JAVIER COSMEN: “la gente lee poco, lee poco de música, y menos sobre los Who”

Es un jueves de junio, y a media tarde el termómetro sigue superando los 40ºC en Madrid. Javier Cosmen llega de su trabajo ordinario, en el que pasa un montón de horas y que considera mal pagado. Quedamos para hablar de asuntos que dan menos dinero pero mayor satisfacción personal. Hace algunos meses publicó La Quadrophenia de Pete Townshend, tras pasar cerca de dos años rascando ratos libres y robándose horas de sueño para dedicárselos a la investigación y a la escritura. “Es un trabajo que se hace en solitario. Muchas horas de soledad, frente al ordenador”.

Quizá por ese sentimiento de soledad que impregna el proceso de escritura, Cosmen se muestra plenamente abierto a compartir tanto como las preguntas le exigen. Habla de forma distendida, y se mete de lleno en algunos asuntos espinosos con la seguridad de quien se sabe con la verdad, o los hechos, de su parte. Por eso, aunque le pregunto cosas off the record, él prefiere que siga grabando y lo deje reflejado en el texto.

A pesar de la imagen idílica que podamos tener del mundo literario -temporadas de reclusión, adelantos suculentos, viajes pagados-, la realidad se acerca más a cualquier negocio sucio en el que abundan la morosidad, la precariedad y las zancadillas entre compañeros. “Nadie puede vivir de esto. No digo ya vivir, sino comerte un bocadillo. Porque tal y como están establecidos los plazos, los pagos y los tantos por cierto que se lleva el autor…y eso cuando te pagan, que no siempre te pagan”. De eso sabe Javier Cosmen algo más que el resto, ya que publicó Cómo se hizo Sticky Fingers a través de T&B, tristemente conocida hoy por sus reiterados impagos.

Me estafaron, igual que a otros cuarenta autores”, cuenta con resignación. “No me pagaron y además firmé un contrato de quince años de exclusividad, con lo cual ahora, si quiero volver a publicar Cómo se hizo Sticky Fingers, no puedo hacerlo hasta dentro de diez años”. El asunto, que trascendió a los medios hace unas semanas, está ahora en los tribunales, aunque sigue publicando libros.

Nadie puede vivir de esto. No digo ya vivir, sino comerte un bocadillo. Porque tal y como están establecidos los plazos, los pagos y los tantos por cierto que se lleva el autor…y eso cuando te pagan, que no siempre te pagan

A pesar de aquel mal trago, Cosmen reconoce que escribir un libro es, en sí mismo, un proceso divertido. “Me motiva el hecho de investigar sobre alguien en una época o aspecto concreto que me interese. Luego, me motiva que ese trabajo, si consigues publicarlo, llegue a otra gente, y cuanto más llegue, mejor”. Claro que el nombre que aparezca en portada puede determinar el éxito de un libro, pero el autor madrileño cuenta con ello. Si soy Pérez-Reverte, da igual que escriba una castaña, porque mi libro va a llegar a muchísima gente y lo tendré en el escaparate de El Corte Inglés. Pero eso es secundario

Por más que nos duela, hay más gente interesada en la enésima secuela del Capitán Alatriste que en un ensayo sobre Quadrophenia. Pero eso, más que un inconveniente, fue una motivación para Cosmen, que le interesaba “dar a conocer a un grupo como The Who, que no es tan conocido en España. The Who son conocidos sobre todo por CSI, lo cual hace que se te caiga el alma a los pies, dice entre risas. Pero detrás de “Won’t get fooled again” y “Who are you”, claro, hay mucho más.

Me puse a investigar a este hombre [Pete Townshend], y madre mía, encontré algo que no había encontrado en ningún grupo de rock“, dice entusiasmado. “Si te fijas, en los grupos mayoritarios de la misma época, las letras de las canciones no eran tan complicadas. Si no te hablaban de tetas y cerveza, como decía la canción de Frank Zappa…Townshend escribe letras en las que le preocupa la búsqueda de sí mismo, y joe, empecé a sacar un filón. Cuando empiezas a rascar, dices ‘¡pero esto es lo que me ha pasado a mí!’, y en realidad lo que le ha pasado a todo el mundo”.

