the Felice Brothers

Bailar el apocalipsis: THE FELICE BROTHERS en Estocolmo

Antes de recoger su guitarra y salir disparada a tomar un tren, Carson McHone agradeció al público haber hecho el esfuerzo de llegar pronto para verla telonear a la banda de la noche. Su música, un country de paso lento y densidad lírica, le iba como un guante a la noche de americana que nos esperaba. Tras los debidos agradecimientos y antes de interpretar un último tema, McHone nos convino a disfrutar de The Felice Brothers, con una alabanza que sonó como una advertencia para prestarles la atención debida: “su música es importante, y además son muy divertidos”.

Importantes. Divertidos. Quizá las dos palabras con que podría resumirse el concierto que vivimos en su final de gira en Estocolmo. Algo menos de dos horas de diversión importante frente al público que sí consiguió comprar su entrada antes del previsible sold out. Y es que la fama de banda de directo precede a The Felice Brothers. Como si hubiesen nacido sobre el escenario en que tocan, los hermanos Felice hacen del tocar frente a su público una experiencia mejorada de lo que veníamos escuchando en disco, derrochando una naturalidad imposible de fingir.

Jesske Hume

A lo largo del show, los hermanos y sus nuevos socios, Jesske y Will, intercambian miradas, sonrisas e instrumentos de forma casual, tal y como lo haría una banda que se sube a las mismas tablas del mismo bar una noche tras otra, durante años. Y su confianza se te pega, su magnetismo te obliga a quitarte de encima los trapos del decoro para abandonarte a lo que la banda mande, sea esto acompañar a coro en el estribillo de “Whiskey in my whiskey” o gritar desesperadamente los aullidos de “Penn Station” (no sin antes decir, medio en broma medio en serio, que el público escandinavo apesta porque no participa como otros).

La agilidad de su música y la fuerza desbocada de su directo me hacen recordar a los desaparecidos Marah en sus mejores tiempos, cuando eran casi desconocidos pero reventaban salas por media España. The Felice Brothers no ha tenido aún la oportunidad de probarse en nuestros escenarios, pero cuentan con una baza similar a la de los chicos de Philly. El hambre de escenario se huele desde el público, y los hermanos Felice tienen un apetito que los años de carretera no parecen saciar.

James Felice

James Felice, con una alegría en la cara que sólo desaparece en momentos musicales cuyo dramatismo así lo pide, tiene el comentario perfecto para el momento adecuado. Entre canción y canción, es capaz de convencerte para comprar todo cuanto queda en la mesa de merchandising (poco, tratándose del último concierto de la gira), pedir chupitos y cerveza para toda la banda o hacer que el ritual de preguntar cómo se dice “¡Salud!” en sueco no resulte rutinario sino hilarante. Si alguien tiene que animar a las masas, ése es James.

Ian, en cambio, a pesar de ocupar el centro del escenario adopta un perfil algo más bajo que el de su hermano, dedicado más al disfrute que al control del espectáculo. Aunque de buen humor, se pasa el concierto concentrado, como sintiendo cada una de las palabras que canta y cada uno de los acordes que rasga. De vez en cuando se deja llevar y zapatea en el suelo, quizá para animar al resto a seguirle en intensidad. Y a veces esa intensidad se transforma también en un cambio de tempo, obligando a los demás a acelerar el paso.

The Felice Brothers

Con su último disco, Undress, The Felice Brothers han sabido encontrar la alegría con la que enfrentarse a la oscuridad imperante en su sociedad. Un equilibrio delicado en estudio que simplemente se disipa en el directo. Porque esa oscuridad, las malas noticias que alimentan su creatividad día tras día, están de alguna forma presentes en el concierto pero no consiguen hacerse hueco en el ambiente festivo que crea el cuarteto, que rehuye del slogan generalizante y abraza las pequeñas narraciones.

Claro que las letras de Ian Felice están atravesadas por la política, pero su enfoque es personal, íntimo, anecdótico. No abusan de la literalidad como Neil Young, aunque el mensaje se te presente tan directamente como si te lo hubiesen escrito en luces de neón. Tampoco se pierden en la opacidad lírica de Dylan, pero la belleza de sus imágenes conmueve hasta el escalofrío. 

James Felice

Así, al cantar “The kid”, los crímenes de un veterano de guerra traumatizado sirven para responsabilizar a la sociedad en su conjunto por un sistema que promueve el odio y garantiza el derecho a portar armas. En el lado poético, la intimidad de “Nail on the first try”, interpretada a piano y acordeón sin guitarras, rasga los sentimientos más íntimos con apenas una estrofa de cuatro líneas. 

Aunque, más allá de los tonos graves de estos temas, The Felice Brothers dedican sus esfuerzos a hacer de su show una fiesta, y ahí desempeñan un papel más importante “Salvation army girl” y “Special announcement”, dos cortes recientes que, sin embargo, parecía conocerse todo el mundo. Ahí se permiten algunos pasos de aquí para allá, un comienzo de baile que no termina de arrancar. Ian nos da la espalda para ejecutar sus solos, sucios y básicos y punzantes, aunque sabemos que está sonriendo, quizá poniendo alguna mueca, porque Will le devuelve la sonrisa desde detrás de la batería, y el público sonríe con él.

The Felice Brothers

Tras cosa de hora y media, la banda da por finalizado el set principal, y avanza que no van a hacer la pantomima de bajarse del escenario, desaparecer, esperar los aplausos y volver como si no estuviese planeado. No hay backstage detrás del escenario, así que tendrían que irse entre el público y resultaría tan farragoso y tan falso que prefieren decir las cosas claras: “tocaremos dos canciones más”. Dos canciones más que exprimimos por si acaso no volvemos a verlos.

Finalmente, y tal y como Carson McHone nos había advertido, nos quedó un concierto divertido e importante. Más lo primero que lo segundo, pero para eso vamos a conciertos, ¿no? The Felice Brothers no nos dan soluciones para superar el apocalipsis (¿quién lo hace?), pero al menos nos dan una banda sonora con la que bailarlo.


The Felice Brothers actuarán en España en las siguientes fechas:
9 de junio – Bilbao – Kafe Antzokia
10 de junio – Valencia – Loco Club

Julen Figueras
Apasionado de la música, de la política, y todo lo que las atraviesa. Aunque el rock pueda con todo, disfruto tanto con el soul como con el blues, con el metal como con el pop. Abogado del diablo. Defensor de pleitos pobres. Todavía empeñado en encontrar esperanza en el rock y en la palabra como armas para la subversión.
Si no quema, no es arte.

También escribe sobre música y feminismo para Pikara Magazine.
Julen Figueras on FacebookJulen Figueras on Twitter

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

2 × 4 =

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.