De 2010 a 2019, una década en 40 discos

Terminada la década del 2010, el equipo de Palabra de Rock hace balance en forma de cuarenta discos que, de una forma u otra, han definido la música rock en estos años. Hay en la lista álbumes de blues que consiguieron dar una vuelta de tuerca al sonido clásico y renovarlo para generaciones venideras, bandas que han marcado nuevas tendencias, y algunas bandas consagradas que, cuando parecía que no tenían nada que demostrar, alcanzaron nuevas cotas de calidad en su propia discografía. Porque una década es imposible resumirla en unas líneas, ésta no es más que una lista parcial y subjetiva, reflejo tanto de la década como de las personas que han participado en ella.

Graveyard – Hisingen blues (2011)

De las diversas derivas que tomó el revival rockero durante las dos últimas décadas, el exponente definitivo de la parte más blues y psicodélica es, probablemente, Hisingen blues. El segundo disco de Graveyard provocó tal revuelo que su éxito le sigue pesando a la banda. No serán los últimos en dejar el listón tan alto para sí mismos: aquí están las mejores canciones que han grabado jamás envueltas en el sonido más orgánico de toda esa hornada “retro” y una portada que resume una época y una forma de vida. Sus clásicos acelerados “Hisingen blues” o “Ain’t fit to live here” y sus excelentes baladas “The siren” e “Uncomfortably numb” están a la altura de las grandes obras del pasado. A tenor de cómo se celebran hoy en sus conciertos, también marcaron la memoria de tantos jóvenes que lamentaban no haber vivido los setenta. 

Warren Haynes – Man in motion (2011)

El guitarrista de los Allman Brothers y fundador de Gov’t Mule derrama un recipiente de sudor sobre el clasicismo del alma sureña y el rock intensificado por una guitarra climática, hasta crear un sonido que es más exorbitante que la suma de todas las partes. Haynes también es admirador de la música soul y el blues. Y sus interpretaciones crudas de voz ronca muestran un tributo a ambos estilos. Si la Mula te genera pesadez, Man in motion te aligerará la digestión con los más cálidos ambientes musicales de la década.

Nick Cave & The Bad Seeds – Push the sky away (2013)

La trilogía que Nick Cave & The Bad Seeds acaba de concluir con Ghosteen empezó con una de las obras maestras en su discografía. Abundante en teclados, ritmos calmados y atmósferas neblinosas, Push the sky away encontraba su equilibrio imposible y presentaba algunas canciones que terminarían por ser obligatorias en el repertorio. En lo estrictamente musical, apenas quedan vestigios del Cave agresivo de sus primeros discos, pero la cadencia febril y las letras soterradamente violentas siguen siendo inconfundibles. Imperdonable olvidarnos de “Jubilee Street”, “We know who U R” y, sobre todo, “Higgs Boson Blues”, una pieza de ocho minutos que define y corona la segunda década de este siglo.

Mike Oldfield – Return to Ommadawn (2017)

A quien dijera que segundas partes nunca fueron buenas, yo le enseñaría este disco. Perfectamente producido por el propio Oldfield desde su isla, las guitarras suenan como nunca. Un disco al estilo canción por cara, cada parte de unos 20 minutos que se hacen cortos. A la primera escucha, hay algunas partes que quedan un poco forzadas; a partir de la segunda, todo empieza a cobrar sentido. La cara B absorbe e incorpora en su parte final un eco de “On horseback”, el tercer tema -de duración más reducida- del primer Ommadawn. El disco no se puede encontrar en iTunes ni en Spotify, solo un pequeño avance de 4 minutos por cada cara. Lo mejor para disfrutar del disco es comprarlo en físico, ¡es un discazo que se reafirma en cada nota!

