EL 2018 en veinte discos

Con la distancia suficiente para dejar reposar los lanzamientos del ya terminado 2018, pero lo suficientemente cerca como para seguir reivindicándolos, van aquí veinte títulos del equipo de Palabra de Rock. Son veinte bandas sin orden específico, poco más que una mirada parcial a algunos de los discos más significativos que nos ha dejado el año, desde el americana hasta el rock progresivo.

Brother Hawk – The clear lake

Las canciones que conforman el nuevo disco de Brother Hawk apuntalan el sentido profundamente naturalista de su música, y lo hacen a través de sonidos que recalan en la sinestesia. Resulta que lo que entra por nuestros oídos provoca visiones, desprende fragancias, ofrece sabores y acaricia la piel. Lo concreto en The clear lake es menos importante que lo difuso, y por eso aceptamos de buen grado perdernos entre sus capas de guitarras y teclados, sabiendo que al final de cada viaje sonoro se encuentra una resolución que nos eleva hasta el cielo. Brother Hawk ha conseguido pulir las esquinas de una esfera perfecta. Ha completado lo que le faltaba a su particular “Freebird”. Ha publicado el disco atemporal al que toda banda debería aspirar: una obra de una belleza que no cabe en los surcos de un vinilo.

Sari Schorr – Never say never

En los últimos tiempos, con las nuevas publicaciones discográficas, se ha generalizado una tecnología de grabación que fomenta una musicalidad de nulo recorrido sonoro fuera del propio estudio. Las canciones son diseñadas sintéticamente desde la magia de los cerebros informáticos. Todo lo contrario que Never say never, el segundo álbum de Sari Schorr. Detrás de su música se puede sentir la interacción entre los miembros de la banda que parecen haberla grabado en vivo y en una sola toma. Las canciones se sienten naturales e impactan por su aparente simpleza. Y aunque parezca que la firma del estilo le acerque al blues rock, la pared de sonido más pulido de rock americano contemporáneo y sus refinadas creaciones comerciales le añaden una rúbrica sin etiquetas de género. Vocalmente, Sari canaliza sus emociones sonando creíble, enfatiza dando mordiscos donde las palabras supuran el pus de rabia y hace artesanía elegante cuando las palabras reposan en la profundidad espiritual. Y no podemos olvidar que el efecto devastador que produce este álbum de proporciones sísmicas tiene su epicentro en el guitarrista británico Ash Wilson. Su trascendental impronta dota de belleza las notas que acomodan los susurros vocales, y de edificante adrenalina las voces desgarradas de la diva.

Alice in Chains – Rainier Fog

En el mejor disco de la segunda vida de Alice In Chains, las melodías depresivas, la rabia y lo más sombrío del hombre bullen en cada una de las canciones, como lo hace en sus clásicos. Los cuatro miembros respiran a gusto en las composiciones de un Cantrell a un nivel superlativo: hay mucha guitarra, infinitas armonías vocales y una base rítmica gruesa y densa. Pero, sobre todo, hay grandes canciones y singles de nuevo siglo. Imperdibles “Never Fade” y “Red Giant”.

A Perfect Circle – Eat the elephant

Para tareas titánicas como la de comerse un elefante, dice la sabiduría popular anglosajona, hay que ir bocado a bocado. El elefante que ha sacado a A Perfect Circle de un estancamiento de casi tres lustros se llama capitalismo, desconexión, individualismo y egoísmo. La consigna es clara: no somos islas, sin espíritu crítico estamos perdidos, tenemos que volver a mirarnos a los ojos, librarnos de las drogas de la aceptación social y el yo digital. Eat the elephant no encaja bien en ránkings. El último de la banda liderada por Billy Howerdel es tan único e indescriptible como cualquiera de los anteriores. Una obra cuya singularidad nos obliga a ver, mirar y reparar.