Cosmen se refiere a esa búsqueda de uno mismo, que ocupa el grueso de su último libro. La Quadrophenia de Pete Townshend se centra en una obra que, a pesar de su popularidad, no ha sido realmente entendida. “En Inglaterra y en Estados Unidos [The Who] mueven masas, pero porque eran [parte de] unos movimientos culturales allí. Aquí hubo reminiscencias, pero no era lo mismo”. Por eso, dice, es difícil entender completamente Quadrophenia. “Ten en cuenta por ejemplo la diferencia del lenguaje. Tú lo escuchas, no sabes ni de qué va, y te quedas con cara póker. Cuando eres consciente del significado que tiene el mar que suena, qué significado tienen Jimmy y sus frustraciones…es cuando todo empieza a cobrar sentido”.

El de La Quadrophenia de Pete Townshend fue, para Javier Cosmen, un rompecabezas mucho más difícil de resolver que el que abordó en Cómo se hizo Sticky Fingers. Aunque son bandas coetáneas, las diferencias entre The Rolling Stones y The Who son enormes. “Los Rolling Stones son más populares y, por tanto, más fáciles de asimilar. Los Who no. En cada canción hay muchos cortes y partes muy bien diferenciadas en la misma canción, y al oído no acostumbrado le choca. Y en lugar de abrirse, el ser humano tiende a decir ‘esto no me gusta’. La mayoría de la gente no es de investigar”.

¿Qué están haciendo ahora los Rolling Stones? Lo mismo que hace cuarenta años. Y sin embargo revientan estadios, y te cobran unos precios…

Para Cosmen, que lleva coleccionando material de los Stones desde los once años, es tan natural ver las virtudes de su banda de cabecera como señalar los defectos. Cuando compara la historia del quadrophénico Jimmy con las canciones sobre chicas y satisfacción de aquéllos, no puede más que reconocer que The Who son “una banda mucho más interesante y, en ese sentido, de mayor calidad. Aun así, reconoce la maestría de los primeros a la hora de ganarse a su público. “La gente quiere sentirse identificada [con lo que escucha], aunque sea mentira. ¿Con qué se identifica la imagen de los Rolling Stones cuando eran más jóvenes? Eran unos chicos de clase media-baja, sin estudios, a excepción de Mick Jagger, que deciden formar una banda. Al final acaban teniendo éxito, forrados de dinero y rodeados de mujeres. Eso identifica ilusioariamente a la gente, porque mucha gente pertenece a esa clase media-baja. Y claro, todos queremos triunfar, pero luego te das cuenta de que no lo hace cualquiera”.

Aunque es una de las bandas de su vida, Cosmen no duda en criticar la máquina de hacer dinero en la que se ha convertido la marca de Jagger y Richards. “¿Qué están haciendo ahora los Rolling Stones? Lo mismo que hace cuarenta años. Y sin embargo revientan estadios, y te cobran unos precios…y la calidad que ofrecen…es como poner al Cid Campeador muerto atado a su caballo. Y entonces dices ‘eh, que es el Cid Campeador’, sí, pero ya no es lo mismo”.

¿Es eso lo que nos queda del rock and roll? Mi interlocutor enlaza agudamente con su libro (literalmente), y recuerda que “el propio Townshend echaba pestes, y se criticó a sí mismo, cuando en los setenta vio que ellos habían desembocado en algo que no tenía absolutamente nada que ver con sus raíces. Ellos se veían con limusinas, forrados de pasta y hasta arriba de drogas, y la gente los veneraba. Y él ya decía que el espíritu del rock and roll no era esto. El rock and roll apareció después de la Segunda Guerra Mundial porque la música que se escuchaba entonces, como el swing o el jazz, servía para distraer a la población de todo lo que había pasado. Luego, con el rock, la gente se siente identificada por la rebeldía, pero te das cuenta de que es todo mentira. Townshend decía también que el rock está bien porque te permitía bailar sobre los problemas”, añade, buscando una conclusión algo más luminosa. “Luego se acaba la canción y tus problemas siguen ahí”.