Rival Sons – Great western valkyrie (2014)

Es difícil, muy difícil, que Rival Sons vuelvan a componer y ejecutar de manera tan primitiva, directa y salvaje un álbum de rock como éste. A cada vuelta que se le da a Great western valkyrie perdura la sensación de que la banda peló los temas hasta el güito: riffs rotundos, solos de guitarra brevísimos, letras sencillas -la auténtica vuelta a los orígenes del rock-, una base rítmica que fluye como el agua y un vocalista fuera de serie haciendo locuras. Los temas son tan dinámicos y redondos que más de la mitad servirían de single. Es el ejemplo definitivo de revisión y mejora: si resucitas un género, si no escondes tus influencias, tienes que estar al nivel; no hace falta romper los moldes porque, con canciones como estas, es posible sentar las bases de un revival. 

The Temperance Movement – The Temperance Movement (2013)

Si existe una formación que en esta década haya sido capaz de coger el sonido de los 70 y transformarlo en algo relevante, ésta tiene nombre y apellido: The Temperance Movement. El rock cargado de blues de calidad es su tarjeta de presentación, con alguna que otra influencia del sur de EE.UU. Son inevitables las comparaciones con The Black Crowes, por aquello de la arrogancia y el alma de su sonido, además de una misma actitud. Razones de sobra para que este disco debut lograra dar en el blanco del estilo y ser la plataforma de lanzamiento sólida para consolidarse en esta jungla de adversidad, influyendo a otras formaciones emergentes.

Foxy Shazam – Foxy Shazam (2010)

El homónimo de Foxy Shazam llegó en mitad de su carrera y dejó el listón tan alto que nunca llegaron a recuperarse. Once canciones que sonaban como un greatest hits al que ni los mejores Queen habrían hecho ascos, y una banda que por aquel entonces no parecía tener techo. Aunque sigamos encontrando ocasionales destellos de genialidad semejante, se echan de menos la originalidad, la audacia y el gancho comercial de Eric Nally y su banda. “Oh Lord” o “Unstoppable” figuran entre las composiciones más alocadas y fantásticas del rock pomposo en estos años. A pesar de sus logros artísticos, Foxy Shazam se quedarán como una de las promesas incumplidas de la década.

Artic Monkeys – Tranquility Base Hotel & Casino (2018)

El esperado retorno de los Monkeys nos dejó a todos del revés. Nadie se lo esperaba, lo cual es bueno. Chapó para la banda. Este disco se llevó por delante a todos los fanboys nacidos de AM, el anterior y más comercial lanzamiento de la carrera de la banda. Este disco es un cambio de paradigma total en su discografía. Se les nota la madurez: ya no son esos chicos de Sheffield que querían devolverle la gloria al rock. Han avanzado a pasos de gigante intelectualmente y lo demuestran con uno de los mejores discos de su carrera y de la década, sin lugar a dudas. Tranquility Base Hotel & Casino es sinónimo de elegancia y vanguardia.

Exquirla – Para quienes aún viven (2017)

La fusión del post rock de una banda en plena emergencia con el talento y el atrevimiento de un cantaor vanguardista que no se casa con nadie. Una alineación de planetas que se da de cuando en cuando. Por regla general, recelamos de las superbandas y proyectos del estilo hasta que una obra superior y única nos recuerda que en terreno creativo puede ocurrir cualquier cosa. La voz colosal del Niño junto a su elección de los textos para las canciones es lo mejor que le pudo ocurrir a los temas instrumentales de Toundra. El poder del mensaje crece exponencialmente según se suceden unos temas que remueven las entrañas, que te llevan de la mano a través de la destrucción y la miseria como forma de reclamar justicia. 

King King – Reaching for the light (2015)

Un álbum paradigma de la elegancia en esta década, que atraerá tanto al público de rock clásico como a una audiencia más amplia. Reaching for the light revela a una formación que ha evolucionado y ampliado sus composiciones para incorporar elementos de rock, funk, blues y soul, y darle forma a una personalidad propia. Así, su música se ha convertido en el corazón del blues del siglo XXI, y no es de extrañar que a la banda se la tilde de portadora de la antorcha dejada por guitarristas como Clapton y lideren la labor de mostrar al mundo el renovado blues eléctrico.