Buckets Rebel Heart – 20 good summers

Dave “Bucket” Colwell, ex guitarrista de Bad Company, ASAP y Humble Pie presenta su nueva banda Buckets Rebel Heart para convertir el viejo refrán “vale más una imagen que mil palabras” en un audio que resume un sobresaliente debut. Formados a partir de un cóctel de canciones de rock clásico y contemporáneo con espíritu americano, lo excepcional de esta publicación es comprobar cómo encajan todas las pistas anexas, a pesar de tener diferencias intrínsecas. El vocalista principal, Jim Stapley, es capaz de derretir el hedonismo del rock de melodías y la indiscutible popularidad pop en una energía exuberante. Decía John Lennon que “en el rock reconoces algo verdadero, como todo el arte de verdad. Si es real, normalmente es sencillo, y si es sencillo es verdadero”. Y ése es el verdadero éxito de 20 good summers; no es un álbum particularmente profundo, ni rezuma originalidad, pero descarta los excesos y los bordes de música áspera para hacerla terriblemente sencilla y familiar.

The Baboon Show – Radio Rebelde

Sería hiperbólico y mentiroso afirmar que Radio Rebelde va a gustar a todo el mundo. Habrá quien lo considere repetitivo, básico, demasiado punk para ser rock, demasiado rock para ser punk. Quien pase el filtro, sin embargo, encontrará un disco guitarrero e hímnico con la frescura de las calles llenas de gente, inflamable como un cóctel molotov a punto de prender, audaz como los corazones jóvenes que aún no han caído en el cinismo. Y, sobre todo, divertido como la mejor de las revoluciones. The Baboon Show nos grita que no estamos solos, y eso es suficiente para levantarnos el ánimo en estos tiempos de miserias humanas y morales.

Hawks And Doves – From a white hotel

From a white hotel es la obra debut de la nueva banda del convicto y alma de The Honkies, Kasey Anderson. Un trabajo edificado alrededor del americana, con inspiración arquitectónica en Bruce Springsteen y Mellencamp, y con argamasa de sintetizador sonoro de los 80’s que fortalecen los cimientos de las canciones en un toque singular. El álbum mantiene una tónica de calidad en dos partes opuestas en ritmos, pero convergentes entre sí. A medida que el trabajo avanza se transforma en canciones más personales y yacen tan etéreas que flotan en su propia niebla. En sus primeros surcos las canciones son ágiles y abiertas, donde el rock afable experimenta un sonido improvisado e invita a la exploración, pero también parecen compuestas para ser tocadas simplemente. No hay duda de que los momentos más atractivos de este soberbio estreno se encuentran cuando, en sus composiciones, se logra el equilibrio entre la atmósfera que queda anclada por la melodía y el propio arte de la canción.

Ruen Brothers – All my shades of blue

A pesar de estar producido por Rick Rubin, fuera porque apenas sigo la prensa musical o porque me he vuelto perezoso, no supe nada de este disco hasta que las listas de fin de año inundaron la red. No me habría gustado perderme esta joya repleta de influencias primigenias, parida por un par de tipos empapados de Roy Orbison y Bruce Springsteen y perfumados con pop de otra época. Las composiciones son tan variadas que lo convierten en inclasificable. Tras la portada de superventas de gasolinera se esconde un conjunto de canciones divertidas, bellas y elegantes, hasta arriba de arreglos que suponen una excitación continua, siempre, eso sí, al galope de las guitarras y a la zaga de una voz de amar u odiar.

Brave Little Howl – Our lives aren’t movies

Ventajas de este nuevo tiempo. Brave Little Howl podrían ser una insignificante banda de Dallas, cuyo álbum llega hasta nuestros oídos por magia de algoritmos y azar, o unas leyendas del americana publicando su disco más maduro. En este caso la realidad se acerca más a lo primero, pero su música tiene la magia de lo segundo. A ratos My Morning Jacket, a ratos Wilco, rozan y a veces traspasan la línea que nos separa del indie de voces afectadas y habitaciones de eco infinito. Y lo hacen tan bien que no importa. Our lives aren’t movies se mueve despacio pero con levedad, pone el dedo en las llagas de la vida cotidiana y escuece de placer.

Lucero – Among the ghosts

Tras la evolución y el triunfo que supuso All a man should do, Lucero tenían el listón tan alto que el mayor fan podía perder la fe, pero la consistencia de su discografía habla por sí sola. En Among the ghosts continúan donde lo dejaron en el anterior: haciendo sonar sus historias solitarias desde lo más oscuro de América, con la voz de un camionero maltratado por la mala vida o el encargado de un desguace que no pisan ni los pájaros. Among the Ghosts es una demostración más de que, como en la voz rota, en los acordes menores y en los silencios también hay belleza; y regocijo.

