«Meses de trabajo perdido», promotores musicales enfrentan un año de incertidumbre y pérdidas

Cuando no hay una pandemia que obliga a la gente a quedarse en sus casas, se piensa que la cultura es mero entretenimiento. En un contexto de cuarentena obligada o autoimpuesta, sin embargo, sabemos que es mucho más que una forma de pasar el tiempo. La música (y el cine, y la pintura, y la literatura) es un antídoto contra los males que nos acechan psicológicamente cuando estamos alejados del resto de personas. Es casi irónico que una de las materias escolares que más sufre cada nuevo recorte, la de las artes, sea la que pueda salvar a la gente en los momentos más duros.

Cuando esto pase y echemos la vista atrás, recordaremos estas semanas de encierro a través de las miles de iniciativas puestas en marcha para acercar la música hasta las casas. Pero, si para entonces no se nos ha olvidado ya, también sabremos reconocer que ningún streaming, por bueno y profesional que sea, se acerca mínimamente a la experiencia de ver a una banda en vivo, bajo el calor de los focos y con los altavoces a un volumen que ninguna comunidad de vecinos permitiría en tu casa.

Llevamos tantos años acudiendo a conciertos que los damos por sentados, como si la música en vivo fuese algo tan evidente como el alumbrado de las calles o el agua corriente. Y, ahora que un virus ha venido para recordárnoslo, no podemos volver a ignorar que, además del artista y su público, estos eventos que dan color a nuestra existencia se mantienen en pie gracias a cientos de profesionales entre bastidores. Cuando la pandemia pase, seguirá habiendo conciertos, pero muchas de estas personas que dedican su vida a esto habrán caído en el camino, arruinadas por unos meses fatales en una industria sólo boyante para quienes están en la cúspide.

Cartel #SomosMúsica, reivindicando la importancia y fragilidad de todo el sector

En España, donde el circuito de salas parece abundante pero el grueso del pastel se los llevan los macroeventos de dos o tres grandes empresas, los pequeños promotores son quizá el mayor grupo de riesgo, los más expuestos al azote económico que ya empieza a hacer estragos. Conciertos cancelados o pospuestos, giras que ya no se celebrarán y una incertidumbre que no deja demasiado margen para la planificación son los elementos con los que estos promotores tienen que lidiar.

Un efecto dominó que aún no ha derribado su última ficha

Para hablar de esta situación extremadamente delicada contacté con algunos de ellos, que sólo pusieron facilidades para sacar adelante este texto que estás leyendo. José Luis Carnes, promotor desde la madrileña The Mad Note Co., reconoce que, aunque este momento esté siendo desastroso, “de alguna manera, estaba preparado para ello”. Una vez la preocupación de las bandas internacionales empezó a extenderse, a la par que el cierre de fronteras en China y los primeros muertos en Italia, “algo hizo ‘clic’ y fui plenamente consciente de que iba a pasarnos factura a todos

Diego González, de la gallega Lestrato Rock Conciertos, habla de un “efecto dominó”, que empezó con las primeras medidas del gobierno y acabó en la cascada de cancelaciones ya conocida. “Y lo peor”, añade, “es que no sabemos cuándo será el final de tanta cancelación”. A pesar de la incertidumbre, en Lestrato “seguimos trabajando para después del verano”, aunque concede que “está haciendo muy complicado debido a esa incertidumbre. No podemos quedarnos parados y esperar a ver como evoluciona todo esto ya que las fechas en las salas vuelan, y si esperas un par de meses, luego te encontrarás que no tienes fechas disponibles en las salas ni con los promotores con que solemos trabajar”.

Montar los conciertos, a los que luego nos pensamos acudir por diez o quince euros, son un rompecabezas de muchas piezas, y la incertidumbre imperante afecta a cada una de ellas. Si los promotores no saben por dónde tirar, es también porque, como explica González, las salas tampoco conocen su futuro próximo.Algunas salas nos han trasladado que seguramente tengan que cerrar debido al parón, y otras que, si se restringe todo en un futuro próximo, también tendrán que cerrar al no poder hacer frente a los gastos que supone el funcionamiento de este tipo de establecimientos”.

Una de las giras anunciadas ya por Dwaves Events para septiembre

A Javier Nogueiras, de Dwaves Events, esta debacle comercial le ha afectado por partida doble, puesto que a las cancelaciones de conciertos se le ha sumado un despido fulminante en el trabajo que le daba un sueldo para vivir. Sin embargo, su optimismo no parece verse resentido, y afirma sentirse “anímicamente muy fuerte, con muchas ganas de desarrollar y hacer crecer la agencia. Es un buen momento para dedicarle tiempo a su desarrollo y ampliar horizontes”.