Audrey Horne – Youngblood (2013)

El quinteto noruego llevaba algunos años probando sonidos modernos y su primer asalto a la década de los setenta y ochenta se probó acertado y de alguna forma inevitable. No era un terreno virgen precisamente, pero Audrey Horne encontraron el sonido característico que aún hoy los acompaña. Y lo hicieron con un álbum que aún no han superado. El cóctel de influencias con sabor a Rainbow, Thin Lizzy y Iron Maiden funcionó bien en lo artístico aunque no hizo despegar a una banda que sigue por debajo del radar de las masas. Ésas se pierden en Youngblood uno de los discos que mejor ha actualizado el hard rock en esta década.

Jack White – Blunderbuss (2012)

Es difícil decidirse si Blunderbuss es mejor que su continuación, Lazaretto, ya que los dos discos se parecen en muchos aspectos y están a un nivel parecido. Lo que decanta la balanza a favor del primero es, en cierta medida, los éxitos de éste. Canciones como “I’m shaking” o “Freedom at 21” marcan la diferencia. El disco, debut en solitario de White, nos marca una nueva tendencia y estética totalmente diferentes a las de los White Stipes. Esta vez, con una tonalidad fría y azulada que va desde la portada hasta las letras. Se nota una madurez en la composición y un sudor en la producción mucho más avanzada que cuando tocaba con Meg White. En Blunderbuss, Jack se acerca al rap y al beat-box desde un punto de vista gótico. La intención, marcar un antes y un después en su carrera y crear del tirón uno de los mejores discos de la década. La guitarra acústica y el piano empiezan a dominar en ciertas canciones, por no hablar de los arreglos de voces que adornarían en adelante sus discos. Todo eso sin dejar de electrizarnos con sus míticos riffs de guitarra y su tradicional caña de siempre.

Ruen Brothers – All my shades of blue (2018)

Este álbum prueba que se puede sonar clásico -clásico a lo 50’s-, moderno, original, excesivo y comercial. Rick Rubin, perro viejo, lo vio claro: esas canciones tenían potencial. Añadiendo unas campanitas a lo E Street Band por allí o coros femeninos por allá a los temas compuestos con finura y grabados con mimo, el resultado es una delicia protagonizada por una voz que aúna lo mejor de Roy Orbison y Chris Isaak. Bailable y tarareable. Música de bar y salón a la vez. Pese a las múltiples y reconocibles influencias, el conjunto es fresco como una buena noche de verano. 

Belako – Render me numb, trivial violence (2018)

No conocía a la banda antes de escuchar este disco. Cuando lo escuché, algo en mí se rompió un poquito. Un disco excelente que junta lo mejor de un buen riff de guitarra y su distorsión con una excelente producción de toques electrónicos. Es de los discos mejor producidos que he escuchado en esta década. Impacta mucho la portada, que debe de esconder algún mensaje oculto o simbolismo que incita a escuchar el disco para darle respuestas. Nadie te comenta que, cuando acabas de escucharlo, lo último que te interesa es la cubierta del álbum. Las canciones encajan y fluyen perfectamente, entre las que destacan “Lungs” y “Render me numb”, ¡toda una experiencia!

Brother Hawk – The clear lake (2018)

Brother Hawk es un terremoto musical en los valles donde se cruzan el southern y el americana, que no deja intacto nada al alcance de su onda sísmica. Son también un lago en cuyo remanso sumergirse para salir de él con espíritu renovado. Un torbellino de sentimientos a los que la banda, con sus solos infinitos, sus colchones de teclados avasalladores y sus in crescendo enfermizos, te lleva en volandas. Tras un debut demasiado bueno para ser cierto (que no figura entre lo mejor de la década por ser levemente inferior a su continuación), con The clear lake la banda de Atlanta subió la apuesta y se postuló como la única capaz de tomar el testigo del mejor Neil Young y los mejores Lynyrd Skynyrd. Se puede vivir y morir sin conocer la música de Brother Hawk, pero no es posible escucharla y no ser afectado por ella.

