MARCELO PISARRO – Nosotros, los normales: GG Allin en el infierno punk

Como broma está bien, pero…en serio: ¿quién querría leer un libro sobre un punkarra cuyos mayores méritos tuvieron menos que ver con lo musical que con una tendencia a la performance kamikaze? ¿Desde cuándo es interesante un tipo conocido no por sus canciones, sino por cagarse en el escenario y tirarle la mierda al público? ¿Quién es, de todas formas, ese payaso con sangre cayéndole por la frente llamado GG Allin?

Nosotros, los normales no busca rebatir a quienes piensen que el tal GG Allin era una nadería musical. No pretende reivindicar una figura olvidada por el gran público ni relativizar su fracaso cargándole la culpa a la sociedad, que no supo apreciar a una mente incomprendida. Todo lo contrario. Allin era un personaje interesante, sí. Pero no por su música, que en el mejor de los casos era pasable, sino a pesar de ella.

Porque la música, para Allin, pronto pasó de premisa a pretexto, y lo que quedó en primer plano fue lo otro. Las declaraciones inflamables, la violencia, la mierda, los conciertos de dos canciones, la sangre, el funeral. Una colección de atrevimientos que pretendieron devolver el peligro al rock y que acabaron por perfilarse como idioteces propias de nuestro tiempo.

Ése es el punto de partida del periodista y antropólogo Marcelo Pisarro, que se vale de la figura de GG Allin para hacer un análisis sociológico afilado, pesimista y tremendamente estimulante. La tesis de Pisarro es que la performance de Allin, lejos de suponer un revulsivo para la sociedad o para el rock domesticado, se inserta sin roces en la cotidianeidad de un mundo que regurgita cualquier desvío y lo vomita en forma de consumible.

Es cierto que la teoría de que el capitalismo lo engulle todo y de que no hay forma de escapar de su puño invisible es bien conocida, y la traemos a colación cada vez que vemos una camiseta del Che o un póster con la bandera anarca. Lo que nos suele faltar es un análisis tan bien articulado como el de Pisarro. Tirando de los restos del naufragio dejados por ese pobre diablo llamado GG Allin, el autor aprovecha para hablarnos de las posibilidades transgresoras de la música o de los mecanismos sociales para establecer la normalidad a través de sus propias desviaciones.

No hay mucha diferencia entre los exabruptos de GG Allin y la telebasura de gritos y descalificaciones que depredan nuestras salas de estar, dice Pisarro. Si ese tipo cuyo padre decidió llamar Jesus Christ fue profeta de algo, fue de los virales de youtube con caídas graciosas y de la serie de películas Jackass, ésa en la que unos tipos se graban haciendo estupideces dolorosas que, muy en el fondo, a todos nos gustaría pero no nos atrevemos a hacer.

Nosotros, los normales se lee con la rapidez de un himno punk de minuto y medio, aunque el poso que deja es mucho más duradero. Las ideas con las que nos ametralla Pisarro aturden por su contundencia, y nos obligan a volver a ellas, a masticarlas debidamente, a revisar las fuentes. Hay mucho mérito en manejar términos e ideas traídos de la sociología, la antropología o la filosofía sin resultar pesado ni pedante. Hacerlo con ingenio y algo de humor malvado, como lo hace el autor argentino, es prácticamente imposible.

Entre la hagiografía iconoclasta, el relato de ficción y la ciencia social, Nosotros, los normales rompe los corsés de la literatura musical y consigue lo que Allin sólo pudo rozar con los dedos: ser un artefacto que interpela tanto a quien escuche punk como a quien lo repudie, tanto a quien tiene las ideas claras como a quien empieza a formarse un pensamiento autónomo. No hay mucho más que decir sobre este escueto libro, salvo que os hagáis el favor de comprarlo.


Lo mejor: haber encontrado, por fin, un libro valiente.
Lo peor: que sólo se haya editado en formato digital.


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Julen Figueras
Apasionado de la música, de la política, y todo lo que las atraviesa. Aunque el rock pueda con todo, disfruto tanto con el soul como con el blues, con el metal como con el pop. Abogado del diablo. Defensor de pleitos pobres. Todavía empeñado en encontrar esperanza en el rock y en la palabra como armas para la subversión.
Si no quema, no es arte.

También escribe sobre música y feminismo para Pikara Magazine.
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