EZIO GUAITAMACCHI – Crónica del rock: nuevos hitos

Segundo acto de esta crónica del rock del italiano Ezio Guaitamacchi, gran conocedor del tema. Sin haber leído la primera parte, me adentro sin predisposición alguna, con la mente abierta para aceptar su proposición.

Para más de 300 páginas, seis capítulos pueden antojarse escasos e inducir a un densidad con algo de rechazo mental. El toque cronológico, representado en cuadros grises alrededor de las páginas con datos significativos y fechas, al parecer del escritor, liberan ese posible pensamiento de aburrimiento y consiguen distraer (en sentido positivo) sobre el grueso de los amplios párrafos que dejan poco respiro al nivel de concentración lector. No es lo que parece: Crónica del rock se lee fácil, los globos con información adicional y los quizás escasos documentos gráficos dan balance a tanto texto, a la par de los subcapítulos estructurados con la coherencia elegida por el autor, van fluyendo suavemente.

La idea del escritor queda claramente reflejada en un contexto cuidado y entendible, culto pero sin llegar a resultar cargante. Sus explicaciones transparentes ayudan a visualizar los momentos retratados.

El primero de esos momentos es del rock progresivo y el glam. Y, si se conoce algo de estos estilos, las palabras definitorias son justo las que pasan por la cabeza al describirlo, vocabulario correcto cuando se piensa en este tipo de música. Consigue despertar las ganas de ponerte a escuchar a esas bandas y dejarte llevar por su cultura especial. Mezclando músicos de distinto renombre con hilo fino acaba con una gran clase práctica sobre los instrumentos propios del género, algo de originalidad que se agradece.

El momento dedicado al punk no es nada especialmente reseñable, salvo por la visión del fenómeno Sex Pistols y el enfoque que da a la banda. Encontramos el primer error de corrección de los varios que van a aparecer. Y es que, a pesar de que Crónica del rock un libro traducido, estas cosas se deben cuidar: los detalles son los que deciden la calidad o no de un buen libro.

En ciertos momentos, y a medida que avanza el libro, se empieza a notar que Guaitamacchi se sale bastante del guion, y el tema principal acaba derivando en otras cuestiones a veces no muy pertinentes pero que tampoco resultan molestas para la lectura. De nuevo algo original: los festivales, tema obviado injustamente en la mayoría de libros al uso, una pena que no haya profundizado más. Resalta también su manera gráfica de retratar la sociedad de cada momento musical y su relación intrínseca con ésta. Su forma elegante de escribir críticamente sorprende por sutil.

Ya en el cuarto capítulo empezamos a notar una mezcla de conceptos y estilos que no se ciñen a los géneros referidos, la masiva aparición de bandas que poco tienen que ver con el título en sí y la divagación entre sus amplios conocimientos inunda cada página y dispersa ideas, desestructurando el supuesto guion de partida. Podría resultar sobrante si no fuera porque, aunque despista, se hace ameno.

En el capítulo dedicado a los 80, aparte de las numerosas menciones a grupos y estilos inesperados, destacan sus menciones al canal MTV o al CD como aportaciones, algo inusual en lecturas similares. La cantidad de paja puede aburrir si esperas leer sobre el mundo del rock únicamente, ya que el hilo principal a estas alturas está perdido por completo. El fuelle se va perdiendo y la fuerza pasa a pequeña decepción tras un buen comienzo.

Poner el punto y final con el grunge (y teniendo en cuenta el nulo interés que este género me despierta personalmente) parece arriesgado y pienso que ya puede vendérmelo bien para que esto no acabe en tragedia literaria. Su obsesión con Reagan comienza a aburrir. Perdido entre tribus urbanas y distintos subgéneros que resultan innecesarios, esta Crónica del rock acaba extrañamente y con aire depresivo.

El final parece forzado, nada concluyente ni recapitulado, algo abrupto y seco, parece haberse quedado sin páginas de repente. Esa última página gris cargada de datos deja una extraña sensación de frialdad inacabada…una agridulce mezcla de sensaciones.


Lo mejor: sencilla y amena lectura de vocabulario cuidado.
Lo peor: la pérdida de hilo y la constante aparición de bandas que nada tienen que ver con el rock.


Virginia del Real
Inconformista; si lo pienso, lo digo. Emocional; si lo siento, lo disfruto. ¿Música? ¡Siempre!
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