Chris Stapleton – Traveller (2015)

El disco debut de Stapleton fue nominado al mejor álbum del año en los Premios Grammy entregados en 2016. Bendecido con una voz grave que penetra en los territorios abonados por Bob Seger o Gregg Allman, el registro de Chris reflota lo mejor del sureño de los años setenta y lo trae a esta década. Pero, a pesar de utilizar herramientas antiguas pertenecientes a una tradición arraigada del país, nada suena con moho. Y ha creado una variedad de canciones conmovedoras que se sienten tan modernas como si fueran la innovación musical del mañana. Él ha conseguido que un estilo de raíces, destinado a mantenerse con decadencia en la América profunda, se importe al exterior de forma masificada.

Black Mountain – IV (2016)

La culminación artística de Black Mountain, una banda que vive en su propio mundo y compone siguiendo sus propias reglas, llegó con IV, el disco que bebía de toda su experiencia anterior. El resultado es una mezcla de psicodelia, krautrock y músculo eléctrico conducida por dos voces, una masculina y una femenina, a lo largo de subidas y bajadas que, sin mayor problema, conectan con la sensibilidad del oyente. La ideal mezcla de diversos elementos conocidos, unida a la maestría de unos músicos cohesionados y con mucha experiencia sobre los escenarios, dio lugar a una joya que vive al margen de géneros, tendencias y corrientes. 

Europe – War of kings (2015)

Puede que sean la experiencia, los años, la convicción de estar haciendo lo correcto, o la libertad creativa que te dan unas cuentas saneadas. Sea como sea, Europe arrancó la década sumando piezas a su gran obra, apostando cada vez a números más arriesgados, y alcanzó el culmen en 2015. War of Kings reúne el mundo de melodías de los Europe comerciales con una densidad y dramatismo desconocidos hasta el momento para la banda, e inspirados quizá por la labor del productor de oro de esta década, Dave Cobb. A pesar de la oscuridad que ronda a la música, el resultado brilla más que ningún otro en la discografía de los suecos. Probablemente su obra maestra. 

U2 –  Songs Of Innocence (2014)

El famoso disco que tomó todos los móviles de Apple. Se lanzó a la venta gratuitamente, a lo Radiohead. Todo el mundo con un iPhone tendria directamente el disco en su librería. Un favor para las dos partes. ¿El motivo? Los U2 creían que este era uno de sus mejores discos y no querían que pasara desapercibido por el público. Y lo consiguieron al coste de muchas críticas tanto, contra ellos como contra gigante tecnológico. Puede que ésta sea una de las razones por las que Songs of innocence está en esta lista: por el impacto que tuvo en la sociedad a mediados de década. Una vez superada la efervescencia, el disco es una maravilla. Ya desde el primer tema dedicado a Joey Ramone, con unas guitarras punk, se nota que estamos ante un gran disco. Destacan “Song for someone” o “Every breaking wave”. El disco era en sí la primera parte de una especie de saga, seguido más adelante de Songs of experience. Sin embargo, éste no estaba a la altura de Innocence, que habla de los inicios de la banda y de la infancia, esa etapa en la que predomina la inocencia. Y es que, tal y como los propios U2 desvelaron para la Rolling Stone, la portada (en la que el batería Larry Mullen Jr abraza a su hijo) mostraba perfectamente el carácter íntimo y personal de los temas del disco.

Kenny Wayne Shepherd Band – How i go (2011)

La dilatada carrera de Kenny Wayne roza el techo con How i go, donde el joven guitarrista está preparado para ser el centro de atención. Si bien el blues rock siempre se siente más auténtico en una mecedora del porche de cualquier humilde casa del sur de los EE.UU., no hay nada negativo en expandir su espíritu. Y Kenny, con su guitarra, refresca un estilo esclavo de su pureza, forjando con convicción su propia criatura musical.

