Pau Monteagudo

PAU MONTEAGUDO: «no contemplo otra opción que no sea la música»

A Pau Monteagudo no se le entrevista. Con Pau charlas largo y tendido. No se toma mi llamada como un trámite a resolver con monosílabos. Todo lo contrario: pronto me doy cuenta de que es una de esas personas que atesora, con orgullo, el arte de conversar. Rápidamente opto por dejar a un lado el cuestionario preparado y, como si estuviésemos tomando la primera caña del viernes, saltamos de un tema a otro: la actualidad musical, inicios, gustos, el arte de componer y el oficio de ser músico mientras abordamos, precisamente, el tema principal: el nuevo disco de Corazones Eléctricos, Arte y oficio

El arte

Pau Monteagudo no tenía más de doce años cuando vio Regreso al futuro. Recuerda que aquél fue el punto de inflexión, ver a J. Fox rockear en el baile de fin de curso: “dije: yo quiero eso”, aunque según le recuerdan sus padres, ya hacía tiempo que les machacaba en el coche hasta que hacían sonar en bucle a Miguel Ríos. Y, de ahí, su primer concierto: una de las citas de la gira “El rock de una noche de verano”. Y su primera guitarra, sus primeros sueños y sus primeras canciones. 

El arte es… cuando eres un niño y, con muñecos, imaginas historias improbables en tu habitación«. Componer, crear. Viene de nuestro lado infantil, una parte ilusa e inocente de la persona que nos permite deshinibirnos de lo demás, especialmente del oficio. Tras veinticinco años en ello, para Pau “componer es una especie de necesidad (…) Siempre he escrito canciones”. De ahí que, tras el parón de Uzzhuaïa, regresase un año después con banda y canciones nuevas bajo el brazo, además de guitarra en mano, y es que a día de hoy sigue sin sentirse cómodo sobre un escenario sin empuñar una. Los orígenes se graban a fuego. Y añade: “acabamos de lanzar el segundo y ya estoy trabajando en canciones para el tercero”. 

La prueba de su aferramiento a su lado más pueril, libre y creativo es el propio disco, en el que cabe de todo: rock clásico cuya base pelada sigue siendo Chuck Berry (“Por ti”, “Contra las cuerdas”), épicas baladas (“Sangre y Revolución”) o un trallazo punk rock dedicado a una salsa picante, “Valentina”, “la consumo a litros”. Esa libertad creativa (una ventaja de la independencia de la banda) también le permite una firme capacidad de afrontar retos, como componer un emotivísimo tema sin guitarras eléctricas sobre la permanencia del arte tras la desaparición del artista. “Sempiterno”, tras siete años «en la nevera» sale a la luz y cierra el álbum de forma inmejorable. 

Gracias a esa autonomía surgió también la portada, pues «el concepto era otro distinto pero al montar esto para el interior nos gustó tanto que descartamos la idea original«. También el ambiente en el estudio es proclive a ideas espontáneas e improvisación: «si entras al estudio, no estás bajo un caparazón e interactúas con las personas, a veces sucede la magia«.

Sin que parezca un puñado de frases preparadas, Pau discurre con una contundencia que aún sorprende tras los nervios y desconfianza iniciales, cuando ya no es necesario marcar terreno. Su vida es la música. “No me queda otra, no contemplo otra opción y menos a estas alturas”.  Así pasamos al presente, pues se apunta al futuro a través de los sueños del niño y se llega a él como adulto cargado de experiencia. Sigo teniendo ilusión; menos sueños, sé que no voy a llenar un campo de fútbol, soy consciente de la realidad que me rodea. Así me siento libre.

El oficio

Pau compagina Corazones Eléctricos y los conciertos esporádicos de Uzzhuaïa con recitales de versiones que ofrece en la provincia de Valencia, cada vez más abundantes, e impartiendo clases de guitarra a aquellos que se lanzan a descubrir el arte. “Me llena de ilusión presenciar cómo los chavales descubren a Sabbath por primera vez, a Nirvana”.

El oficio: “son las técnicas, las herramientas, los trucos; se aprende con los años”. Pero el oficio también son los ensayos, las largas giras, la gestión, las grabaciones y, por supuesto, tener los pies en el suelo. “Las grandes biografías están bien, te inspiran, pero son historias de triunfadores de otra época. Y tener los pies en el suelo es pensar en lo rentable que es un grupo de tres -«gastamos menos en alojamiento y manutención y cabemos en cualquier escenario”-, afrontar una grabación de seis días cuando el nuevo batería se incorporó hace un mes o cercar el ímpetu artístico pese a su obsesión por retarse: «me pongo límites por el momento«

Aun con límites -en Arte y oficio no hay trap-, Pau no deja de probar cosas nuevas, como si le estuviera echando una carrera a la experiencia acumulada. Acuña: “un músico nunca termina de formarse”. Pero, claro, tras veinticinco años en la profesión, su librillo va tomando cuerpo con interesantes apuntes como “ninguna canción termina nunca de cerrarse (…) Cuando no veo más allá de lo que tengo delante, las meto en la nevera” o «a lo largo del camino se aprenden muchas cosas, es decisión tuya hacer uso de ellas o no«. De ahí, el mentado “Sempiterno”, la ligérsica “El monstruo” o ese delicioso regusto a power pop que se respira en muchos estribillos.

