JIM McCARTHY & MARC OLIVENT – Keith Moon & The Who: vida hecha trazos

keith moon

No hay nada que huela mejor que un cómic nuevo. Llevo leyéndolos desde que era pequeño, y me encantó ver que se publicaba en formato ilustrado la vida de Keith Moon. Por desgracia, y a pesar de sus muchos aciertos, creo que este título se queda lejos de lo que prometía. 

Empezando con lo primero que vemos, y que siempre me gusta mencionar, la portada me parece un gran error. Debería causar impresión y, sin embargo, no está a la altura. El título podría haber sido más contundente si solo mostrara el nombre del excéntrico personaje y gran protagonista de esta historia: ‘Keith Moon’, centrado y en una sola línea. La ilustración es muy confusa, con unos miembros de la banda que no se parecen y que no hacen justicia a algunos de los dibujados que hay dentro. Hay una ilustración en las primeras páginas con varios Keith rodeados de una enorme Union Jack que hubiera sido mucho más adecuada, impactante y elegante. Tampoco me acaba de convencer la tipografía ni la ubicación del subtítulo, “Vida y muerte del genial batería de la mítica banda británica” que además me resulta algo largo.

Una vez sumergido en la historia, salta a la vista que el estilo del dibujante Marc Olivent es americano, y recuerda al de Mike Mignola, ilustrador de la serie de Hellboy. Los trazos son realmente buenos, y se nota que utilizaron fotografías para las referencias. Muchas de las viñetas representan perfectamente a los Who y el estilo de vida de los rockeros a finales de los sesenta. Pese a ello, el propio ilustrador nos aclara en la galería de las paginas finales que fue difícil dibujar según qué caras por la falta de referencias. Quizá esa es la razón por la que peca de cierta falta de consistencia entre las caras de los mismos personajes y a veces cuesta diferenciar a unos de otros. 

No sé hasta qué punto hubiera sido mejor que la historia hubiese sido presentada en blanco y negro. Pese a que no se han esforzado mucho en el uso de color, y que todas las sombras y luces son gracias al trazo y tinta, esos colores de tonalidades apagadas nos ponen en situación de la decrepitud de la vida del artista y la época. 

Abarcar en un cómic toda la vida de alguien, y más si ese alguien es tan intenso como el famoso batería de los Who, obliga a condensar demasiado. Hay saltos temporales muy acentuados y que resultan confusos para el lector. Y, pese a que hay eventos interesantes en todas las etapas de su vida, creo que hubiera sido mucho mejor centrarse en un evento concreto y explotarlo al máximo. Para enterarnos de todo, al fin y al cabo, ya tenemos el libro en el que se basa el cómic: Dear boy: the life of Keith Moon.

Es muy interesante, eso sí, el poder ver de forma gráfica algunas escenas míticas y travesuras del joven músico. Destacan sus incontables peleas con cualquiera de ideas contrarias que se cruzara en su camino, sus provocativos disfraces y abusivas fiestas con el clásico sexo, drogas y cómo no, rock and roll. Dos viñetas no son suficientes para contar el escándalo de cuando se disfrazó de nazi para pasear por las calles de Londres. En contraste, la relación con su novia Annette Walter-Lax se lleva unas cuantas páginas en las que se narran sus primeros encuentros, sus peleas y los últimos momentos de su vida al lado de la joven modelo. 

Me queda por mencionar que, al acabar de leer, me puse a escuchar Quadrophenia, uno de mis discos favoritos y la que considero obra maestra de Pete Townshend, un referente en el estilo mod pese a ser de los menos mencionados en el libro. Sin duda, los Who cambiaron el rock, y Keith Moon fue uno de esos personajes que hoy en día tanto nos gusta ubicar entre los grandes mitos, como Jimi Hendrix o Syd Barrett, y que siguen dando mucho que hablar.


Lo mejor: los trazos y algunas viñetas de escenas memorables de la historia del rock.
Lo peor: el guion, la traducción y la estructura de la narrativa, que hace que la historia acabe siendo confusa y difícil de seguir. 


Roger Sánchez
Futura estrella del rock, de mientras escribo. Devorador de discos. Estoy en un grupo de rock (evidentemente).
Estudiante de diseño de videojuegos y producción musical en Barcelona, ciudad de la que estoy enamorado.

Mientras yo viva, el rock también.

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