Idles – Joy as an act of resistance (2018)

Una canción de amor descarnada; un canto a la humanidad por encima de fronteras y colores; una arrepentida mirada a un pasado que huele a masculinidad tóxica; la celebración de que a uno lo llamen escoria. Estos temas, entre otros, son tratados en este disonante y agresivo álbum que ha marcado a una generación, una puesta al día del punk, repleto de guitarras desdobladas y estructuras anticomerciales que, al contrario de lo esperado, ha sido todo un éxito. En las antípodas de lo técnico, retando al oyente en cada canción con elementos que van de lo indie a lo industrial, y más reflexivo que destructivo, Joy as an act of resistance va tan en contra de todo que ha terminado por encandilar a la mayoría. 

Arraigo – Nosotrosacayahora (2017)

Moverse en el territorio del rock supone moverse por calles conocidas, por caminos que apenas dejan lugar para las sorpresas. Escuchar a Arraigo, en cambio, es como cambiar de barrio, de ciudad y de país: sumergirte en otras gentes y culturas, en una lengua que aunque es la tuya apenas consigues reconocer, y volver del viaje siendo una persona distinta. Para quienes no se resistan a etiquetas, Nosotrosacayahora es metal (folklórico, fusión, decolonial) tan cerebral como entretenido, tan global como porteño. Un maremágnum sónico que se deja impregnar por las mil culturas de América Latina y para cerrarle las venas encontrando un camino hacia adelante. Un click en tu cabeza. Nosotrosacayahora celebra la vida buena, y anima a pensar y actuar sin por ello dejar de bailar. Imprescindible.

Love Of Lesbian – El Poeta Halley (2016)

Puede que este sea el mejor disco de rock en español jamás concebido. Perdonad mi fanatismo, pero este disco es, en todos sus aspectos, perfecto. Una portada que es sólo el principio de una estética que acompaña a los singles y las letras. Es un disco conceptual en sí mismo, de los que ya no se ven muchos hoy en día. Un disco largo que se hace corto, en el que todas las canciones están perfectamente ordenadas. Cada tema es un caramelo, piezas que cualquier otra banda blandería como su buque insignia. La gira que a acompañó a El Poeta Halley fue impresionante, y vino acompañada de El gran truco final, la grabación del disco en directo. Destaca ‘El Poeta Halley’ y toda su trama de apariciones y menciones esparcidas por todo el álbum. Joan Manuel Serrat ayudó a completar la canción final homónima en la que narra un poema maravilloso para cerrar el disco de la mejor manera posible.

Clutch – Earth rocker (2013)

Que estalle la popularidad de un grupo más de veinte años tras su formación es, cuando menos, inesperado. Este hecho, en parte, convierte a Earth rocker en uno de los discos más destacados de la década. Ello y, por descontado, la indudable calidad de su contenido. Es, a día de hoy, el disco definitivo de Clutch. Aquí aunaron todas sus señas de identidad -una poderosa voz inclasificable, ritmos entre el metal, el rock desértico y el funk y la actualización de los riffs de Tony Iommi- en un puñado de canciones sin fisuras. Además, entre tanto músculo, asomaban algunos nuevos clásicos a destacar entre un extensísimo repertorio. Una obra que los llevó a escalar posiciones en festivales y agotar entradas en salas de todo el mundo. Hoy sigue volando cabezas a primera escucha. 

Beth Hart – Fire on the floor (2016)

Con una carrera profesional fragmentada en la que Beth Hart ha sido una vampiresa desinhibida, una intérprete de duetos de versiones americanas, una rockera maleducada y una cantante/compositora profunda, Fire on the floor es su disco definitivo en el puzle. Y por qué no decirlo: este lanzamiento es el blues contemporáneo en su mejor momento, lleno de los valores tradicionales de la vieja escuela y cantado por una de las grandes vocalistas de este siglo, si no la mejor.