Como siempre que viajo a Madrid, procuro pasar por El Argonauta, probablemente la mejor librería especializada en música de la capital. Esta vez encontré en sus estanterías un librito de Mariano Muniesa que recoge la bibliografía española sobre The Rolling Stones. Dado su carácter informativo, en el libro se encuentran desde títulos recomendables hasta naderías sólo aptas para completistas. Inexplicablemente, lo que no se encuentra es Cómo se hizo Sticky Fingers, ni el primer libro de Javier Cosmen, No es sólo rock and roll: los Rolling Stones en España.

Cuando se lo comento, él no está tan sorprendido. Muniesa, que tiene su propio libro sobre los Stones en España, copió y pegó literalmente (y sin acreditarlo) la información que Cosmen había recopilado sobre la discografía española de la banda, incluidas erratas y datos incompletos. Más adelante, cuando Cosmen propuso la publicación de su trabajo en Quarentena Ediciones -de Pere Homs y el propio Muniesa-, recibió una fría respuesta acusándolo falsamente de haber sido él quien había utilizado fotografías del libro mencionado sin permiso. El entrevistado muestra mucha más clase, y desplaza la conversación hacia editores “respetables”, como Ángel Ardévol, de Lenoir.

Con Lenoir salió a la calle por primera vez La Quadrophenia de Pete Townshend. “Tiempo después, cosas de la vida, apareció Sílex. Ramiro Domínguez (director de Sílex) se enteró de la publicación del libro; y él, que es mod, lo leyó y me dijo que quería publicar el libro. Yo le dije que tenía un contrato firmado y que no sabía si era viable. La distribución que tiene Lenoir es limitada, lo cual está bien porque es su modelo de negocio y les va bien, pero a mí no me dio resultado. Sílex está en todos lados, lo puedes encontrar en toda España e incluso cruzando el charco. Al ver eso, volví a hablar con Ángel, se lo comenté y le pareció bien [distribuir el libro con Sílex]. Me pareció un puntazo y, por eso, Ardevol está en los agradecimientos de la edición de Sílex, porque no tenía por qué haberlo hecho: me dio vía libre, rompimos el contrato y lo cogió Sílex”.

Por triste que resulte, no es lo habitual en el mundo editorial encontrarse con personas que ayuden, en lugar de poner palos en las ruedas. Tampoco que sepan reconocer el trabajo ajeno, o el de la competencia. Ángel hizo todo lo contrario, y eso es algo que siempre le agradeceré. Hay valores. Y cuando uno los lleva a cabo, se hace respetable. Y para mí Ángel es un tío muy respetable.

Escribo con mi suegra en mente. (…) Pienso en ella, en contarle una historia que entienda, que sea amena.

Gracias al salto de editorial, La Quadrophenia de Pete Townshend está distribuyéndose (“y promocionándose”, subraya) mejor que los anteriores trabajos del autor. “Un programa en la Cadena Ser, en el Sofá Sonoro de Alfonso Cardenal, firmé en la Feria del Libro de Madrid, hice una presentación que estuvo muy bien organizada por Sílex…el ir moviendo el libro e ir promocionándolo aquí y allí influye en las ventas. Pero la gente lee poco, lee poco de música, y menos sobre los Who”.

