THE BLACK NOTE – I’m here & I’m ready: alivio contra todo mal

Nunca es buen momento para saltar al vacío de la industria musical, donde no hay paracaídas que ofrezca garantías. Y, al mismo tiempo, nunca es demasiado tarde para hacerlo. En 2013, cuando el nuevo advenimiento del soul y el gospel aún estaba anunciándose por las bocas de Charles Bradley o Sharon Jones, a The Black Note empezaba a quedársele lejos la adolescencia, y aun así publicaban un estimable debut que los metía de lleno en la ola de músicas negras que estaba por llegar.

Años más tarde (más de los que la industria suele conceder antes de borrarte del mapa), ya en 2018, The Black Note publican un segundo trabajo que hace buenos todos los clichés: I’m here and I’m ready es más maduro, más compacto, más inspirado y mejor producido que se debut, y sitúa a la banda madrileña en la cresta de esa misma ola que no ha terminado de romper.

Aquí estoy y estoy preparada”, canta Blanca de la Plaza, que es otra forma de decirnos que nos preparemos, que la espera ha terminado. Ser muy buenos no es suficiente en un negocio en el que muchas de las variables están fuera de las manos de los artistas. Y un álbum como I’m here & I’m ready podría haber acabado en un cajón (o en un disco duro). Por eso, es un acontecimiento feliz que el quinteto haya superado baches y soltado lastres y que haya conseguido llegar al mundo con una energía que contagia, un buen rollo al que se niegan a renunciar.

El sufrimiento humano siempre es más efectivo para canalizar sensaciones en música que la alegría, igual que es más fácil hacer llorar que reír. The Black Note, en ese sentido, toman el camino difícil e inyectan ganas de vivir en canciones como “Be free” o “Cherry pie”. Hay música para escuchar con tranquilidad y en tu casa, y música para disfrutar en movimiento y en comunión. Este disco es de los segundos, porque gracias a una instrumentación que hace que arda el suelo, I’m here & I’m ready te pide mover el cuerpo con urgencia.

Eso no significa que estemos ante ocho temas cortados por el mismo patrón y que pidan el mismo tipo de movimiento y comunión. Más bien al contrario, la paleta de emociones por las que nos mece The Black Note va desde un revitalizante blues de desamor en “The unfinished me” hasta la dramática “Starving from you”, en la que colchones de viento y coros aúpan la agonía vocal transmitida con fervor por de la Plaza.

Cuando el disco termina con la canción que le pone título, la sensación es de no haber sino empezado a escuchar un par de temas. Y quizá por eso es tan fácil de ponértelo en bucle; no hay tiempo para acostumbrarse a sus canciones, de tan breves y variadas. En momentos álgidos como el de “Never too late”, la combinación de groove funky y armonías R&B viene a corroborar el paso de gigante que la banda ha dado en los últimos cuatro años.

Ese paso se da con grandes composiciones (a cargo de la también teclista y corista Mónica Menéndez), una guitarra experta en la técnica del menos-es-más, y una base rítmica capaz de empastar cualquier género que se les eche. Y, poniéndole un lazo al envoltorio, las coloridas secciones de vientos y coros, que lo mismo juegan a un pregunta-respuesta como conducen la canción hasta su clímax.

Nunca es buen momento para lanzarse al vacío, pero The Black Note han tenido la suerte o el tino de publicar un admirable álbum de soul en un momento en el que la música negra está viviendo otro renacer en nuestro país. Así que habrá que decir que la suerte es nuestra, porque su atrevimiento nos ha llevado a descubrir una banda española que domina la ortodoxia de su género, toca y compone con el buen gusto de los grandes y alivia los males como la mejor de las medicinas.


Lo mejor: la grata sorpresa.
Lo peor: la falta de pegada que, a pesar de la excelente producción, se acusa en algunos momentos.


Julen Figueras
Apasionado de la música, de la política, y todo lo que las atraviesa. Aunque el rock pueda con todo, disfruto tanto con el soul como con el blues, con el metal como con el pop. Abogado del diablo. Defensor de pleitos pobres. Todavía empeñado en encontrar esperanza en el rock y en la palabra como armas para la subversión.
Si no quema, no es arte.

También escribe sobre música y feminismo para Pikara Magazine.
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