IAN S. PORT – El nacimiento del ruido: la rivalidad que dio forma al rock ‘n’ roll

el nacimiento del ruido

El nacimiento del ruido comienza cerca del final, en un momento histórico en el que “ese ruido infernal”, sencillamente, no desaparecía, sino que, con algunos guerreros a la cabeza, reclamaba un reinado indiscutible: los Beach Boys armados con herramientas Fender, un tal Keith Richards con una Les Paul en las filas de los Rolling Stones. El Ruido se encontraba en la flor de su vida cuando su imagen se ligó hasta nuestros días al sonido del rock, pero su historia comenzó muchos años antes. 

“El terreno de uno era principalmente el escenario, mientras que el del otro era el banco de trabajo; uno hablaba y el otro escuchaba.”

Lo que se vende como una historia de rivalidad es más una historia, a secas, sobre dos hombres brillantes. Leo Fender, que podría protagonizar una buena novela costumbrista -inventor autodidacta, mago de la electrónica y diseñador de lo útil-, y Les Paul, un tipo al que, extrañamente, Hollywood le debe un biopic: carismático charlatán, buscavidas, talentoso guitarrista y pionero de las grabaciones superpuestas. En una reconstrucción asombrosa y sorprendentemente humana, el reputado periodista Ian S. Port se moja hasta el punto de reproducir diálogos, describir escenas con olores y sonidos y resolver polémicas históricas -pone en su sitio a Merle Haggard y Paul Bigsby, los “auténticos” artífices del diseño original -. 

“Leo seguía siendo el responsable último de la organización y la angustia que eso le causaba no se aliviaba ni con un nuevo barco ni con un viaje a Hawai.”

Desde los años de formación de sus protagonistas al apogeo de su vida profesional, el periodista intercala sus hitos, logros y fracasos con detalle suficiente para sorprender y resultar creíble, pero podado hasta lograr un ritmo vibrante. Narrado en un tono híbrido de novela y documental, el manuscrito se desarrolla, al principio, de forma vertical, con Paul y Fender en el eje, para expandirse de forma horizontal a medida que avanza. La aparición de figuras como Muddy Waters, Dick Dale o, por su puesto, Jimi Hendrix, lejos de ser regalos a los fans, aportan el necesario punto de vista poliédrico a una historia que dejó de ser la de sus protagonistas para terminar siendo la de una generación y la de la misma música popular.

“Ninguno de ellos modelaría el futuro como lo haría Buddy Holly (…) porque nadie quedaría tan fascinado por Holly y su Strato como los jóvenes británicos.”

El nivel de documentación es tal que Port, en más de una ocasión, desmiente leyendas o regatea el ego de los propios protagonistas, siempre contrastando puntos de vista y, en contadas ocasiones, mencionando las fuentes en pleno párrafo. Porque las trescientas páginas de El nacimiento del ruido se complementan con cincuenta más en las que el escritor deja constancia de la fuente de cada frase, declaración o hecho que cree conveniente referenciar. 

Con tanto contenido que subrayar que apenas deja espacio para respirar, hay que esforzarse para encontrar huecos que, probablemente, a nadie le importen. Sin embargo, cabe reseñar el paso ligero sobre otros fabricantes importantes que se nombran sin profundizar, como Gretch o Rickenbacker. Es sacarle punta al lapicero con peligro de romperlo, para qué engañarnos. 

Phillips encontró un cantante blanco -Elvis Presley- que podía sonar como si fuera negro. Chuck Berry apaciguó a los oyentes caucásicos educando su voz negra para que sonara blanca” 

El nacimiento del ruido es un auténtico trabajo arqueológico cuyo resultado se aparta del ensayo académico y de la biografía roquera para inquirir en los quiénes, los porqués y los cómos de hace más de setenta años. Port da respuesta a preguntas que, como jóvenes fans, nunca nos hemos hecho, despertando tal curiosidad en el lector que lo obliga a releer párrafos completos para asentar el contenido. Su habilidad para pasar del detallismo documental al emocionante drama en cuestión de frases redondea este apasionado relato para hacerlo apto para cualquier interesado en el origen, los nombres o cualquier elemento de historia de la banda sonora de nuestra vida.


Lo mejor: descripciones que recrean periodos completos con pasión; minuciosidad de la investigación; tan trepidante que vibra como las cuerdas de una guitarra eléctrica.
Lo peor: leve sensación de que podía haber sido más completo, si cabe.

Edgar Corleone
A la música le dedico la mayor parte de mi tiempo pero, aunque el rock me apasiona desde que recuerdo, no vivo sin cine ni series de televisión. Soy ingeniero informático y, cuando tengo un hueco, escribo sobre mis vicios.

Tres nombres: Pink Floyd, Social Distortion y Bruce Springsteen.

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