Dry River – 2038

Una aleación de rocas preciosas y metales pesados, en el cuadro barroco de Dry River se aprecian pinceladas de Barón Rojo, Toto y Supertramp, trazadas sobre paisajes de su majestad, la realeza británica: coros pomposos, riffs ratoneros, solos con tendencia gimnástica y un irrefrenable eclecticismo. El doble salto mortal sin red de apoyo lo completan unas letras con las dosis justas de ambigüedad y mordacidad. “El agua llega al cuello y sólo flotan las corbatas”. “Eres bruja y votas a la inquisición”. “Habla de amor, olvida cualquier juicio social, de revolución mejor ni hablar”. 2038 es un disco que parece existir fuera del tiempo y el espacio, demasiado clásico o demasiado futurista para un 2018 en el que rock muestra signos de agotamiento crónico.

Greenleaf – Hear the rivers

La experiencia como oyente me dice que Greenleaf están en su mejor momento. Lo dice su progresión, su estabilidad, sus directos y, lo más importante: sus canciones. Con una base rítmica matadora, un guitarrista en ebullición creativa y un cantante entregado a la causa, el grupo parece haber adquirido plena conciencia de sus facultades y ha grabado para Hear the rivers no sólo algunas de sus mejores canciones, que suenan como bombardeos, sino también algunos de los mejores temas de stoner rock del año. Riffs desérticos, un bajo imperante y melodías tan oscuras y pesadas como divertidas a un ritmo constante, machacón, adictivo. Dinamita.

Fat Daddy Special – Somewhere down the road

Los californianos Fat Daddy Special se lanzan a todo gas con su ford mustang por las clásicas autopistas del tosco rock sureño y los pedregosos caminos del blues rock, en un trabajo debut que contiene un poderoso turbo dispuesto a subir las revoluciones musicales hasta chamuscar nuestros oídos. Mientras su vocalista Phil Maldonado escupe y grita la letra con feroz entusiasmo, el resto de la formación sabe cómo impulsar una tempestad de estallidos controlados, con toques ligeros pero poderosos. Sus canciones reproducen una oferta de rock maduro sin más pretensiones que intoxicarte. Prácticamente puedes oler el humo que flota en la sala de control durante todo este hipnótico Somewhere down the road.

Riverside – Wasteland

Desangelado y post-apocalíptico como un domingo por la tarde en los parques de Chernóbil, aunque también extrañamente bello, el paisaje que Riverside describe va de lo particular a lo universal, y no es difícil ver nuestro reflejo en sus pozos sucios. La banda ha salido del suyo propio, con una intensidad que no juega en contra del matiz y la pausa de la que se benefician las grandes obras del rock progresivo. Como los océanos topográficos de Yes o el mundo vacuo de Porcupine Tree, la tierra baldía de Riverside suena a clásico moderno.

Bishop Gunn – Natchez

Provenientes del estado de Mississippi, Bishop Gunn es una formación de rock sureño del todo atípica por el tipo de originalidad musical que proponen. Refuerzan un enfoque exclusivo, incorporando sus influencias musicales, para crear su propio sonido distintivo. Aquí hay tantas grandes canciones, voces tan deliciosas y tanta maestría musical que no hay duda de que atraiga tanto a los fanáticos ávidos como a los oyentes casuales. En Natchez, la banda se aferra a sus raíces con orgullo, con esa corriente subterránea de construcción clásica, pero con un tono de energía moderno de sonido brillante y alegre. Todos los sonidos que abordan funcionan tan bien porque la banda transmite una sensación de alegría a través de su palpable energía. Y esto no sólo convierte a Natchez en uno de los discos más destacados del año, sino que la formación parece destinada a abanderar una nueva generación de rock sureño sin sucedáneos.

Fire Tiger – Suddenly heavenly

En esta máquina del tiempo cabe el AOR, y hay espacio también para el synth, para el pop sofisticado y para los rompelistas con sabor a One Hit Wonder que pueblan Kiss FM. Con la pequeña diferencia de que en Suddenly heavenly los hits se cuentan en decena. Las reglas son estrictas: una canción, un hit. El aburrimiento será penalizado. Como esa ciudad inexistente en la que creemos haber vivido alguna vez, la música de Fire Tiger creemos haberla escuchado miles de veces. Resulta cercana, como si tuviésemos sus canciones grabadas en un cassette sin pegatina y perdido para siempre en el trastero de casa. Y, sin embargo, lejos de caer en el campo minado de los clichés, cortes como “Be bygones” o “Ice age” se presentan tan originales como desenfadados, y son un guilty pleasure que muchos negarán disfrutar.