Con todo, Cosmen ve el futuro con mayor optimismo. “Tengo la sensación de que está empezando un nuevo movimiento de literatura musical. En España se ha escrito sobre música, pero no muy bien. En los años setenta empezaron, pero la información de la época era poca, así que a esos pioneros hay que alabarlos. No puedes pretender encontrar en los libros escritos en esa época una cantidad de datos que hoy día sí son accesibles, pero bastante que lo hicieron. En Reino Unido, en cambio, hay unos libros alucinantes”.

La cultura musical del Reino Unido no tiene nada que ver con la española”, continúa. “Pero parece que hay cierto movimiento. Yo no pretendo hacerme rico, pero sí intento que lo que escribo tenga calidad. Y, como yo, lo intentan todos los autores que escriben ahora. Lo que hace genuino esto es precisamente el hecho de que no está pagado, de que lo leen cuatro…Los buenos movimientos culturales son buenos porque no son mayoritarios, y cuando se convierten en mayoritarios se estropean”.

Los libros publicados por Javier Cosmen son buenos ejemplos de ese cambio de tendencia que estamos viviendo en nuestro país. Sorprende, al leerlo, la sencillez con la que aborda temas complejos y con semejante nivel de detalle. “Escribo con mi suegra en mente. Mi suegra tiene -dicho por ella- una cultura musical muy limitada. Así que cuando escribo, pienso en ella, en contarle una historia que entienda, que sea amena. Y, aunque tenga que meter algún tecnicismo, intento que sepa lo que le estoy contando. Y funciona. Porque se lo paso a ella, y aunque dice que a veces se pierde un poco con los nombres -con John, con Pete, con Roger; no sabe lo que es una Rickenbacker o una Stratocaster-, lo entiende”.

Quizá por la abundancia editorial de los últimos años -editoriales como Reservoir Books, Redbook, Libros del Kultrum, Neosounds o la propia Sílex, entre otras muchas-, también se advierte cierta rebaja en la calidad de algunos títulos. A veces, da la sensación de que se publica con prisas y cayendo en errores sonrojantes fácilmente sorteables. No es el caso de La Quadrophenia de Pete Townshend.

Tengo un amigo del instituto, de toda la vida, que es corrector de estilo”, explica. “Cuando hice mi primer libro, Los Rolling Stones en España, se lo pasé y me hizo el favor. Aprendí mucho. Me dio mi manuscrito pintado en verde y yo aprendí muchísimo de ahí. Eso fue hace diez años. El segundo libro también se lo pasé, pero ya corrigió menos. Y de eso también aprendí mucho. Y con éste, pongo su nombre en los agradecimientos, Flavio Martín, precisamente por no haber hecho nada en este libro”.

Es difícil calcular el éxito de un libro hoy en día, aunque parece que a éste le va bastante bien, dadas las circunstancias (Cosmen repite que se lee poco, se lee menos de música, y mucho menos sobre los Who). Las críticas, eso sí, han sido positivas hasta la fecha, aunque reconoce que también necesita críticas negativas. “Si me criticas para hacerme daño no me vale, pero si me criticas porque algo está mal, me vale muchísimo. Porque hay que aprender. Cuando tú dices algo malo de mi libro, es algo en lo que yo a lo mejor no había caído, y entonces aprendes para el próximo”.

Por desgracia, lo que abundan en la actualidad son las críticas complacientes que evitan a toda costa el conflicto. “Hay gente muy mala, y la gente muy buena también escribe cosas malas. Lo malo de esto es que se pierde la credibilidad. Yo he perdido amigos por criticar a los Rolling Stones, que ha sido una banda que siempre me ha encantado. Y al final he decidido no hablar del tema”.

Julen Figueras
Apasionado de la música, de la política, y todo lo que las atraviesa. Aunque el rock pueda con todo, disfruto tanto con el soul como con el blues, con el metal como con el pop. Abogado del diablo. Defensor de pleitos pobres. Todavía empeñado en encontrar esperanza en el rock y en la palabra como armas para la subversión.
Si no quema, no es arte.

También escribe sobre música y feminismo para Pikara Magazine.
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