Nogueiras, que lleva cinco años de actividad, es una de las numerosas compañías que no puede permitirse un año sin ingresos. Y es que, aunque para el consumidor final pueda tratarse de unos meses sin conciertos, para promotores como él supone toda una temporada sin actividad. Por eso, y “partiendo de la base de que una gira se empieza a preparar con unos seis meses de antelación y que esperamos que en septiembre podamos retomar la actividad”, dice, “estamos trabajando en ellas con normalidad, reubicando giras según la disponibilidad de los grupos y pasando otras a 2021”. Una actitud que, lejos de arriesgada, considera necesaria.

Trabajamos juntos, caemos juntos

Si hay algo positivo que la actual situación haya mostrado al mundo, es que la pandemia no discrimina y que, para bien y para mal, en el negocio de la música en vivo todo el mundo tiene que estar en el mismo barco (y remar en la misma dirección). La cascada de cancelaciones de estas últimas semanas ha sido en la mayoría de los casos consensuada, y la buena fe de las partes ha sido la nota dominante. “Al final es consensuado por fuerza mayor, cuando ya se empieza a ver que es imposible sacarlo adelante por las propias restricciones primero de aforos, después de desplazamiento, de falta de venta de entradas por la incertidumbre, hasta llegar al cierre total”, explica el fundador de The Mad Note Co.

Los problemas llegaron a su oficina ya antes de que las cosas se pusieran realmente feas en nuestro país. “Cuando sucedió lo de Italia tenía varios artistas que iban o venían de allí, y ya se sufría el caos. ¿Podrán salir? ¿Podrán entrar? Así que era un día a día de ver cómo se iban desarrollando los acontecimientos”. Semanas de incógnitas angustiosas para las bandas, que iban viendo cómo las cuentas no cuadraban y tenían que acabar cancelando. Diego González lo explica en unas pocas líneas:

Cuando una banda, pequeña o mediana, tiene 10 fechas cerradas, normalmente suelen ajustar su caché para que sea rentable para todas las partes, por lo que muchas vienen con los gastos justos o incluso perdiendo algo de dinero y esperando recuperarlo luego con la venta de CDs/LPs y merchandising. Si en una gira de este tipo se caen dos fechas, la cosa ya se vuelve muy difícil para las bandas, ya que las pérdidas de ingresos suponen perder dinero al final de la gira, y claro, eso es algo que muchas bandas no pueden soportar, al ser bandas con un presupuesto justo y que no dispone de recursos económicos suficientes como para soportar pérdidas en este tipo de giras”.

Una de las muchas giras que Lestrato Rock Conciertos ha tenido que aplazar

Los británicos Doomsday Outlaw, por ejemplo, se encontraban en España de gira cuando todo se fue a pique. Desde Dwaves Events lo vivieron de primera mano: “a los pobres les pilló todo esto en gira, solo pudieron hacer el primer concierto en Bilbao, al día siguiente se trasladaron a Barcelona, pero ya impusieron el límite de aforo en las salas y decidimos que no tenía sentido continuar… se volvieron a casa rápidamente antes de que se cerraran las fronteras”. A pesar del batacazo, Nogueiras coincide con sus compañeros de profesión en el consenso que ha habido entre todas las partes, que “entendieron que en este momento excepcional había que posponer las giras.

Al igual que Doomsday Outlaw, otras muchas bandas han visto su trabajo echado por tierra, con las pérdidas que ello conlleva. Tal y como José Luis Carnes aclara, “cada banda es un mundo”, y las que más sufren son las bandas pequeñas, “que tienen poco o ningún colchón económico para hacer frente a los gastos. Pierden reservas, aviones, alquiler de material, merchandising al que no dan salida”. Javier Nogueiras enumera, a ojo, los gastos que intervienen en una gira cualquiera, los engranajes que se mueven para el concierto de hora y media al que quizá no asistas: el desplazamiento de la banda, eventuales vuelos para quienes no tengan transporte propio, el alquiler de equipo, instrumentos, alquiler de furgoneta, alojamiento, alimentación, promoción, publicidad y honorarios de la agencia. 