Y, como buen oficial, tiene humildad para fijarse en los peces más grandes: nombra a Bunbury como referencia a la hora de transformar canciones, a Tool, NIN y Queens Of The Stone Age como arquitectos de cada obra que se plantean o a Woody Guthrie como gran maestro olvidado. Como cualquier melómano, salta de estilo en época cual abeja con las flores en primavera: Metallica, The Who, Motley Crüe, Queen, Tony Joe White, promesas incipientes como Biznaga o bandas de cierto culto como Coilbox, por si no hubiese quedado clara su ocupación a tiempo completo. 

A punto de cambiar de tema, como si llevase una hora apuntalando su tesis y necesitase poner el último clavo, insiste: «me preocupo de lo que necesito y lo que necesito es hacer música. Si conecto con alguien, estupendo. Y, si no, seguiré buscándome la vida«.

El oficio hoy

Intentamos esquivar los tópicos, pero las conclusiones no sorprenden: “hoy día parecen más necesarios los seguidores que dar conciertos. Primero tienes que ser conocido tú y, después, lo que haces, porque un festival, por supuesto, va a comprobar cuántos seguidores tienes”. No cree haber nacido en un tiempo equivocado, sino que lleva mejor lo de componer, cantar y tocar que mantener un perfil público. “Sé que tengo que mejorar en ese aspecto, pero me cuesta. Además, el tiempo invertido en redes sociales se pierde de mejorar esa idea que te ronda. Puedes contratar a alguien, pero claro, págalo”. 

Más que un tipo de la vieja escuela, me da la impresión de ser un alguien al que le importa la música, las emociones y la conexión con el público por encima de todo. O, quizá, una cosa vaya con la otra: “el legado de un músico es su música, no lo que publica”. Además, se siente desubicado: «a día de hoy la gente quiere que la entretengan (ir al evento, sacarse la foto), pero eso no tiene nada que ver con disfrutar de algo. Estás convirtiendo tu vida en una trituradora, consumes sin disfrutar«. Por descontado, es de los que siguen comprando discos e incluso planea escuchas conjuntas; otra forma de mantener activo a su yo de hace décadas. 

pau monteagudo corazones eléctricos

No sólo ve problemas como músico, sino también como melómano: «es todo tan cíclico (película de Queen, película de Motley Crüe, y ahora están hasta en la sopa) que no se están creando nuevos referentes”. Sin embargo, no cree que la nuestra sea la única época con obstáculos. Recuerda cómo muchas grandes bandas, algunas de las que hoy siguen en pie y «se han convertido en Coca-Cola«, «también tuvieron que adaptarse y aprender a navegar en las aguas de su época. Las drogas, por ejemplo, se llevaron por delante a muchas bandas«. 

Los problemas de hoy, aunque son otros -«el cedé te permitía cambiar de canción. Ahora, puedes ir directo al estribillo. Nos vamos a volver locos«-, él se mantiene en su máxima: “sepamos dónde estamos, disfrutemos de lo que tenemos alrededor y a partir de ahí, a currar«.

Pau Monteagudo, Arte y oficio 

Antes de despedirnos, nos volvemos a centrar en el tema troncal, el disco que acaban de lanzar y la relación entre sus conceptos: «Hacer canciones es conectar tu pasado con el presente (…) Mantener el crío que fuimos junto al adulto que somos«. Como un viaje en el tiempo, una idea que quizá arrastrase desde Regreso al futuro

Entonces, noto cómo se le infla el pecho cuando explica su baza favorita, el tema oculto al final, pues en este caso está lejos de la mera anécdota. Tras el silencio que deja “Sempiterno” acompañando a un oyente, sin duda emocionado, suena una voz de otra época que entona el tango “Por una cabeza”. La voz no es otra que la del abuelo de Pau, que murió antes de que él aprendiese a tocar la guitarra.

En ese afán por recuperar un legado y mantener vivo al intérprete, el artista consigue lo imposible: tocar la guitarra junto a su abuelo a través de los años. A una pista digitalizada de un antiguo magnetofón le añadió otra de su propia guitarra, interpretada a una edad superior a la de su abuelo cuando grabó este tesoro. Ése es, probablemente, el mejor resumen del disco: un legado que sobreviva generaciones. El poder del arte.


Gira de presentación del nuevo disco de Corazones Eléctricos, Arte y oficio:


Puedes escuchar Arte y oficio en Spotify:

Edgar Corleone
A la música le dedico la mayor parte de mi tiempo pero, aunque el rock me apasiona desde que recuerdo, no vivo sin cine ni series de televisión. Soy ingeniero informático y, cuando tengo un hueco, escribo sobre mis vicios.

Tres nombres: Pink Floyd, Social Distortion y Bruce Springsteen.

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