Howlin Rain – The Russian wilds (2012)

El espíritu volátil de Ethan Miller, multidisciplinar artista de mal asiento, hace que, con la perspectiva de algunos años, The Russian wilds se vea como un feliz accidente. Capaz de lo mejor y de lo no tan bueno, Howlin Rain prescindieron en 2012 de todo lo desechable y reunieron once canciones (incluyendo una versión de James Gang) ancladas en los setenta pero con una producción y aura que aspira a la atemporalidad. Resulta inexplicable que canciones como “Strange thunder” hayan caído en el olvido, y que el nombre de Howlin Rain no resulte familiar más que a algunos cientos de personas. Quizá falten tiempo y olvido para recuperar una obra del peso de The Russian wilds.

Noel Gallagher’s High Flying Birds – High Flying Birds (2011)

Este disco fue la contundente respuesta de Noel Gallagher a la incógnita tras la separación de Oasis en 2009: ¿qué hará Noel ahora? Lanzado en 2011, demostró que no necesita a su hermano Liam como frontman y que puede apañárselas solito, como era de esperar. Tras éste han venido dos discos más, cada uno más rompedor que el anterior, pero ninguno parece estar a la altura de los temas de su debut. Con una versión del gran hit de The Smiths, “There is a light that never goes out”, en el repertorio, High Flying Birds es pegadizo y un salto respecto a los casi decadentes últimos discos de la gran banda de los noventa. Destacan todas las canciones, y su capacidad compositiva es seriamente envidiable. Creando una sólida marca ya desde su primer paso en solitario, el ‘Chief’ nos deja claro que aquí manda él.

The Night Flight Orchestra – Internal affairs (2012)

Internal affairs, o lo que es lo mismo: cuando músicos de sonido extremos son capaces de aunar su talento de espíritu clásico, e inventar una máquina del tiempo. Las canciones tienen estilo y una actitud libre de preocupaciones. Son como una conmemoración festiva de un día discotequero de los años 70. Como una lista de reproducción de radio FM de cuando era un niño. Cuando no se temen las influencias del pop radio y se hace con una soltura tan irónica, es imposible no imbuirse de su espíritu fresco. Y esto solo fue el primer capítulo de un viaje alrededor de una década.

Elder – Lore (2015)

Entre el stoner, la psicodelia y el sludge, hay un lugar en el que este trío se encuentra tan a gusto que se dedica a parir canciones de más de diez minutos que, a su vez, encierran otras canciones de los géneros más diversos. Envueltas en una distorsión que esconde la voz y destaca un machaque continuo de platillos, las extensas piezas nunca dejan de sonar diversas. Por lo loable de su atrevimiento, el vigor en la ejecución y la aparente facilidad con la que pasan de un ritmo y tono a otro mientras tú te dedicas a pestañear, Lore, un apabullante fruto de la inspiración, es el disco con el que me quedo de todo el submundo cavernoso del rock que, a lo largo de la década, ha dado muchas alegrías. 

The Small Jackets – IV (2013)

Luego desaparecieron. IV llegó de la nada -tras tres álbumes desconocidos para el público español y, probablemente, anglosajón-, renovó la fe de algunos incrédulos, demostró que era posible hacer rock and roll que sonara fresco y familiar sin resultar referencial…y hasta hoy no hemos vuelto a saber nada de The Small Jackets. Nos dejaron rompecuellos como “Trouble blues” y “Mamma said”, un regusto al mejor Rory Gallagher y Ted Nugent, y la esperanza de que teníamos nueva banda a la que aferrarnos. Hay quizá miles de grupos como ellos, pero ese algo indescriptible de los italianos sigue encontrándose con la periodicidad con la que se encuentran metales preciosos en una mina ya saqueada. 