¿Cómo se traduce esto en términos económicos para los promotores? “Perdemos meses de trabajo, de planificación de gira, inversiones promocionales de publicidad, envíos, impresiones de cartelería, entradas, etc. Eso es a fondo perdido”. En estos casos, anticiparse en la cancelación amortigua algo el golpe, que hace que algunos costes puedan ser recuperados. En las giras inminentes o que ya estaban en marcha, sin embargo, las pérdidas pueden llegar al 60 o 70% del total. Gastos irrecuperables, según Diego González, para quien la única esperanza es “que estas giras se puedan mover en el tiempo y poder realizarlas en el futuro, para que la promoción pagada y empleada en las mismas nos sirva de apoyo para las futuras fechas que se van a realizar

Es un tremendo batacazo económico que, como siempre, no afectará a todos por igual. “Las grandes con grandes presupuestos sobrevivirán, pero todo el mundo quedará tocado”, aseguran desde The Mad Note Co.. “Sin duda será la puntilla para muchos, cambiarán muchas cosas, sobre todo a nivel presupuestos y planificación, probablemente a nivel de seguros, etc. Los artistas necesitarán seguir girando para vivir, mientras podamos recibirles en unas condiciones dignas, trataremos de seguir adelante. Los grandes festivales veremos: si se recortan presupuestos en patrocinios y demás, pueden resentirse”.

¿Vuelta a la normalidad?

Es imposible predecir cuándo se parará la ola que está arrasando con la música en vivo. Aunque la situación particular de nuestro país mejore en el próximo par de meses, las bandas se mueven en un circuito internacional en el que, ahora mismo, es demasiado arriesgado operar. Algunos conciertos ya han sido reprogramados para septiembre, pero José Luis Carnes no niega el riesgo. “Seguramente, yendo como vamos a nivel de casos por delante de otros países, para entonces todavía haya problemas de desplazamientos para poder llevar adelante las giras, a nivel de vuelos y fronteras, trabas en las infraestructuras, y aquí seguramente restricciones de aforo que hagan inviable la celebración de conciertos. Y luego está la venta de entradas, que lógicamente y dada la incertidumbre, está totalmente congelada, y veremos cuando comienza a despertar”.

Cartel para una de las giras de The Mad Note Co. programadas en otoño

En Lestrato ya están sufriendo la incertidumbre y, aunque se trabaje con la mira puesta en otoño, está siendo más complicado de lo que pueda pensarse: “si antes ya era duro poder cerrar una gira de una banda pequeña o mediana, ahora mismo se está convirtiendo en toda una odisea”. Lo que en Dwaves Events tienen claro es que “no podemos pararnos en seco y dejar todo en el aire esperando a ver qué pasa”. Porque, si bien es cierto que nadie sabe hasta cuándo durará la incertidumbre, no es menos cierto que todo el mundo ansía el momento de volver a las salas de conciertos.

Para hacer menos dura esta espera y sus consecuencias económicas, algunas compañías han empezado a presentar distintas iniciativas para que el público muestre su apoyo a la vez que compra un producto con perspectivas de ser disfrutado a medio plazo. Las campañas para no pedir las devoluciones de entradas, o las “tarjetas regalo” para disfrutar conciertos de una promotora en concreto han proliferado en algunos países europeos. Propuestas interesantes que, sin embargo, vuelven a poner una enorme responsabilidad sobre promotores pequeños y medianos, que se ven obligados de encontrar formas de persuadir a un público a menudo difícil de atraer.

El público, la última incógnita por resolver

Por mucho que reivindiquemos la importancia de la cultura, ésta sigue en realidad muy abajo en el orden de prioridades de la mayoría. José Luis Carnes recuerda que, al igual que pasó en la crisis del 2008 y los años que le siguieron, «lo primero que se quitan muchos cuando no hay presupuesto es la cultura«.

Por fortuna para compañías como Dwaves, Mad Note y Lestrato, que se han ganado una base sólida de seguidores a base de trabajo duro y mimado durante años, es probable que puedan mantener la fidelidad de su público incluso en tiempos inciertos. José Luis Carnes recuerda que en The Mad Note Co. siempre han “ajustado al máximo el precio de nuestras entradas, tratando de dar facilidades económicas para adquirir los tickets sin grandes desembolsos, ser justos en importes atractivos que fomenten el no ir a un único concierto sino poderse permitir adquirir varias entradas”.

En ese sentido, sigue, “casi en cada temporada ponemos en marcha abonos de varios eventos, ya que como nuestra línea artística es bastante homogénea, el público puede fácilmente tener interés por varios eventos del mismo perfil, sobre todo si coinciden en fechas cercanas, o montando ciclos como hicimos con el Pasaporte American”. Por eso, seguir igual que siempre es la mejor garantía para que las cosas funcionen. “Notamos que tenemos un público muy fiel, con el que tenemos un contacto estrecho o directo, y estamos seguros que dentro de sus posibilidades económicas, seguirán ahí cuando podamos volver”.

