville con un grupo de músicos de country, y es fabuloso. Todavía es uno de mis discos favoritos. Pero es…su voz, su estilo de composición…y ojalá más gente lo escuchara, porque es realmente bueno”.

Además de hermano y amigo, Stevie fue para Alan el mayor de sus maestros a la hora de aprender a tocar la guitarra. “Mi hermano es básicamente la persona de la que aprendí. Nunca tuve un profesor de guitarra, él es lo más cercano que tuve. Solía ir a su habitación para verlo practicar desde el otro lado de la cama, viendo como movía los dedos e intentando retenerlo en la memoria para tocarlo después por mi cuenta en mi habitación. Y hacía lo mismo con la música que escuchaba, Kossoff, Green, Clapton…intentaba absorber todo, escucharlo una y otra vez hasta dar con la forma de tocar lo que escuchaba. A veces, en mitad de la noche me despertaba con una imagen clara de lo que tenía que tocar, de dónde tenía que poner los dedos. Era en plan, ‘¡lo tengo!’, y me levantaba en mitad de la noche para ir a tocar”.

Los nombres que van saliendo a lo largo de la conversación son influencias que pueden leerse entre las líneas musicales de King King, pero Alan Nimmo es un guitarrista de estilo personal y reconocible. Entre sus señas, una progresión de acordes menos sencilla de lo que parece y unos solos en los que ni una nota está de más. Al escuchar en directo devaneos guitarrísticos como el de “Stranger to love” (cuyo tramo final contó en Madrid con el propio Tempest, constatando la admiración recíproca entre las dos bandas), nos damos cuenta de lo difícil que es hacer secciones instrumentales tan significativas, pasajes que podrían ser canciones por sí mismas, clímax dentro de otros clímax, que dan a nuestras emociones el respiro justo.

Sólo cuando la canción termina y el público redobla sus aplausos, reaccionas ante el hecho de que una química como la desprendida por estos cuatro tipos no se puede conseguir sólo a través de ensayos. “Cuanto más repites el mismo set, más robusta se hace la banda”, dice, de forma contraintuitiva. “Ahí es cuando empiezas a disfrutar de verdad. Cuando la banda ya se conoce las canciones, hay más energía, se convierte en algo más excitante, porque estamos más relajados tocando”.

La hora marca el momento de volver al escenario para la prueba de sonido y, mientras recogemos, me cuenta sus planes de futuro, que incluyen de todo menos descanso. Giras con King King y con Stevie, el concierto especial de Navidad, un programa de radio…y un nuevo disco que posiblemente vea la luz la próxima primavera. ¿Será tan bueno como todos los anteriores? No se lo pregunto. Sólo me voy con gratitud, sabiendo que King King sabore su mejor momento, y que puedo estar ahí para verlo.

Julen Figueras
Apasionado de la música, de la política, y todo lo que las atraviesa. Aunque el rock pueda con todo, disfruto tanto con el soul como con el blues, con el metal como con el pop. Abogado del diablo. Defensor de pleitos pobres. Todavía empeñado en encontrar esperanza en el rock y en la palabra como armas para la subversión.
Si no quema, no es arte.

También escribe sobre música y feminismo para Pikara Magazine.
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Entrada publicada en Encuentros.

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