DAVE RANDALL – Sound System: el poder político de la música

“No tenemos nada que hacer con quienes claman que la música y la política no deben ser mezcladas. En el mejor de los casos, su concepción de la política es demasiado estrecha. Lo que seguramente pasa es que estas personas no tienen el coraje suficiente como para admitir, incluso para sí mismas, que no desean cambiar el mundo”.

Con frases como ésta, Sound system viene a negar algunos de los mantras que hemos venido escuchando desde hace algunas décadas. Que hay que diferenciar al artista de su obra. Que el arte no es más que arte. Que la música está para evadirse y no para tratar los grandes problemas de nuestras sociedades. Por suerte, existen libros como el de Dave Randall para probar lo falaz de esas afirmaciones.

La premisa principal desde la que parte este librito de apenas doscientas páginas es la opuesta. La ciudadanía, dice, tiene el deber moral de conseguir un mundo mejor. Y la música puede tener un rol decisivo en ello. El propio Randall es ejemplo de su puesta en práctica, y sus vivencias sirven de vehículo para introducir algunas de las cuestiones que más acucian. ¿Se puede atacar al sistema desde el mainstream? ¿Es útil hacer un boicot a un país en nombre de los derechos humanos? Cuando todo parece perdido, ¿podemos hacer algo por mejorar este entuerto?

Preguntas que no admiten respuestas unívocas y que, pasadas por la experiencia y buen juicio de Randall, entendemos con todos sus grises. Las incongruencias que arrastran artistas como Bono o Beyoncé, los riesgos de levantar la voz públicamente (muy distintos dependiendo de si nos encontramos en el EE.UU. del Black Lives Matter o en la primavera de Egipto), o la dimensión lúdica del arte son aspectos a menudo nombrados pero pocas veces analizados con tanta claridad y sencillez.

Envolviendo el grueso del libro en un formato narrativo, Randall se vale de casos reales, procesos históricos e informaciones poco conocidas para probar el valor que la cultura, y la música de forma especial, ha tenido para la política. Política que hay que entender en el sentido amplio, y que abarca tanto las relaciones medievales de vasallaje como las tramas de la CIA para impedir revueltas en países de su órbita de influencia.

Por irse a veces tan atrás en el tiempo, algunas de las afirmaciones que vierte Sound system son acaso un poco atrevidas. Por ejemplo, está sobradamente documentada la relación que el carnaval tuvo, en su origen, con la resistencia anticolonial. En contraste, interpretar las peculiaridades lúdicas de Paganini (quien anteponía gustos mundanos a la ostentosidad que el mundo del espectáculo ofrecía) a una suerte de resistencia frente a la máquina capitalista es quizá conjeturar demasiado. En la mayoría de los casos, sin embargo, lo que nos cuenta Randall es incontestable desde el punto de vista histórico, estratégico y moral.

Además de músico de éxito y activista consecuente, Randall demuestra en este libro ser también un perfecto divulgador literario. Por sus páginas aparecen nombres, conceptos y lugares que, de no ser por la sencillez expositiva del autor, producirían enseguida rechazo. En ese sentido, la prosa de Sound system se parece más a la que nos encontraríamos en el mejor periodismo anglosajón, profundo pero accesible, detallado y sin rodeos.

Y también útil. Aunque no es exactamente la clase de libro que uno encontraría en las estanterías que mezclan economía y autoayuda (“diez claves para la revolución a través de la música”, “toca estos acordes y rompe el orden establecido”, “si quieres un mundo mejor, lee este libro”), Sound system sí pretende dar algunas guías sobre cómo conseguir el cambio social que queremos.

Nos cuenta lo que siempre ha funcionado y lo que rara vez tiene eco. Lo que un individuo (no) puede conseguir y lo que el gran público puede promover…que no siempre es mucho. Una canción no cambia el mundo, pero puede darle banda sonora a un movimiento, funcionar como altavoz y bandera, e incluso cambiar las vidas de las personas que (ellas sí) cambiarán el mundo.

Sound system se publica ahora a través de Katakrak, y abulta el ya extenso cuerpo literario situado en la intersección de lo musical y lo político, uniéndose a otros títulos como 33 revoluciones por minuto o Músicas contra el poder. Y, si funciona, es porque no todo está dicho. Queremos saber más. Como dice el propio Randall, a veces es necesaria “una cultura que nos trata como personas adultas, como participantes en una comunidad, como una ciudadanía en la que se puede confiar. No una vacada a la que llevan de un lado a otro”.

Al leer Sound system abrimos una puerta hacia ese tipo de cultura. Música que, tanto mediante la crítica directa como de la exaltación festiva, construye nuevos mundos y niega la mentira entre mentiras: que no hay alternativa. Dave Randall ha conseguido sacar un libro entretenido y necesario. Un manual de resistencia contra el desaliento y el cinismo. El resto, lo más importante, depende de ti y de mí.


Lo mejor: el valor de las experiencias que Randall cuenta en primera persona.
Lo peor: un enfoque que a veces abarca más de lo que puede apretar.


 

Julen Figueras
Apasionado de la música, de la política, y todo lo que las atraviesa. Aunque el rock pueda con todo, disfruto tanto con el soul como con el blues, con el metal como con el pop. Abogado del diablo. Defensor de pleitos pobres. Todavía empeñado en encontrar esperanza en el rock y en la palabra como armas para la subversión.
Si no quema, no es arte.

También escribe sobre música y feminismo para Pikara Magazine.
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