EZIO GUAITAMACCHI – Crónica del rock: aperitivo para ratos muertos

Si, en los años venideros, alguien dice que en España no hay cultura musical rockera, puede que tenga razón, pero desde luego nadie podrá decir que sea por culpa de Redbook Ediciones. Con martilleante insistencia, la editorial barcelonesa sigue lanzando libros que iluminen la historia de la música a través de ensayos, biografías o cómics. Todo vale para enganchar a quienes lean pero no escuchen rock, o para quienes escuchando rock no acostumbren leer.

Esta Crónica del rock que escribe Ezio Guaitamacchi y publica, traducido y en dos actos, Redbook Ediciones es un nuevo intento por abarcar un siglo de música. Otro más, porque es un tema innumerables veces andado, a veces por la misma editorial, sin quedar del todo claras las diferencias entre unos títulos y otros. Nadie necesita que le recuerden que la actuación de The Beatles en el show de Ed Sullivan fue el más visto de la historia de la TV y que la criminalidad descendió drásticamente durante su emisión (una involuntaria fake news que ha llegado hasta nuestros días).

Por lo que se puede leer en las redes y en la propia solapa de Crónica del rock, Guaitamacchi es una suerte de Jordi Sierra i Fabra a la italiana. Un escritor compulsivo y polifacético que abarca áreas dispares y que se ha convertido, con perseverancia, en un referente de su país en lo que respecta a la música rock. Su Crónica del rock es el segundo de sus libros que publica Redbook en nuestro país, después del también doble Rutas del rock.

Y, aunque su nuevo lanzamiento es, por la propia temática, más ambicioso, el enfoque vuelve a ser el del entretenimiento pedagógico más que el del ensayo académico. A Guaitamacchi le funciona, porque es un buen recopilador de datos con visión para presentarlos de forma sencilla. En Crónica del rock, lo visual tiene tanta importancia como lo literal, convencido como debe de estar su autor de que los datos entran mejor cuando se leen de forma ligera y divertida.

Con fotos (en blanco y negro), cuadros, globos y negritas, todo en este libro está pensado para que la digestión sea rápida y ligera, un aperitivo para ratos muertos. De forma más o menos sistemática, organiza las pequeñas biografías, las presentaciones de subestilos o las cronologías para que tus propias ganas sean las que decidan si te sumerges en su contenido o si pasas hasta la otra orilla pisando por las piedras.

Esa elección, ciertamente poco común, hacen que el tomo se parezca más a un libro de texto que a un tomo para gente lectora. Si alguien siguiese la manida (y muy discutible) expresión de que el rock “debería enseñarse en las escuelas”, este libro figuraría en la bibliografía obligatoria. “Hoy vamos a dar el rock psicodélico, abrid el libro por la página 225, capítulo 6”. “El hillbilly también entra a examen”.

Éste es un enfoque sin duda atractivo para las generaciones jóvenes, con menos paciencia para textos que se extiendan más de un par de párrafos. Por contra, para quienes hemos pasado la edad escolar y leemos de forma continuada, el de Crónica del rock es un formato que nos recuerda más a las revistas musicales. Visual, desenfadado, ligero. Ideal para un vistazo rápido, pero no para una lectura más extensa, que queda entorpecida y hace que leerse un capítulo entero se antoje cuesta arriba.

Una vez leído, el tipo de conocimiento que se queda grabado es el anecdótico. Un puñado de chascarrillos y algunos nombres propios, atados por un hilo narrativo débil y difícil de agarrar. En este sentido, y para quien tenga interés en libros del estilo, la Historia de la música pop de Peter Doggett (también publicado por Redbook Ediciones) ofrece una experiencia más amena y enriquecedora.

Eso no significa, ni mucho menos, que la Crónica del rock de Ezio Guaitamacchi sea un mal libro. Lo que pasa es que su apuesta por lo visual y entretenido apela a un público en el que yo no encuentro sitio. Si, en cambio, consideras que los libros son invariablemente largos y pedantes y te has leído esta reseña parándote sólo en las negritas, Crónica del rock puede ser el libro que te abra las puertas a un mundo más rico e interesante.


Lo mejor: que apele a un público hasta ahora algo olvidado.
Lo peor: que la lectura se dificulte por una maquetación demasiado visual


Julen Figueras
Apasionado de la música, de la política, y todo lo que las atraviesa. Aunque el rock pueda con todo, disfruto tanto con el soul como con el blues, con el metal como con el pop. Abogado del diablo. Defensor de pleitos pobres. Todavía empeñado en encontrar esperanza en el rock y en la palabra como armas para la subversión.
Si no quema, no es arte.

También escribe sobre música y feminismo para Pikara Magazine.
Julen Figueras on FacebookJulen Figueras on Twitter

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

15 − seis =

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.