Swanee River – Smoking jacket (2011)

La energía infecciosa de Smoking jacket, el disco debut de los irlandeses Swanee River, surge de las altas dosis de rock and roll basado en el blues de la vieja escuela. Sus riffs guitarreros nos explotan en la mano desde el primer momento al último. Es emocionante observar que algunas formaciones se incorporan a un estilo en el que creen firmemente y perfeccionan cualquier logro del pasado.

Red Hot Chili Peppers – The getaway (2016)

Puede que Monarchy of roses no convenciera a muchos después de la marcha de John Frusciante del grupo pese a ser un buen disco, pero sí lo hizo The getaway, el que fuera la consolidación (hasta ahora) de Josh Klinghoffer como nuevo guitarrista. Con una producción diferente a todo lo que sacaron hasta la fecha los Chili Peppers, éste se nota más moderno y más maduro. Sin salir de su esencia, los temas son perfectamente compactos y eficaces, con un gran apoderamiento de Flea, cuyas líneas de bajo impecables suben de volumen y lideran el disco. Esto no quita ningún protagonismo a las perfectas melodías de guitarra de Josh. Hay interesantísimas teorías que relacionan los animales de la portada con los componentes de la banda, ¿quién será el zorro que va delante? Los californianos marcaron el 2016 con este gran disco, que es de lo mejor que han sacado nunca.

Royal Thunder – Crooked doors (2015)

Todos recordamos alguna canción que nos toca hondo, nos duele, nos desordena los recuerdos del fondo del cajón y que, cuando termina, nos hace sentir liberados. Canciones a las que echamos mano cada vez menos a menudo por miedo a agotar su efecto. Crooked doors es como una de esas canciones, con la diferencia de que es un disco completo. La voz de Mlny Parsonz es tan imposible como la capacidad conjunta del grupo para mantener al oyente estremecido de principio a fin. Desde el inicial “I’m looking for a time machine / But I cannot go back” es difícil no dejarse llevar, precisamente, al pasado, pues las canciones son tan intensas, oscuras y vívidas que hacen aflorar todos los sentimientos que el tiempo no hace más que sepultar. Inimitable. 

Asia – Omega (2010)

La feliz reunión de los Asia clásicos ya había abandonado la primera década del siglo con un disco de altura, Phoenix, y con Omega la racha continuó hasta no dejar margen de mejora tras de sí. Tan perfecto como el rock melódico con tintes progresivos puede llegar a ser, el undécimo álbum de los británicos contaba con cinco músicos en su cúspide creativa y técnica, una producción moderna pero cristalina, y algunos nuevos clásicos como “Holy War” y “Finger on the trigger”. Cuando el polvo se haya disipado y miremos atrás, Omega será un clásico a la altura de su debut.

Tedeschi Trucks Band – Made up mind (2013)

Tedeschi Trucks Band es el resultado que se obtiene cuando mezclas un dúo de marido y mujer con el talento de otros nueve músicos. A pesar de contar con dos baterías, una sección de trompeta y voces de acompañamiento, nada suena caótico ni desmesurado. Toda la instrumentación se desliza compacta, allanando el camino a la audaz voz de Susan Tedeschi. Combinando sensibilidades de múltiples estilos como blues, folk, gospel y soul, Made up mind contiene once convincentes canciones que muestran la más alta musicalidad, y es su ambición instrumental la que convierte el disco entre los grandes de la década.

Metallica – Hardwired To Self-destruct (2016)

Me costó cogerle el tranquillo al disco, pero cuando lo hice flipé mucho. ¡Que maravilla! Se nota que se rompen la cabeza componiendo durante los largos años que nos hacen esperar. Más de una hora de música separada en dos discos. Para mí el bueno es el disco 1 (y cuando digo bueno quiero decir de lo mejor que han sacado en muchos años). Los conciertos de la larguísima gira, a la altura de Metallica, una salvajada digna de asistir sin dudas. En los vídeos de la propia banda que corren por internet, se les puede ver ensayando y preparando el álbum: poder ser espectadores de ese proceso creativo es un privilegio que nos conceden y que habría sido impensable hace pocos años. “Atlas, rise!” y “Moth into flame’” son para mí lo mejor del disco, piel de gallina. Es necesario destacar su impecable producción y la divertida portada que recuerda al The miracle de Queen en versión metal.

