SYLVIE SIMMONS – Soy tu hombre: la vida de Leonard Cohen

“Recuerdo la declaración profética de Jon Landau a principios de los setenta, cuando dijo ‘he visto el futuro del rock and roll, y no es Leonard Cohen’

De las intervenciones públicas de Cohen siempre cabía esperar una frase que hiciera liberar la tensión en una carcajada, una pincelada de luz entre la aparente oscuridad que su voz transmitía. En aquel discurso, el canadiense daba un giro inesperado a la celebérrima frase que anunciaba el advenimiento de Bruce Springsteen. No era falta de memoria, sino el recuerdo vívido y sarcástico de sus comienzos como cantautor: en los años setenta, Leonard Cohen no era visto como el futuro de nada. Mucho menos del rock and roll.

Y, sin embargo, contra todo pronóstico, su carrera se dilató varias décadas, y no alcanzó su pico hasta entrados los años noventa. Sus discos fueron oro y platino, los honores se le amontonaban en vitrinas, y su figura alcanzó el status de estrella del rock. Claro que su camino dista mucho del de aquéllas: Cohen vivió despacio, murió anciano, y dejó un cadáver decrépito. Trataba con respeto y devoción a las mujeres, no se le conocieron escándalos reseñables, y sus mejores giras llegaron pasados los setenta años.

Una vida aparentemente demasiado poco interesante, y a la vez suficiente para que la periodista Sylvie Simmons extrajera el oro que Leonard Cohen merece. La literatura biográfica de no-ficción se destiñe en Soy tu hombre con pasajes bellamente confeccionados, comentarios punzantemente irónicos y, en general, una cercanía inusual con su objeto de estudio. Al fin y al cabo, Cohen es para sus oyentes un profeta, un orador, un confidente o un amante. Casi siempre, todas las anteriores juntas.

Simmons, que tampoco oculta su amor por Cohen, aprovecha esa cercanía existencial para meterse en lo más hondo de su vida secreta, con la severidad e indulgencia con la que juzgaríamos a un amigo o a un pariente de sangre. Tanto en los momentos dulces como en los amargos, el afecto se lee entre líneas, y es exactamente lo que querríamos leer de una figura que nunca despertó animadversión. Ni siquiera entre las legiones que lo consideran un músico aburrido.

Hay algo de verdad en la vieja afirmación de que la obra del artista es un espejo de su propia vida, interior o exterior. En el caso de Leonard Cohen, el aforismo se confirma en cada una de sus canciones, lienzos y poemas. Su obra, “un manual para vivir con la derrota”, nos marca con una equis los lugares emocionales que el artista transitó durante su vida, pero eso no basta. Soy tu hombre nos da la hoja de ruta para atar cabos y encontrar los tesoros que esconde el artista a mil besos de profundidad.

Más que nadie en la constelación de cantautores de su generación, Leonard Cohen vivía en una constante y a veces angustiosa búsqueda por encontrar una verdad (su verdad) a través de la expresión artística. Obsesionado cual estudioso con los asuntos de la carne y del alma, Cohen probó religiones con la dedicación de un adicto. Fue un aplicado amante con tendencia a la soledad, y un consumado trabajador de canciones con insatisfacción crónica.

No es una exageración. Algunas de estas canciones necesitaron varios lustros para ser completadas. Otras se quedaron en un cajón porque traicionaban el pacto implícito que Cohen había hecho con su arte. La espontaneidad creativa de un Dylan o la hiperproductividad de un Springsteen contrastan con la pausada meditación del canadiense errante.

Sylvie Simmons se adentra en ese mundo lento que rodea a Cohen, y lo plasma en su libro sin traicionar las formas del cantante. En Soy tu hombre no hay fichas técnicas ni registros de grabaciones, ni anécdotas engordadas, ni elucubraciones propias de la prensa rosa. En su lugar, la autora opta por pasajes extensos, ritmos pausados, y un diálogo continuado entre la vida y la obra del artista.

El nivel de detalle es excepcional. Simmons va a la fuente original tantas veces como el cántaro se lo permite y, acompañando sus entrevistas con los recursos existentes, escribe un libro con vocación de oficialidad. Leyendo Soy tu hombre, a uno se le queda la sensación de haberse saltado uno o dos grados de separación con el artista. Una sensación de cercanía tal que podría hacernos creer que, efectivamente, hemos conocido a Leonard Cohen en carne y hueso. El precio a pagar es insignificante ante tamaña recompensa.


Lo mejor: que te permite comenzar, establecer o eternizar el affair con Leonard Cohen.
Lo peor: una última parte añadida apresuradamente para la nueva -y definitiva- edición publicada tras la muerte del artista.


Julen Figueras
Apasionado de la música, de la política, y todo lo que las atraviesa. Aunque el rock pueda con todo, disfruto tanto con el soul como con el blues, con el metal como con el pop. Abogado del diablo. Defensor de pleitos pobres. Todavía empeñado en encontrar esperanza en el rock y en la palabra como armas para la subversión.
Si no quema, no es arte.

También escribe sobre música y feminismo para Pikara Magazine.
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