The Jayhawks – Back roads and abandoned motels

Los discos de rarezas y regrabaciones merecen atención cuando se la ganan. Que Back roads and abandoned motels no es un sacacuartos queda claro a la primera escucha. A la segunda canción, más bien. Porque “Everybody knows” está a la altura de las mejores canciones que ha escrito Louris, y el disco, en conjunto, mantiene un nivel de notable para arriba utilizando los ingredientes de siempre. Arropada por una producción exquisita y adornada con las armonías de siempre, el americana de los Jayhawks vuelve a brillar. Más estribillos que convierten canciones agradables en temas adictivos, más recuerdos agridulces, más añoranza.

Whiskey wolves of the west – Country roots

Leroy Powell y Tim Jones presentan Country roots. Un nuevo proyecto musical, con tan solo siete cortes, que se extiende más allá del estilo country para encontrar influencias de la música americana y el blues. Su fortaleza reside en los distintos episodios, mostrando con plenitud el extenso espectro de las emociones. Esta pareja de lujo tiene el ingenio musical suficiente para crear un sonido donde canalizar sus energías en bellas armonías vocales, acordes acústicos y sensibles narrativas. Si el corte “Alexandria”, con esos armónicos susurros al aire que casi significan lágrimas de arrepentimiento, no te rompe el corazón, no mereces este viaje salvaje de fascinantes talentos.

Morgan – Air

Compuesto durante la gira de North, con mucha calma y con los pies en el suelo, según palabras de la propia banda, Air supone un pico de madurez sorprendente. Es sólo el segundo álbum de Morgan, una banda que ha crecido tan rápido que, de primeras, genera desconfianza. Pero lo que ofrecen Morgan no tiene nada que ver con el humo que muchos se imaginan. En su Air las influencias de Pink Floyd se abrazan con las de Daft Punk en un puñado de canciones de lo más original, protagonizadas por una Nina descomunal y el sonido orgánico que tantos persiguen hoy día. Canciones por encima de género, imagen y modas. Buenas canciones.

Hannah Wicklund & the Steppin’ Stones – S/N

Los escépticos que proclaman que el rock está muerto, que los sintetizadores han sustituido a las guitarras para siempre…desconocen que todavía hay generaciones de jóvenes fascinados por un poderoso riff o una excitante distorsión de guitarra. Y Hannah Wicklund es una de esas novatas que se han subido a este carro, en el que la auténtica realidad es que en cada disco o experiencia en vivo de rock and roll del presente se puede sentir su nostálgico pasado, pero también su fascinante futuro. La música de Hannah sólo se puede definir con dos únicas palabras: puro rock. Santiguado por el blues y el soul, y confeccionado para persignarse en antros oscuros con olores pestilentes a sudor y suciedad. La producción de un conocido de esta web, Sadler Vaden, captura el espíritu travieso de Wicklund y la honestidad al expresar sus emociones. Ese rockero que sigue masticando el mismo chicle desaborido del pasado, haría bien en mascar un sabor novedoso como el del debut de esta formación de Carolina del Sur y se quitaría de un plumazo su incapacidad analítica y su pobre escucha.


Puedes ver los discos elegidos en 2015 aquí, los discos elegidos en 2016 aquí, y los del 2017 aquí.

A continuación una lista de reproducción con nuestra selección del 2018.

Palabra de Rock
Palabra de Rock surge para poner sal en la herida que la música nos abre cada día. El rock es nuestra pasión, y una pasión requiere de compromiso.
Queremos un medio que no se conforme con hacer la vista gorda ante las miserias y grandezas del rock, sino que les hinque el diente, que las explote, que las aborde con seriedad y promueva el debate. Escribir sobre rock es también hacer rock, y el rock, como todo arte, no puede permitirse ser inofensivo.
Entrada publicada en Juicios Injustos.

Podrían interesarte:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

dos + diecinueve =

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.