Ryan Adams – Ryan Adams (2014)

El estadounidense, habitualmente asociado al americana, siempre ha sido un culo inquieto. A veces, sus experimentos -hacer lo que le da la gana- se quedan a medio camino; otras, toca el cielo. Cuando decidió mezclar las melodías enraizadas en su tierra con el sonido de los ochenta -ecos infinitos y estribillos pop- parió un álbum de once canciones compacto como una esfera, repleto de melodías vocales memorables y, a pesar de su contenida producción, detalles. Entre guiños a Springsteen y poderosos acordes de guitarra eléctrica, Adams pasea, como es habitual en sus obras, entre luces y sombras sentimentales, sonando aquí más incisivo, menos íntimo y más épico. Un antes y un después en su carrera y, por consiguiente, en un género en pleno auge.

Accept – Blood of the nations (2010)

Es difícil reconocer que algunas de nuestras bandas de cabecera atiborraban sus discos más famosos con relleno dispensable, pero la perspectiva que dan los años y los nuevos lanzamientos nos enfrentan a la realidad. En contraste con los grandes discos con Udo al frente, el reboot de Accept junto a Mike Tornillo presentaba una docena de canciones a las que no les sobraba ni faltaba nada. Con una receta conocida pero ingredientes frescos y una producción actualizada, mostraron el camino musical que los alemanes habrían de seguir en los siguientes años (y que sólo ahora da señales de agotamiento). Blood of the nations insufló vida a una carrera en horas bajas, y nos dejó algunos de los mejores temas de la banda. “Teutonic terror”, “Beat the bastards” o la canción que titula el álbum son las nuevas “Fast as a shark” o “Balls to the wall” de esta década.

Muse – Drones (2015)

Quiero empezar por destacar la portada, porque Muse me ponen a tope con su estética y simbolismos. Con sólo una imagen nos dan a entender tantas cosas, y puede que los más importante, nos incitan a pensar. Drones contiene algunos de los mejores temas de su carrera, y que se van directos a sus greatest hits sin problemas. Parece mentira que el disco fuera publicado en 2015, pues suenan igual de jóvenes y frescos que en el Origin of symmetry, completamente admirable. ¿A quién no le fascinan Muse? Que escuchen “Physco”, con ese gran riff de guitarra; o “Mercy”, con trazas de pop en la melodía a piano que se desvanece al entrar toda la banda. Escuchad este disco, no hace falta decir nada más. Sin duda uno de los mejores discos de la década.

Virgil & The Accelerators – The radium (2011)

The radium es un disco de supremacía ilimitada, de creatividad desmadrada y de riffs electrizantes. Y cuando ya crees que el avión a reacción va a aterrizar, Virgil quiebra la sinopsis con “Silver giver”, un blues instrumental lento y fresco que alienta el éxtasis perfecto para un álbum explosivo. La formación suena como si hubiera esperado toda su vida para este momento. Sin lugar a dudas, es el álbum debut más espectacular de una banda joven en toda la década.


Palabra de Rock
Palabra de Rock surge para poner sal en la herida que la música nos abre cada día. El rock es nuestra pasión, y una pasión requiere de compromiso.
Queremos un medio que no se conforme con hacer la vista gorda ante las miserias y grandezas del rock, sino que les hinque el diente, que las explote, que las aborde con seriedad y promueva el debate. Escribir sobre rock es también hacer rock, y el rock, como todo arte, no puede permitirse ser inofensivo.

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