Quizá el meollo de la cuestión está en esas posibilidades económicas de las que habla Carnes. Javier Nogueiras subraya que “la cultura ya estaba muy tocada” antes de esta crisis, y que “la caída de público en los conciertos viene de tiempo atrás”. En un sentido similar, aunque algo más irritado, se expresa Diego González, que está seguro de que veremos “las terrazas de los bares llenos y los parques repletos de gente de botellón, que de la cultura podemos pasar, pero el postureo y las copas, que no falten”.

Una opinión cruda y cierta, reflejada en los datos de asistencia a macrofestivales y eventos de estadio y su feo contraste con las salas de conciertos medio vacías. Una situación delicada para quienes se juegan casi todo en cada concierto. Desde Lestrato tienen claro que la única salida hacia adelante es la de continuar haciendo lo que mejor saben hacer, aunque, añade, “lo que ya no tenemos tan claro es que podamos seguir trayendo (al menos durante un tiempo) a algunas bandas que teníamos pensadas, ya que los costes no serían asumibles y tampoco sabríamos si disponemos de suficientes salas y promotores con las que poder llevarlas a cabo”.

José Luis Carnes tiene claro que The Mad Note Co. seguirá en la brecha. “Si las necesidades de presupuestos no cambian demasiado y la crisis que se nos viene encima no trastoca mucho las posibilidades del público, desde luego lo intentaremos«. Y termina diciendo que «estamos acostumbrados a luchar. Cuando comencé en esto en plena resaca de la anterior crisis económica, la gente me preguntaba si estaba loco”.

Esa es la bendición y la maldición de las pasiones: te dan la vida, pero también pueden llevarte a la miseria. Lo que una gran parte del público aún no entiende es que, igual que sin músicos no hay música, sin promotores como éstos y muchos otros, que buscan la calidad y la credibilidad por encima de la rentabilidad desorbitada de las grandes multinacionales, tampoco la habrá. El riesgo que corremos es que el circuito de música en vivo se limite a un par de festivales de verano y dos o tres conciertos de dinosaurios en estadios, como apunta la tendencia. Incluso ahora, en cuarentena, la pelota está en nuestro tejado.

Julen Figueras
Apasionado de la música, de la política, y todo lo que las atraviesa. Aunque el rock pueda con todo, disfruto tanto con el soul como con el blues, con el metal como con el pop. Abogado del diablo. Defensor de pleitos pobres. Todavía empeñado en encontrar esperanza en el rock y en la palabra como armas para la subversión.
Si no quema, no es arte.

También escribe sobre música y feminismo para Pikara Magazine.
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2 comentarios en “«Meses de trabajo perdido», promotores musicales enfrentan un año de incertidumbre y pérdidas

  1. Hola Julen, super interesante a la vez que doloroso artículo.
    Me gustaría comentar un poco la última reflexión que haces:
    «El riesgo que corremos es que el circuito de música en vivo se limite a un par de festivales de verano»
    Pienso que el riesgo real es que después de este parón, las salas y promotores pequeños y medianos se queden fuera de juego y sólo sobrevivan los festivales grandes, con marcas y patrocinios ojalá que me equivoque ¿es un enfoque demasiado pesimista? ¿que opinas de esto?
    Comentas «un par de festivales de verano» si solo fueran un par…

    Saludos y gracias por el trabajo

    1. Hola Endika, gracias por tus palabras. El riesgo de que la oferta musical se «mcdonalice» creo que es, como dices, real, y lo llevará a cabo -al menos en gran parte- Live Nation. Sobre ellos ya escribí en este texto: https://www.palabraderock.com/2019/11/28/live-nation-monopolio-historia/
      Cuando escribí «un par» lo hice pensando en lo que el espectador medio verá anualmente, no por la cantidad de festivales que habrá. Aun así, no soy tan pesimista, y creo que siempre va a haber gente que busque esos nombres menos conocidos (como las bandas que llevan los promotores del artículo), y por tanto habrá mayor mercado (igual que todavía hay gente que escucha rock, blues, country o jazz, sin que ninguno de estos géneros sea dominante ya). Claro que cuanto más arrinconado esté el género mayores serán los riesgos de lanzarse a estas empresas. Por eso hago hincapié en la necesidad de actuar y consumir de forma un poco más consciente. Pero ya sabemos que lo correcto casi nunca es cómodo…Un saludo y gracias una vez más.

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