STEVEN HYDEN – Twilight of the Gods: viaje al final del classic rock

twilight of the gods

Hay en Twilight of the Gods al menos dos afirmaciones con las que cualquiera podría estar plenamente de acuerdo. Una es que Gene Simmons es un cretino. La otra es que los días del classic rock como género y estética dominantes están contados. La primera es una afirmación tan obvia que no necesita mayor explicación. Para la segunda, Steven Hyden ha escrito un magnífico libro de título nietzschiano que, aunque aún no ha sido traducido a nuestro idioma, acabará por convertirse en clásico.

Nuestros héroes rockeros se mueren, dice Hyden. Y hasta ahí no hay nada que discutir. Escrito durante los meses en que David Bowie, Prince, Glenn Frey y Tom Petty negaron la inmortalidad que les habíamos presupuesto, al autor de Twilight of the Gods le sirven estas pérdidas (irreversibles, sí) como pretexto para hablar de ese mundo mitológico que es el rock, y más concretamente el classic rock.

Porque lo que realmente estamos viendo ahora no es sólo la ley de vida siendo ejecutada sobre grandes músicos, sino la desaparición de figuras icónicas que contribuyeron a apuntalar cierto tipo de rock como el estándar estético del último medio siglo. El que consagra el álbum (y no el single) como unidad artística, la creación original (y no la interpretación) como valor supremo, o el sexo y las drogas como modo de vida deseable (y a la vez inalcanzable).

Hyden (Wisonsin, 1977) no vivió nada de eso de primera mano. Habiendo nacido una o dos décadas tarde, el periodista tuvo que sumergirse en el mundo del rock a través de la mitología que medios como la Rolling Stone han creado, y que bandas como Led Zeppelin o Black Sabbath no se han molestado en desmentir. Una circunstancia afortunada para escribir un libro como éste, que tan fácilmente habría podido caer en la consabida glorificación de una cosmovisión trasnochada.

En su lugar, Hyden recupera algunas memorias entendiendo que la imagen que él se hizo del rock no venía tanto por lo que la música le decía como por lo que tantos artículos, pósters, liner notes, entrevistas y, en suma, márketing, habían construido para jóvenes impresionables como él. Como adolescente algo desubicado, el rock vino a darle un marco y una escala de valores con las que manejarse en el mundo. Igual me pasó a mí, y seguramente a ti.

Por Twilight of the Gods pasan Pink Floyd o Led Zeppelin, AC/DC o («no soporto a los putos») Eagles, pero su inclusión y el análisis que les brinda no es tanto para recrearse en gustos particulares como para ilustrar el engordamiento de esos mitos que tanto nos han alimentado: la introspección apta para adolescentes de Dark side of the moon, la sexualidad casi mística de IV, la máquina perfectamente engrasada de Highway to hell (o cualquier otro de su discografía, porque todos son iguales), o la persistencia de Hotel California en la frecuencia modulada.

Apasionado de la mitología que construye el rock clásico, Steven Hyden se muestra poco naíf a la hora de destapar sus entresijos más incómodos. Así, por ejemplo, puede que REO Speedwagon (y otras muchas de las entonces llamadas rock corporativo) untaran a las radios a base de cocaína y hornos microondas para que Hi infidelity llegara a lo más alto de las listas (la historia va con todo lujo de detalles). Pero Hyden, en lugar de limitarse a la comprensible condena de unas prácticas perniciosas, se toma su tiempo para explicar que, independientemente de trampas, esa música podía hablar a los corazones de sus oyentes igual que hablaba al corazón de su madre recién divorciada (su padre, en cambio, era más del Rumours).

Su posición respecto a las drogas es igualmente matizada. Si Gene Simmons (¿hemos dicho ya que es un cretino?) consideró “patética” la muerte de Prince por sobredosis, Hyden recuerda que otro de nuestros ídolos, Bowie, tomó de todo y más en su buena época, con la feliz diferencia de haber sobrevivido hasta los casi setenta años. ¿Qué hace que la muerte de Prince sea patética y la de Hendrix o Joplin o Morrison fuera puro rock? ¿Qué ha cambiado, en qué hemos cambiado, durante todos estos años?

Apenas hay grandes verdades en Twilight of the Gods. Hay, más bien, preguntas abiertas, hipótesis alternativas, sabiduría adquirida con años de afición y alguna que otra certeza. Por ejemplo, que, una vez terminada la era de los mass media y con un mercado musical fragmentado en mil estilos, la prevalencia del classic rock (o de algo que lo sustituya en su mismo nivel y omnipresencia) es sencillamente imposible. No busquéis un equivalente en la música de este siglo, dice, porque no lo hay.

Es reconfortante, por lo demás, leer a un autor blanco, heterosexual y de mediana edad reconociendo su (tu, mi, nuestro) privilegio y de tacharlo de nocivo, al tiempo que celebra la progresiva apertura de este género amado y envejecido. Donde antes había casi exclusivamente tipos blancos, ahora empezamos a encontrarnos también mujeres, negros, lesbianas, diversos funcionales. Y eso está bien.

Nuestros ídolos se mueren, decíamos, y con ellos un mundo mitológico que parecía existir para siempre. Cuando todos ellos se hayan ido, no habrá música rock en estadios ni en televisiones. Pero, tal y como aventura Hyden, quizá sea mejor así: quizá el rock nunca debió abandonar las salas y el underground. Al fin y al cabo, ¿quién disfruta de la música en campos de fútbol de cuarenta mil personas y eco interminable?

Más allá de certificados de defunción y afirmaciones grandilocuentes, lo que Twilight of the Gods nos enseña es que la mitología del rock sólo es útil en tanto en cuanto nos sirva para explicarnos, pero deja de serlo en el momento en que nos impone una camisa de fuerza. El sexo, la rebeldía, las drogas, la transgresión, las carreteras interminables, el heroísmo, el público multitudinario, los discos de oro, los videoclips… Todo eso terminará. Pero, despojada de todo ello, la música seguirá sonando mientras haya alguien que toque y alguien que escuche.


Lo mejor: que alguien se atreva a desmontar el rock desde dentro.
Lo peor: que aún ninguna editorial española haya recogido el guante.


Julen Figueras
Apasionado de la música, de la política, y todo lo que las atraviesa. Aunque el rock pueda con todo, disfruto tanto con el soul como con el blues, con el metal como con el pop. Abogado del diablo. Defensor de pleitos pobres. Todavía empeñado en encontrar esperanza en el rock y en la palabra como armas para la subversión.
Si no quema, no es arte.

También escribe sobre música y feminismo para Pikara Magazine.
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